La Paz, 20 de junio de 2026 (ANF).- El presidente Rodrigo Paz Pereira en su discurso hizo un repaso a las consecuencias económicas, sociales y humanas provocadas por los 50 días de protesta y bloqueo de carreteras, una medida de presión que todavía persiste a la cabeza de la Federación de Campesinos Tupac Katari y por miembros de Evo Pueblo que exigen la renuncia del mandatario.
Identificó que existe una estrategia de desestabilización, "Tenemos que estar claros y no dudaré que desde el Chapare se ha convertido el bloqueo, la confrontación y el daño económico en herramientas de acción política.
Se refirió a las pérdidas millonarias que causaron el paro indefinido y el bloqueo de las carreteras del país, los esfuerzos por el diálogo que no se concretaron porque dijo que el objetivo era la desestabilización del orden democrático.
La Oficina Presidencial facilitó el discurso que dio lectura el mandatario cuando aprobó y firmó el decreto supremo de declaratoria del Estado de excepción.
DISCURSO DEL PRESIDENTE A TIEMPO DE PRESENTAR EL ESTADO DE EXCEPCIÓN
BOLIVIANAS Y BOLIVIANOS,
Hoy me dirijo a ustedes en uno de los momentos más difíciles que ha vivido nuestro país en los últimos años.
Han sido más de cincuenta días de incertidumbre, de angustia y de sufrimiento para millones de familias bolivianas.
Cincuenta días en los que productores no pudieron sacar sus cosechas, transportistas no pudieron trabajar, comerciantes vieron caer sus ventas, trabajadores perdieron ingresos y familias enteras tuvieron dificultades para acceder a alimentos, medicamentos, combustible y servicios esenciales, niños sin poder ir al colegio y enfermos sin poder ir a hospitales.
Han sido cincuenta días que han dejado profundas heridas en nuestra economía, en nuestra convivencia nacional, ¡en la familia boliviana!
Y lo más doloroso de todo: han sido cincuenta días en los que hemos perdido vidas de compatriotas bolivianos.
A esas familias que hoy lloran a sus seres queridos quiero expresarles, en nombre del Gobierno y del pueblo boliviano, nuestra solidaridad, nuestro respeto y nuestro compromiso para que ninguna diferencia política vuelva a costar una sola vida boliviana.
Frente a esta situación, muchos ciudadanos se preguntan por qué el Gobierno no tomó medidas extraordinarias desde el primer día. Es una pregunta legítima.
Y por eso quiero responderla con absoluta sinceridad.
Desde el inicio de esta crisis, con pocos meses de Gobierno, sabíamos que existía un profundo malestar en muchos sectores del país.
Sabíamos que había comunidades olvidadas durante años, productores que necesitaban apoyo. Campesinos, transportistas, gremiales, juntas vecinales y organizaciones sociales con demandas reales, históricas y legítimas.
Y también sabíamos algo más alarmante. Que detrás de muchas de esas movilizaciones comenzaba a operar desde el chapare, con recursos ilícitos, una infiltración política organizada del pasado.
Una infiltración de grupos y estructuras que no buscaban resolver problemas ni atender demandas sociales, sino iniciar un proceso de desestabilización contra un gobierno elegido democráticamente por el pueblo boliviano.
Durante semanas observamos cómo reclamos legítimos eran utilizados por dirigentes y operadores políticos que buscaban transformar una protesta social en una estrategia permanente de confrontación y de ruptura democrática constitucional.
Mientras miles de bolivianos reclamaban soluciones, otros intentaban utilizar ese legítimo malestar para construir las condiciones de una ruptura del orden democrático.
Por eso tomamos una decisión.
La decisión más difícil.
La decisión de dialogar antes de confrontar.
La decisión de buscar acuerdos antes de recurrir a medidas excepcionales.
Porque si hubiéramos actuado desde el primer día utilizando mecanismos de fuerza extraordinarios del Estado, le hubiéramos hecho un enorme favor los infiltrados del narcoterrorismo.
Habríamos tratado igual a quienes tenían reclamos legítimos y a quienes se escondían detrás de ellos para impulsar una agenda de confrontación entre bolivianos.
Y yo no estaba dispuesto a cometer el mismo error del pasado.
No estaba dispuesto a responder con fuerza a ciudadanos que tenían derecho a ser escuchados legítimamente.
Por eso abrimos mesas de diálogo.
Por eso convocamos a todos los sectores.
Por eso escuchamos durante semanas demandas que durante años nadie quiso escuchar.
Durante cincuenta días no dejamos de dialogar un solo día.
Y hoy puedo decirles que ese esfuerzo valió la pena.
Porque el diálogo dio resultados.
Hemos alcanzado acuerdos importantes con la inmensa mayoría de los sectores que tenían demandas legítimas.
Seguimos trabajando con la Central Obrera Boliviana y con múltiples organizaciones sociales en una agenda de desarrollo, empleo, producción y visión de país.
Hemos construido una hoja de ruta para resolver problemas históricos que durante demasiado tiempo fueron ignorados, tenemos mas de 8.900 proyectos para vivir iniciar o entregar.
Y gracias a ese trabajo ocurrió algo muy importante, los sectores que tenían reclamos genuinos comenzaron a retirarse de los bloqueos.
Los sectores que querían soluciones aceptaron el diálogo.
Los sectores que querían respuestas encontraron puertas abiertas.
Pero mientras eso ocurría, también quedó expuesta una realidad que hoy todos los bolivianos pueden ver con claridad.
Muchos que permanecieron bloqueando ya no eran aquellos ciudadanos que reclamaban soluciones.
Algunos que permanecieron bloqueando no estaban interesados en acuerdos.
No estaban interesados en resolver problemas.
No estaban interesados en el bienestar de la población.
Porque mientras el diálogo avanzaba, ellos respondían con más violencia contra la gente e instituciones.
Mientras los acuerdos se firmaban, ellos endurecían los bloqueos.
Mientras el país buscaba soluciones, ellos buscaban más confrontación.
Y entonces quedó claro lo que muchos sospechaban desde el principio.
Que detrás de estas acciones existen estructuras políticas organizadas que han decidido utilizar el sufrimiento de los bolivianos como instrumento de poder. Ya sea para desestabilizar nuestra democracia o sacar ventajas políticas miserables.
Tenemos que estar claros y no dudaré que desde el Chapare se ha convertido el bloqueo, la confrontación y el daño económico en herramientas de acción política.
Es una estructura que no acepta la voluntad popular expresada en las urnas.
Una estructura que no acepta que Bolivia avance por un camino distinto.
Lo que hoy enfrenta Bolivia ya no es una protesta social.
Ya no es una movilización reivindicativa.
Ya no es un conflicto entre sectores y gobierno.
Lo que hoy enfrenta Bolivia es una estrategia organizada de desestabilización contra la democracia y un gobierno constituido.
Y debemos llamarla por su nombre.
Un intento de golpe de estado desde el narcoterrorismo, contra un gobierno democráticamente elegido.
Un intento de imponer por la fuerza lo que no pudieron conseguir mediante el voto.
Este intento de desestabilización ha causado dolor, muerte y sufrimiento.
Ha paralizado actividades productivas enteras.
Ha puesto en riesgo el abastecimiento de nuestras ciudades.
Ha generado pérdidas económicas incalculables.
Ha dejado a más de 250.000 trabajadores en Bolivia pero especialmente en La Paz y El Alto sin la posibilidad de desarrollar normalmente sus actividades económicas, afectando a miles de familias bolivianas.
Ninguna causa política puede justificar semejante daño contra su propio pueblo.
Ninguna ambición personal puede justificar que se impida el paso de alimentos, combustible, oxígeno o medicamentos.
Ninguna aspiración personal de poder puede justificar que se condene al sufrimiento a millones de ciudadanos.
Y cuando un gobierno comprueba que quienes tenían demandas legítimas ya han encontrado un camino de solución, pero que grupos organizados continúan utilizando la violencia para paralizar al país, tiene una obligación.
No es una opción.
Es una obligación, de proteger a la población, de defender la democracia, de defender la Constitución.
La obligación de garantizar que ningún grupo minoritario pueda someter a toda una nación.
La obligación de cooperar entre bolivianos.
Durante más de cincuenta días Bolivia demostró paciencia, prudencia y voluntad de diálogo.
Buscamos la paz hasta el último momento.
Porque siempre he creído que la fortaleza de un gobernante no se mide por la rapidez con la que utiliza la fuerza.
Se mide por su capacidad para evitarla.
Pero también llega un momento en que no actuar deja de ser prudencia y se convierte en irresponsabilidad.
Y ese momento ha llegado.
Por eso, luego de haber agotado todas las instancias de diálogo, de haber alcanzado acuerdos con quienes tenían demandas legítimas y de haber identificado con claridad a quienes utilizan la violencia para intentar desestabilizar Bolivia. He tomado la decisión de declarar el Estado de Excepción en todo el territorio nacional.
Y quiero que los bolivianos comprendan algo fundamental.
Este no es un Estado de Excepción para restringir la vida de la gente.
Es exactamente lo contrario.
Es un Estado de Excepción para devolverle la libertad a la gente.
Para liberar a Bolivia de quienes utilizan el conflicto político para bloquear carreteras y hacerle daño a la población.
Para garantizar que lleguen alimentos a nuestras familias
que llegue combustible a nuestras ciudades.
que llegue oxígeno a nuestros hospitales.
que nuestros niños vuelvan a clases.
que nuestros trabajadores vuelvan a sus fuentes de empleo.
Para garantizar que nuestros productores vuelvan a producir y sus productos puedan llegar a mercados.
Este Estado de Excepción no se decreta para proteger al Presidente o al gobierno.
Se decreta para proteger a la democracia, la vida y a Bolivia.
Se decreta para proteger el derecho que nos da la constitución a cada boliviano de VIVIR BIEN.
He instruido a la Policía Boliviana y a las Fuerzas Armadas a ejecutar las acciones necesarias para restablecer el libre tránsito, recuperar las carreteras y garantizar la seguridad de la población.
A quienes todavía mantienen bloqueos les digo con claridad:
Aún están a tiempo de desistir voluntariamente.
Si tienen demandas legítimas, las puertas del diálogo seguirán abiertas, como lo estuvieron desde el primer día.
Pero quienes persistan en bloquear, destruir, agredir, intimidar o desafiar el orden constitucional deberán asumir las consecuencias legales de sus actos.
A los violentos se les aplicará todo el rigor de la ley y toda la fuerza legítima que la Constitución y la democracia otorgan al Estado para proteger a sus ciudadanos.
Y quiero pedirle al pueblo boliviano que acompañe y respalde el trabajo de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestra Policía Nacional en la recuperación de las carreteras, en la protección de la población y en el restablecimiento de la normalidad.
Lo hacemos por la producción, por la salud, por la educación, por el empleo, por la producción.
Lo hacemos por Bolivia y todas las familias bolivianas.
Pero Bolivia no puede quedarse solamente en la superación de esta crisis.
Por eso hoy anuncio dos decisiones complementarias.
La primera es la creación de una Comisión Especial para las provincias del departamento de La Paz, históricamente olvidadas y maltratadas, que tendrá la misión de transformar los acuerdos alcanzados en soluciones concretas para nuestra gente.
Las puertas del diálogo seguirán abiertas para todas las comunidades que quieran construir soluciones y desarrollo.
La segunda es la convocatoria a un Gran Acuerdo Nacional con líderes políticos, gobernadores, alcaldes, universidades, sectores productivos, trabajadores y organizaciones sociales que quieren sacar la patria adelante.
Tomaremos como base los avances logrados en el encuentro nacional del 9 de mayo para construir una agenda compartida para los próximos cuatro años y medio, que se junte con el plan de gobierno que estamos desarrollando para un nuevo futuro.
Necesitamos recuperar la confianza entre bolivianos.
Necesitamos concentrarnos en el desarrollo, el empleo, la producción, la educación y el futuro.
La lección más importante que nos dejan estos cincuenta días es que Bolivia debe aprender a verse a sí misma como una sola Patria.
Si algo tenemos que entender después de esta crisis es que debemos estar en un aprendizaje permanente de reconciliación entre bolivianos.
Estos cincuenta días nos han hecho comprender mejor las necesidades de cada región, de cada sector y de cada boliviano.
Nos han recordado algo fundamental:
No hay Oriente sin Occidente.
Y no hay Occidente sin Oriente.
No existe una Bolivia que pueda desarrollarse sola mientras otra Bolivia queda atrás.
No se trata de qué región es más fuerte.
No se trata de quién produce más.
No se trata de quién tiene más recursos o más población.
La historia nos enseña que los pueblos más fuertes no son necesariamente los más grandes ni los más poderosos.
Los pueblos que sobreviven y prosperan son aquellos que tienen la capacidad de adaptarse a los cambios, aprender de equivocaciones y construir acuerdos para enfrentar el futuro.
Bolivia está viviendo uno de esos momentos.
Estamos dejando atrás un ciclo de más de veinte años de régimen y vieja política
Estamos cerrando una etapa de confrontación permanente, de divisiones artificiales y de enfrentamientos entre bolivianos.
Debemos tener la madurez de adaptarnos a este nuevo tiempo.
Un tiempo donde el diálogo sea más fuerte que el bloqueo.
La producción sea más fuerte que el conflicto.
El desarrollo sea más importante que la pelea política.
El futuro sea más importante que el pasado.
Porque Bolivia no puede seguir atrapada en el conflicto permanente.
No podemos ser como los bueyes amarrados al yugo, mirando siempre hacia atrás mientras otros pueblos construyen su futuro.
Ha llegado el momento de mirar hacia adelante.
El momento de liberar nuestras capacidades.
El momento de recuperar la esperanza.
El momento de construir una Bolivia unida, fuerte, democrática y próspera.
Hoy terminamos este ciclo.
Hoy comienza una nueva etapa para Bolivia.
Una etapa de paz, etapa de trabajo, de desarrollo.
Una etapa de unidad nacional.
Porque Bolivia merece vivir en paz.
Bolivia merece crecer.
Bolivia merece avanzar.
Ningún grupo, por poderoso que se crea, estará jamás por encima de los derechos y la voluntad de todo un pueblo.
No seríamos nada sin La Patria.
No tenemos nada sin La Patria
Que Dios bendiga a Bolivia.
Muchas gracias.
/ANF/
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