La Paz, 28 de abril de 2026 (ANF).- La comunidad indígena Esse Ejja de Puerto Salinas, ubicada en el municipio de Reyes (Beni), enfrenta una situación crítica marcada por la contaminación ambiental, la precariedad sanitaria y el abandono institucional, según denunció su presidente, Nagil Gonzales.
El dirigente advirtió que la supervivencia de su pueblo está en riesgo ante la falta de respuestas estatales y el deterioro de sus condiciones de vida.
El principal problema identificado es la contaminación por mercurio derivada de la actividad minera en las cabeceras del río Beni, en la zona cercana a Rurrenabaque.
Gonzales explicó que la comunidad, compuesta por unas 86 personas, vive a pocos metros del río y depende directamente de sus aguas y de la pesca para subsistir, debido a la inexistencia de servicios de agua potable.
“Consumimos agua y peces que están sumamente contaminados”, señaló en declaraciones a ANF.
Las consecuencias, según el dirigente, son alarmantes. Aseguró que la exposición al mercurio está afectando especialmente a los niños, con casos de recién nacidos que presentan deficiencias físicas. Esta situación estaría vinculada al consumo de agua y pescado contaminado durante el embarazo.
Gonzales afirmó que existen estudios realizados en 2023 por instituciones como el Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB), cuyos análisis de sangre y cabello evidencian niveles elevados de contaminación en la población.
A este escenario se suma una profunda crisis sanitaria. El presidente comunitario denunció que niños y adultos mueren por enfermedades comunes como gripe, diarrea o infecciones, debido a la falta de medicamentos.
“No tenemos un puesto de salud real, solo una pequeña postita que funciona como depósito”, afirmó.
Cuando acuden al hospital de Reyes, añadió, se enfrentan a la ausencia de insumos o incluso a la entrega de medicamentos vencidos.
Gonzales también denunció discriminación y abandono por parte de las autoridades municipales. Aseguró que la comunidad no es tomada en cuenta en la planificación ni en la distribución de recursos.
“Nos han dicho directamente que no hay ayuda para los indígenas Esse Ejja”, relató.
Asimismo, afirmó que no recibieron asistencia durante emergencias recientes, como incendios forestales e inundaciones.
Las condiciones de vida reflejan esta situación de exclusión. La comunidad carece de electricidad y agua potable; para alumbrarse, las familias han adquirido pequeños paneles solares con recursos propios. Aunque cultivan productos como plátano, yuca, maíz y sandía, el mal estado de caminos y puentes les impide comercializarlos, limitando su economía al autoconsumo.
En el ámbito educativo, si bien cuentan con maestros, no disponen de infraestructura adecuada ni materiales básicos, muchos de los cuales se perdieron en inundaciones pasadas. Además, la ausencia de docentes que hablen su lengua originaria dificulta la transmisión cultural a las nuevas generaciones.
“Estamos muriendo poco a poco”, concluyó Gonzales, al advertir que la falta de atención estatal, sumada a la contaminación y la pobreza estructural, está llevando a su pueblo a una situación límite que amenaza su continuidad.
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