El bloqueo de las carreteras, entre mayo y junio en Bolivia, por 53 días, evidenció la vigencia de la hipótesis de “las dos Bolivia”, formulada en la década de 1960, sobre la base de la irrupción indígena en la revolución federal de 1900, bajo el liderazgo de Zárate Willka, aliado a J. M. Pando de La Paz, en su lucha contra el ejército conservador de Alonso Fernández de Sucre. El bloqueo ocasionó el colapso del débil aparato productivo boliviano y develó la falta de representatividad social del sistema político, pulverizando, además, al programa, la autoridad y la credibilidad del gobierno de Rodrigo Paz.
El hecho resulta curioso, si se recuerda que el 2019 la exitosa resistencia nacional-democrática (asentada en las ciudades) quebró el proyecto del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), respaldado por las organizaciones del área rural y el sindicalismo minero. El bloqueo plantea interesantes cuestionamientos, referidos al peso de la historia, al papel de la memoria (que será abordado en la segunda columna) y a los ciclos políticos estatales. En tres columnas, bajo el mismo antetítulo, abordaremos las reiteraciones históricas, así como los fundamentos de un “cierre” en la historia de este país. Reiteración y cierre cubren todo el espectro de la esterilidad propositiva de esta muy diversa sociedad, pero también muestran las condiciones para la amalgama nacional, en base a la unidad de los contrarios.
Junto al surgimiento de Bolivia, en el marco de la guerra continental, emergieron los “fundadores de la patria”, pertenecientes en su mayoría a las clases altas en rápido reacomodo a la nueva realidad política. Adicionalmente, el proceso fundacional se desarrolló en una sociedad no cohesionada; lo que es válido incluso para su propia clase dirigente. Esa característica se completó con la ausencia de sentimientos de identificación nacional. Ambos elementos fueron la consecuencia de la manera en la que, por medio de los factores externos e internos, se desarrolló la guerra de la independencia (1809 – 1825). Debido a ello, las características de este primer momento constitutivo se proyectarán hacia el futuro de la vida de la naciente república.
La guerra continental no puede entenderse sin las reformas borbónicas del siglo XVIII en España y sin la invasión napoleónica en 1808, con la consiguiente destitución del rey, Fernando VII. Lo primero facilitó la amplia circulación, en las colonias españolas, de las ideas de la Ilustración; ideas que a la postre legitimaron las guerras por la independencia. Lo segundo quebró el poder institucional español en el continente. Para Bolivia, consideremos también, entre los factores externos, la presencia de los ejércitos del río de La Plata en tres oportunidades, a lo largo de la guerra, así como la del Ejército Unido Libertador colombiano, desde principios de 1825, para proteger a la nueva república de la amenaza de invasión por parte del Perú y la Argentina. Finalmente apuntemos que la ubicación geográfica de la Audiencia de Charcas hizo que éste fuera el campo de batalla, entre las fuerzas realistas (asentadas en Lima) y el ejército patriota del río de La Plata, que había destronado al virreinato, en Buenos Aires. Desde ya, los ejércitos realistas no lograron invadir el territorio del río de La Plata, para restituir al virrey.
En los factores internos destaca la derrota del ejército indígena de Tupac Katari, en 1781. La profundidad de la derrota borró a este sector del escenario político hasta bien entrada la vida republicana. Aunque en la guerra de la independencia pueden encontrarse caciques indígenas en el bando patriota y en el realista, o incluso el paso de uno a otro bando, la proclama de la independencia, así como la filosofía liberal que la inspiraba, eran ajenas a los indígenas. Ello explica la ausencia de uno de los principales sustentos para la construcción de una identidad general.
Un segundo elemento, ligado al factor externo, fue la ausencia de un ejército patriota del Alto Perú, durante la guerra de la independencia. Lo que se organizó fueron guerrillas, principalmente como fuerza coadyuvante a los ejércitos patriotas argentinos. Los guerrilleros de la independencia tendrán, es cierto, algunas actuaciones autónomas pero la tónica principal, luego de las derrotas y retiro de los ejércitos patriotas, será la del hostigamiento y la emboscada. Añadamos, por último, que la generación de los guerrilleros de 1809 prácticamente había desaparecido para 1825. De esa manera se allanó el camino para que la oligarquía minera y terrateniente heredaran un país, por cuya independencia hicieron muy poco. Las consecuencias de ello se vieron en el diseño del nuevo país que, en los aspectos económicos, tributarios y sociales, continuará la herencia española.
La falta de una voluntad general y el reacomodo de la oligarquía durante la fundación de la república, serán prácticas que se repetirán en los tres posteriores momentos constitutivos. Sintetizando el concepto, digamos que un momento constitutivo es un momento en el que “las cosas comienzan a ser de diferente manera”. Un momento constitutivo es el resultado de la suma de grandes esfuerzos de una sociedad, para construirse como entidad política; lo que implica de un Estado y una institucionalidad política y jurídica, avaladas por la población. Implica también desarrollar su mercado interno, así como redes de comunicación que le permitan vertebrarse, interiormente. No todos los momentos constitutivos exhiben la misma fuerza. Los hay aquellos que alcanzan poca profundidad en la sociedad, a diferencia de otros; por lo que deberán recurrir pronto a la coerción a fin de contrarrestar su rápido desgaste. Esa clase de momentos constitutivos fueron los de 1825 y 2006.
En realidad, la fortaleza de un momento constitutivo depende de sus elementos internos, así como de la manera en que las clases sociales llegan al mismo. Los elementos constitutivos se refieren a la ideología, con la que se interpela a la sociedad, así como a sus estamentos dirigenciales. También se refiere a la situación del Estado y la economía, al momento de la interpelación. Por último, puede verse la suerte de un momento constitutivo ya en sus momentos iniciales, observando la forma en que actúan sus elementos constitutivos.
El momento constitutivo de 1825 fue débil debido a su fundamento ideológico, que prolongó la lógica racista frente a la mayoritaria población indígena. El tributo indígena, una de las principales fuentes de la recaudación fiscal, continuará siéndolo hasta bien entrada la vida republicana. Paradójicamente el momento constitutivo del 2006 también será débil debido a su base ideológica. El Movimiento al Socialismo (MAS) fue una mescolanza ideológica de un marxismo de bolsillo, de un indigenismo despatarrado y de un nacionalismo retorcido. Si algo las unificaba fue la idea de una rápida acumulación económica, por medios extraeconómicos (abiertamente delincuenciales, en este caso), para contrarrestar al poderío económico de la burguesía. Esa idea fue una invitación al crimen organizado para que, por medio de todas sus expresiones (narcotráfico, contrabando, robo de autos, minería ilegal, avasallamiento de tierras, lavado de dinero, etc., etc.), copara las débiles instituciones del país.
El dato más llamativo para el fracaso del momento constitutivo de 1900 se sitúa en el ámbito político. La alianza entre Pando y Willka primero, luego el auxilio de Pando a las fuerzas de Fernández a las que combatía y finalmente la traición a Willka, grafica la estrategia de Pando para imponerse a la aristocracia chuquisaqueña, con el apoyo del ejército indígena, luego auxiliar a las fuerzas de Fernández, para controlar y someter a Willka. La disputa entre La Paz y Chuquisaca expresaba el desplazamiento del eje económico de la minería de la plata, por la minería del estaño y su nuevo centro de poder: La Paz. Con el desaprovechamiento del excepcional momento político de Pando, se reprodujo la racista sociedad señorial, ratificando la lógica excluyente del sistema político boliviano. Por su parte, el momento constitutivo de 1952 fue el que mayor profundidad alcanzó y sin embargo no llegó a superar la falla estructural de la sociedad boliviana, que supone la absorción de lo indígena. Con este último apunte ingresamos a una temática colateral, referida a la relación entre grados de legitimación, reformas estatales y eje económico (volveremos sobre esa temática en la tercera columna).
Cada momento constitutivo ha sido impulsado por una clase social y por una ideología. A través de los cuatro momentos, Bolivia ha intentado, desde todos los horizontes sociales y desde todos los ámbitos discursivos, crear un proyecto nacional. El fracaso de esos intentos nos dice, primero, que ninguna parcialidad ha logrado imponerse a las otras parcialidades sociales. En segundo término, nos señala que con el último intento fallido se cierra un gran círculo en la historia del país. En efecto, con el proyecto del MAS, impulsado por sectores indígenas, campesinos y populares, se ha completado el espectro social de los ensayos.
De todo ello extraemos la más importante de las conclusiones: ninguna parcialidad sola puede construir un proyecto sobre la diversidad. En consecuencia, corresponde ensayar un proyecto de la diversidad, tal como ya en 1991 adelantaba el Dr. Luis H. Antezana, en su “La diversidad social en Zavaleta Mercado” (La Paz. Cebem). Volveremos sobre esta idea más adelante.
El autor es escritor y sociólogo