La Paz, 22 de abril de 2026 (ANF).- El economista Fernando Romero afirmó que el Presupuesto General del Estado (PGE) Reformulado refleja un intento de corrección de los desequilibrios económicos del país, aunque advirtió que no soluciona los problemas estructurales de fondo, como el alto déficit fiscal y la dependencia de la deuda.
Según el análisis de Romero, el nuevo presupuesto reconoce un desfase de Bs 24.000 millones en la anterior planificación, lo que evidencia una fuerte brecha entre ingresos y gastos públicos. En ese contexto, el PGE reformulado alcanza aproximadamente Bs 390.000 millones e incorpora un ajuste moderado mediante recortes en gasto corriente.
Romero señaló que, si bien existe una intención de reducir el déficit fiscal a un 9% del Producto Interno Bruto (PIB), este nivel sigue siendo elevado.
“El problema estructural sigue siendo la falta de ingresos genuinos”, advierte el economista, al indicar que el presupuesto anterior llegó a depender hasta en un 40% de financiamiento vía deuda.
Entre los aspectos positivos, el análisis destaca la reducción del déficit respecto a la proyección inicial, el mantenimiento de la inversión social —superior a Bs 5.000 millones— y los recortes en gastos considerados innecesarios, lo que apunta a una mayor eficiencia del gasto público.
Sin embargo, también identifica debilidades importantes. El déficit fiscal se mantiene en torno al 9 %, lo que implica mayor presión sobre la deuda o la emisión monetaria. Además, persiste una estructura rígida del gasto, donde cerca del 64% corresponde a gasto corriente, limitando el impacto productivo del presupuesto.
Respecto a las metas macroeconómicas, Romero considera que son “parcialmente realistas, pero optimistas en conjunto”.
El PGE proyecta una caída económica de -1,28% y una inflación cercana al 14,9% en 2026, aunque organismos internacionales prevén un escenario más adverso, con una contracción de hasta -3%.
“El mayor problema está en la consistencia interna: reducir déficit, bajar inflación y reactivar crecimiento al mismo tiempo es extremadamente difícil”, señala el análisis, en un contexto marcado por la escasez de divisas, la caída de ingresos por hidrocarburos y la presión de los subsidios.
El economista también subraya que el PGE 2026 es más realista que el de 2025, que proyectaba crecimiento y baja inflación que no se cumplieron. Sin embargo, aclara que este nuevo presupuesto es más un instrumento de contención que de reactivación económica.
Asimismo, advierte que la sostenibilidad del PGE dependerá de reformas estructurales, como la reducción de subsidios, el acceso a financiamiento externo y la generación de divisas. Además, identifica riesgos como el bloqueo político, la falta de credibilidad en las proyecciones y la posible conflictividad social.
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