Opinión

10 de mayo de 2020 11:26

El Rey Peste

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Edgar Allan Poe se caracteriza por su pluma lúgubre y macabra. El Rey Peste es un relato fantástico del escritor norteamericano que con excelente humor narra una noche de terror, tomando el tema de las epidemias, en este caso la Peste. Más allá del relato y la trama particular del cuento, en estos momentos de cuarentena, algunos episodios, cuadros truculentos y personajes descritos, me remitieron al contexto del país que reflejo en esta parodia.

Empecemos por los personajes. Por la descripción que hace Poe de los personajes de su narración concluí que nosotros tenemos nuestro Rey Peste y su séquito. Nuestro Rey Peste es un hombre rudo, que no conoce otra forma de relacionarse con el pueblo que no sea la violencia y la amenaza. Su política es vigilar y castigar. Junto a éste, en el reino, no podía faltar la Reina Peste. Ella dictó mediante decreto, la cuarentena obligatoria para el pueblo en su conjunto. Fue el Rey Peste el que estuvo presto a hacer cumplir a rajatabla aquella ordenanza, pues aquel que transgrediera la medida sanitaria, sería penalizado con diez años de cárcel. El decomiso de vehículos y las altas multas, fueron otras medidas de criminalización que se dictaron junto a la privación de libertad. Quien pretendiese osar buscar alimento de manera urgente, primero tendría que detenerse a pensar pues ante la onerosa multa, era preferible aguantar el hambre.  

El Rey Peste tenía su séquito, uno de ellos, el archiduque Pes tífero, quien se hacía cargo de uno de los subreinos principales y mediante un proyecto edil, ni bien iniciada la cuarentena, mandó a orar y ayunar. Al pie de la letra el mencionado proyecto sostenía “El único que puede ayudarnos y librarnos de esta pandemia es Dios, ya que queda claro que la ciencia del hombre es insuficiente”, cuando a leguas se constataba que lo insuficiente eran los tests que se realizaban en el reino.

La Reina Peste era muy creyente, lo demostró desde que asumió su reinado, ella del mismo modo que el archiduque, llamó a la oración y al ayuno. Hizo caso omiso de la laicidad del reino y aunque los vasallos y el pueblo son también en su mayoría creyentes, el error fue que las iniciativas religiosas partieran de la primera autoridad de palacio. Al ayuno se sumaron las bendiciones desde los cielos, y no faltó quien metiera en medio al Tata Santiago, Dios del Rayo. Los vuelos que asperjaron varios subreinos costaron mucho dinero que salió de las arcas del reino y que lastimosamente no fueron invertidos en pruebas contra la Peste. 

No podía faltar en la nobleza, el duque Tem pestad, quien siguiendo las actitudes y hábitos de su linaje, utilizó los bienes del reino, con fines de trasladar a una doncella a una fiesta en la casa de la Reina Peste, una conducta muy asidua también del anterior Monarca. Finalmente entre los personajes, se encontraba la archiduquesa Stephy Pesta, que se mandó un concurso de pobreza, haciendo morbo de la misma. Nada más siniestro, perverso y craso. Mostrar a quien del pueblo se esté muriendo de hambre o por alguna afección de salud en el contexto de la Peste. Aquel que estuviese en la peor situación, la archiduquesa, le haría ganador de su caridad con nada menos que 300 monedas, no sin antes que el elegido le diera un like a tan “bella persona”.

En cuanto al contexto de la Peste en el reino, las ciudades en la cuarentena permanecieron en gran parte despobladas, aunque existieron  lugares donde el demonio de la plaga no hizo eco, y son aún el dolor de cabeza del Rey Peste. Con el justificativo de que no existen otros recursos, el miedo, el terror y la superstición cundieron en el reino.

Para colmo, se debe acotar que el reino no terminaba de salir de un conflicto político, cuando llegó la Peste. Pandemia y Política fueron la peor combinación. No faltaron súbditos afines al anterior Monarca defenestrado, que creyeron y difundieron la idea de que la Peste era un invento del Rey y la Reina, en tal sentido, había que transgredir la cuarentena, interceptaron ambulancias, atacaron al personal médico y piden a gritos –o a petardazos- elecciones para que retorne el anterior Monarca y cumpla sus designios.

Y así es como en el reino se halla la situación en tiempos de Peste. La pulseta por la corona entre el Rey Peste y el Monarca defenestrado, demuestra que a ambos les interesa un bledo la vida de los habitantes. Su ambición solo “acrecenta la prosperidad de ese soberano extraterreno cuyo nombre es Muerte” (EAP).

Gabriela Canedo es socióloga y antropóloga

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