La Paz, 20 de julio de 2025 (ANF).- A medida que se acercan las lecciones presidenciales, voces académicas y críticas alertan sobre los riesgos que representa una derecha boliviana “racista, autoritaria y sin proyecto nacional”. Así lo señalaron Raúl Prada Alcoreza, filósofo y sociólogo, y Eduardo Paz, también sociólogo y docente, en el programa radial Área Divergente.
Prada comenzó diferenciando las raíces históricas del fascismo y el nazismo, explicando que ambos tuvieron un carácter popular en su origen, con capacidad de convocatoria y un fuerte componente nacionalista. “El franquismo, en cambio, fue una dictadura de terratenientes y conservadores, sin una base popular real, salvo ciertos sectores medios tras la Guerra Civil Española”, sostuvo.
El investigador criticó el uso indiscriminado de términos como “fascismo” o “nazismo” en el debate político boliviano actual. Dijo que se han convertido en “etiquetas vacías, utilizadas de forma esquemática para descalificar toda expresión de derecha”, advirtiendo que esa simplificación obstaculiza un análisis riguroso del fenómeno político actual.
En ese marco, señaló que la derecha boliviana contemporánea carece de las características populares que marcaron a los movimientos fascistas del siglo XX. “Ni siquiera el falangismo boliviano tenía ese carácter: fue más bien una expresión de los sectores terratenientes vinculados al franquismo”, recordó.
Según Prada, lo que hoy regresa al escenario político nacional es una “segunda versión del neoliberalismo” que fracasó hace cuatro décadas. Sin embargo, lo hace sin la lucidez estratégica ni la capacidad de articulación que tuvo en su primera fase. “Vuelve con discursos menores y personajes menores”, aseveró.
En un país con mayoría indígena, dijo, es impensable que una derecha basada en el racismo pueda construir legitimidad social. “No tienen proyecto nacional, solo una nostalgia colonial”, sentenció.

En diálogo con las ideas de Prada, Eduardo Paz resaltó que para analizar el neofascismo es indispensable realizar dos deslindes fundamentales: el primero, entre los contextos del fascismo original europeo y las realidades políticas en países semicoloniales como Bolivia. “La falta de esta distinción ha llevado a errores históricos en la izquierda latinoamericana”, señaló.
El segundo deslinde es entre el fascismo del siglo XX y las nuevas formas de autoritarismo conservador del siglo XXI. Paz explicó que mientras el nazismo surgió en un contexto de tensión interimperialista, los gobiernos autoritarios latinoamericanos nacieron bajo el padrinazgo de Estados Unidos, la Doctrina de Seguridad Nacional y el Plan Cóndor.
En ese marco, alertó sobre una actual “ola neoconservadora” que recorre América Latina, caracterizada por su racismo, xenofobia y discurso anti indígena. Esta ola, dijo, es una reacción contra los procesos emancipadores del inicio del siglo XXI, que apostaban por la unidad continental y la soberanía regional.
Paz mencionó a líderes como Javier Milei, Jair Bolsonaro, José Antonio Kast y Dina Boluarte como expresiones de esa estrategia neocolonial. “Se trata de fichas operativas del imperialismo norteamericano para frenar cualquier proyecto autónomo en la región”, denunció.
Esta lógica —añadió— busca dividir América Latina, aumentar la presencia militar estadounidense y controlar el discurso a través de medios de comunicación funcionales al poder global.
Prada retomó el análisis para advertir que las expresiones actuales de la derecha no deben leerse aisladamente, sino en el marco de una ofensiva global basada en el supremacismo colonial. “El supremacismo no nació en el siglo XX, sino en la conquista de Abya Yala, cuando se justificó el exterminio con la idea de civilizar a los ‘bárbaros’”, argumentó.
En ese sentido, señaló que el sionismo radical actual —expresado en la ofensiva contra el pueblo palestino— representa una continuidad de ese supremacismo, llevado hoy a su forma más violenta. “Lo más grave es la naturalización del genocidio por parte de las potencias occidentales”, lamentó.

A nivel regional, advirtió que figuras como Milei operan como “fichas peligrosas del tablero imperial”, y que la derecha boliviana las imita sin comprender el contexto. “Usan camisas blancas como la Falange, gorras rojas como Trump, pero sin entender la lógica detrás. Solo copian”, criticó en referencia a Tuto Quiroga.
Prada denunció que incluso circulan discursos entre estos sectores —mileístas— donde se considera a Bolivia como “el próximo Afganistán”, insinuando la posibilidad de una intervención. “Eso muestra el nivel de desconexión con la realidad y la peligrosidad del proyecto”, alertó.
Por eso, insistió en que no basta con etiquetar como fascistas a los adversarios políticos. “Debemos entender sus mecanismos, su contexto y su función dentro del nuevo neocolonialismo”, concluyó.
Desde una óptica similar, Paz explicó que esta segunda generación del neocolonialismo busca mantener el control sobre los pueblos a través de la fragmentación, el miedo y la despolitización. “En Bolivia, eso se manifiesta en discursos que criminalizan lo indígena y lo popular”, dijo.
Señaló que muchos sectores medios y urbanos, históricamente despolitizados, son hoy el terreno fértil donde esta narrativa conservadora gana espacio. Apuntó que lo que preocupa es cómo se ha debilitado el pensamiento crítico y la memoria histórica.
Denunció el papel de los grandes medios de comunicación en la construcción de una opinión pública alineada con intereses externos.
Prada propuso que la única salida viable a la crisis multidimensional del capitalismo es la unidad de los pueblos. Planteó que las soluciones no pueden venir del mismo modelo que ha generado la destrucción ecológica y social.

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