Iniciamos un nuevo ciclo político en el país, luego de las elecciones generales realizadas en octubre pasado y de la segunda vuelta electoral que tuvo como ganador al binomio Paz-Lara, candidatos del Partido Demócrata Cristiano (PDC). Este inicio quiere marcar diferencia respecto de lo que significó el conducido por el Movimiento al Socialismo (MAS), principalmente en los temas que llevaron a una crisis multidimensional, con fuerte componente económico y de desintitucionalización, y que tardará varios años en mostrar signos de reconstitución, siempre y cuando se vayan tomando decisiones adecuadas y que desde ya implicarán grandes ajustes.
En el acto de posesión de los nuevos mandatarios, Presidente y Vicepresidente, los discursos de ambos han despertado -el líneas generales- ilusión, esperanza y confianza, en buena parte de la población. Edman Lara, nuevo vicepresidente, fue claro al hablar de inclusión de todos los sectores y organizaciones para apuntalar el Estado, pero advirtiendo también que habrá que hacer esfuerzos conjuntos; resaltó también una clara línea de lucha contra la corrupción y que todos hemos de vestir el uniforme de Bolivia, más que de las particularidades propias.
Por su parte Rodrigo Paz, 68° presidente de Bolivia, en su discurso habló de los aspectos institucionales y económicos de corto y mediano plazo a atender, apelando varias veces al concepto de Patria como enclave desde el cual busca gobernar y señalando reiteradamente que Bolivia debe estar abierta al mundo y el mundo a Bolivia.
Casi al concluir su discurso repitió muchas veces la palabra Bolivia y ahí es donde este editorial quiere centrar su atención.
Bolivia somos todos y todas, y esa debe ser una máxima sin exclusiones, fortaleciendo cada vez más la inclusión de la diversidad que nos compone y que no debe ser entendida nunca como amenaza a la unidad.
Si seguimos queriendo construir un país donde solo algunos cuentan, tienen oportunidades y voz, aportan y reciben beneficios no avanzaremos en nada en este nuevo ciclo. Las crisis permiten evidenciar las grietas abiertas que hay que atender y por ello es urgente comenzar un proceso de auténtica reconciliación, porque querer insistir en los particularismos (sin que haya que negarlos o esconderlos como se hizo en el pasado), por encima de lo común y del bien común, nos lanzará a un nuevo abismo de crisis, desencuentro, polarización y absurdas confrontaciones. Urge apuntalar lo que nos une en común y no lo que cada quien quiere imponer por capricho e interés particular, con afán de anular al otro.
Las diferencias bien asumidas y en clave de reconciliación permiten abrir horizontes de sentido común que plenifican y en las que todos deben aprender a ceder algo y ganar algo.
Al discurso habrá que acompañarlo con acciones concretas que sean su correlato y ahí se podrá evaluar si el apoyo que recibieron los mandatarios y legisladores se corresponde con el anhelo y voluntad del pueblo que los eligió. En los primeros meses se deberá dar respuesta cierta a la esperanza de cambios. Junto a ello deberá acompañar la lucidez y sabiduría tanto a autoridades como a ciudadanos para no exigir lo imposible, y saber diferenciar lo que es meramente coyuntural de lo que es estructural y de largo plazo.
Para lograr aquello, el actual gobierno deberá dar signos y tomar decisiones que muestren claramente las respuestas de acción inmediata que atiendan a las grandes carencias de la población (combustibles, dólares, control en el alza de precios, oportunidades de trabajo formal) y plantear las medidas de carácter estructural a emprender en los próximos meses. Pero nunca deberá renunciar a tener el oído atento a las voces que con sano sentido crítico le adviertan sobre pasos en falso, errores o malos planteamientos.
El impulso inicial de este nuevo gobierno, que goza de un importante apoyo de la ciudadanía -aunque evidentemente no a los niveles que alcanzó el MAS en sus primeras gestiones-, no debe perder que su punto de partida y llegada es Bolivia, somos los bolivianos y bolivianas, a los que debe servir, tal como expresó el presidente Paz, y no caer en el abuso del poder por el poder. Traicionar esa confianza pasaría una enorme factura al gobierno recién constituido y otra aún peor al país.
Bolivia, Bolivia, Bolivia necesita hoy, con urgencia, acciones en bien de la mayoría y para lograrlo todas y todos debemos ofrecer lo mejor de nosotros y nosotras, pensando siempre que primero son quienes tienen mayor necesidad.