La Paz, 16 de julio de 2026 (AND).- ¿Las personas nacen emprendedoras o se hacen? Durante años predominó la idea de que el éxito empresarial dependía de un talento natural. Sin embargo, las investigaciones en neurociencia y psicología muestran un panorama diferente: el denominado "cerebro emprendedor" es el resultado de capacidades que pueden desarrollarse mediante el aprendizaje, la experiencia y la adaptación permanente.
La ciencia identifica cuatro características comunes entre quienes innovan: plasticidad cerebral, tolerancia al riesgo, creatividad y resiliencia. Estas habilidades permiten enfrentar la incertidumbre, aprender del error y convertir los problemas en oportunidades de negocio.
El neurólogo Norman Doidge resume este fenómeno con una afirmación que cambió la forma de entender el aprendizaje: "El cerebro cambia con el aprendizaje". Esta capacidad de reorganizar las conexiones neuronales explica por qué muchos emprendedores transforman cada fracaso en una oportunidad para mejorar sus estrategias.
Otro rasgo característico es la relación con el riesgo. Estudios en neurociencia muestran que los emprendedores presentan una mayor actividad en regiones cerebrales vinculadas con la evaluación de recompensas y la regulación emocional. Esa capacidad favorece decisiones ágiles sin dejar de analizar las consecuencias.
La investigadora Saras Sarasvathy sintetiza esa lógica con una frase que hoy es una referencia en el mundo empresarial: "Los emprendedores no predicen el futuro, lo construyen".
La creatividad constituye otro de los pilares del cerebro emprendedor. Según los investigadores Jung y Haier, esta habilidad consiste en "la capacidad de conectar dominios distantes del conocimiento", una condición que facilita generar soluciones originales para necesidades reales.
Formación para fortalecer el cerebro emprendedor
Desde la academia, especialistas de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) consideran que muchas de estas capacidades pueden potenciarse mediante una formación adecuada.
Adriana Veizaga, directora de la carrera de Administración de Empresas de Unifranz El Alto, afirma que la formación académica en emprendimiento va más allá de transmitir conocimientos sobre gestión, ya que también impulsa el desarrollo de habilidades vinculadas a la innovación, la creatividad y la toma de decisiones estratégicas.
“La formación que brindamos busca que los estudiantes adquieran no solo herramientas de administración, sino también una visión innovadora y estratégica que les permita identificar oportunidades y responder a los retos del entorno empresarial”, señala.
Veizaga explica que el propósito es formar profesionales capaces de crear valor, adaptarse a escenarios cambiantes y convertir ideas en proyectos sostenibles.
“Nuestra especialización en Emprendimiento y Creación de Empresas fortalece las competencias necesarias para que los futuros profesionales puedan diseñar, desarrollar y gestionar sus propios negocios con éxito, respondiendo a las características y necesidades del ecosistema emprendedor de El Alto”, agrega.
Pablo Llano, docente de Ingeniería Comercial y miembro de la Jefatura de Enseñanza y Aprendizaje (JEA) de Unifranz, coincide en que el éxito emprendedor comienza con una actitud mental orientada a resolver problemas.
"Cuando vas a iniciar tu proyecto, tienes que ser una persona resiliente, porque todo el tiempo tienes que estar pensando en resolver problemas", sostiene.
A su juicio, la visión estratégica permite descubrir oportunidades incluso en escenarios complejos. "Es bueno encontrar visión en todas las oportunidades. Cuando uno tiene una visión clara de lo que quiere hacer, entonces aparecen las oportunidades", afirma.
El académico agrega que la adaptación es una competencia indispensable en un mercado cada vez más dinámico. "Otro aspecto a considerar sería la adaptabilidad. Tienen que saber adaptarse a los cambios. No todas las cosas van a ser de la misma manera porque los cambios son permanentes", señala.
La resiliencia, la habilidad que marca la diferencia
Aunque la ciencia explica cómo funciona el cerebro emprendedor, la experiencia de quienes impulsan empresas confirma que el éxito depende, sobre todo, de la capacidad para persistir.
Allison Silva, directora de la Fundación Emprender Futuro y gerente de Eressea Solutions, sostiene que emprender implica una transformación personal profunda y no únicamente desarrollar una idea de negocio.
"Todos quieren ser emprendedores, pero, la verdad, esta opción implica un trabajo de transformación de uno mismo, necesita que dediques tiempo, pasión y preparación. Una vez que dices 'tengo el gen emprendedor' y quiero crear una solución, ofrecer un producto o crear una empresa, también tienes que saber que necesitas cumplir algunos requisitos esenciales", afirma.
Para la especialista, la resiliencia resulta indispensable porque el emprendimiento está marcado por escenarios inciertos y cambios permanentes.
"Lo más importante es que, a nivel personal, tiene que estar 100 por ciento segura y comprometida de que va a funcionar; es decir, va a buscar, no una sino mil formas para hacer que el emprendimiento funcione", asegura.
Silva también reivindica el valor del fracaso como una herramienta de aprendizaje, una visión que coincide con los hallazgos de la psicología positiva sobre la construcción de la resiliencia.
"¿Cómo gestiono el fracaso en un emprendedor? El fracaso es lo mejor que le puede pasar al emprendedor (...). El conocimiento no lo vas a tener en ningún libro, porque lo vives, lo capitalizas y lo evalúas; dices he fracasado tres veces y me he levantado cuatro veces, entonces tienes madera de emprendedor y tienes sobre todo la madera de ser resiliente, de pararte y no rendirte", reflexiona.
Las conclusiones de la ciencia y la experiencia empresarial convergen en una misma idea: el cerebro emprendedor no es un privilegio reservado para unos pocos. Es el resultado de entrenar la creatividad, fortalecer la resiliencia, aprender continuamente y desarrollar la capacidad para convertir la incertidumbre en oportunidades. Como resume Howard Gardner, "la creatividad es la capacidad de resolver problemas de manera novedosa y apropiada", una definición que sintetiza el verdadero motor de la innovación.
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