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Opinión

Líder mundial y mensajero de la paz

17 de Junio, 2026
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León XIV acaba de visitar España, reino en el cual –entre varias otras actividades- pronunció un discurso en el Congreso de los Diputados, que da cuenta de sus profundas convicciones y del estandarte que porta para su pontificado.

‎A lo largo de 25 minutos, aproximadamente, abordó temas cruciales para el momento que vive la humanidad: la técnica, la economía, la biomedicina y el universo digital, donde el poder humano alcanza ámbitos cada vez más delicados de la vida personal y social. Reiteró lo afirmado en su primera encíclica “la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”.

‎Se refirió a la dignidad de la persona que lleva, en primer lugar, a la defensa de la vida y precede a toda concesión del Estado, no pudiendo -por tanto- quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento. La defensa de la vida, como un absoluto, se opone a la cultura del descarte que pretende dejar “en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás”. Afirmó enfáticamente que “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización”.

‎Relievó, una vez más, la importancia de la familia “realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad”, en la cual nace la vocación por el bien común que es, “en cierto modo, la forma social de la dignidad humana”. 

‎En el discurso no pasó desapercibida la importancia de las instituciones educativas y el derecho “primario e inalienable” de los padres a “elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas”. Tampoco dejó de lado el drama de la emigración que sufren millones de personas, que va más allá de cuestiones demográficas o económicas y que hace que muchas de ellas sigan siendo presas de traficantes y contrabandistas que se aprovechan de su desesperación.

‎Destacó la importancia de la paz: “El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca”. Dijo que la paz es una aspiración política y una verdadera exigencia moral, que reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia. Expresó su preocupación por el rearme que se está produciendo en Europa. 

‎Sobre el tema de la libertad en general, y de la religiosa en particular, señaló: “Sin confundir el plano jurídico con el moral, conviene recordar también que la libertad necesita una comprensión plena de sí misma. Ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elección; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente. Por eso, toda sociedad efectivamente libre requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente restringida”. Por ello, dijo, la legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso.

‎Al inicio de su discurso evocó al Quijote, a santa Teresa de Ávila, a los teólogos juristas españoles (jesuitas, dominicos y franciscanos) de la Universidad de Salamanca, institución que dio pie al dicho atribuido a Miguel de Unamuno “Quod natura non dat, Salmantica non præstat”, que significa que la inteligencia, la bondad, el discernimiento y otras cualidades no se obtienen en ninguna universidad sino que vienen dados por la naturaleza. 

Aquellos teólogos (Vitoria, Vázquez, de Soto, de Molina de Mariana, Suárez) y los Novohispanos (de Montesinos, de la Veracruz, de Quiroga, de las Casas), asumieron la defensa de los indios durante los siglos XVI XVII, dando lustre a lo que se llamó “El siglo de oro de España”.  

‎¡Cuánta diferencia de León XIV con otros pretendidos líderes mundiales o nacionales!

‎Nada que ver con genocidas como Trump o Netanyahu. Con dictadores como Putin, Lukaschenko, Ortega, Díez Canel, Bukele y otros. Distinto también a energúmenos como Evo Morales (acaba de amenazar al subcomandante de la Noven División, recordándole que “tiene familia”) o Javier Milei.

‎Leonardo Boff, en su último artículo afirmó que León XIV es el único que se opone directamente a los “anticristos” que están llevando a la humanidad hacia un precipicio. “Se transformó, sin quererlo, pero impulsado por la dramática situación del mundo actual, en portavoz de la humanidad, del compromiso con la solidaridad y con la fraternidad universal”, escribió.

‎León XIV es, sin duda, un auténtico líder mundial y un mensajero de la paz.

El autor es abogado