Uno de los problema más críticos en nuestro país que es la causa de muchas desventuras es LA EDUCACIÓN, que como dijimos en anteriores oportunidades es la base para el desarrollo de las naciones y en Bolivia se le ha dado poca importancia y se ha utilizado para el adoctrinamiento político en los últimos 20 años, esto como una de las propuestas más denigrantes del socialismo del siglo XXI que ha utilizado todas las consignas marginales para aturdir a los ciudadanos niños y jóvenes confundidos, sin identidad y manipulados con las mentiras y tergiversaciones que se incorporaron al amparo de la Ley 070 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”.
El tema de la educación debería ser una de las prioridades de un gobierno, pero no extraña la falta de norte del PDC, de sus aliados, de los arrepentidos y todos aquellos que deben seguir buscando alguna prebenda o mimetizándose por su pasado oscuro y esto no es una excepción, sabemos de tantos casos y el Presidente como a todo, solo hace oídos sordos para que no le recordemos que lo único que mostraron desde el 8 de noviembre de 2025 es su “falta de capacidad para gobernar”.
La educación requiere de una trasformación desde sus bases conceptuales hasta lo más profundo de sus fundamentos, tal como lo propone la UNESCO y establece que en sus cimientos se despliegan tres dimensiones interconectadas: “la Dimensión Legal y Administrativa: Define el derecho a la educación universal, la obligatoriedad y los niveles de escolaridad (básica, secundaria y superior)..…….la Dimensión Curricular y Pedagógica: Establece los contenidos, las metodologías de enseñanza y la capacitación continua de los docentes……y la Dimensión Social y Comunitaria: Busca que la educación sea inclusiva, equitativa y esté adaptada para preparar a los estudiantes para la vida.” De lo anterior reiteramos que la educación es la esencia del futuro, de nuestras nuevas generaciones; por ello, en el Instituto de Investigación y Capacitación en Ciencias Administrativas de la UMSA, estamos trabajando en un proyecto de investigación para precisar los temas más sensibles que deberían atenderse desde el Ministerio de Educación y Culturas y que, como todas las políticas públicas, siguen postergadas.
Vuelvo a la afirmación inicial LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN CRÍSIS. Cierto, lo mostramos en el Foro Debate del mes de abril realizado en el Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés, donde después de escuchar a diferentes expositores quienes destaparon las debilidades por las que hoy atraviesa el Sistema de la Universidad Boliviana, podemos precisar los siguientes cuestionamientos:
Adicionalmente muchos críticos insisten en algunas variables internas que afectan a las universidades; entre ellas, la masificación estudiantil con un sistema de ingreso cuestionado y un creciente índice de abandono académico, lo que se acompaña con la alta permanencia de estudiantes en los procesos de formación, muchos de los cuales solo compran matricula para contar con los beneficios emergentes de dicho documento. También indican la falta de reformas estructurales con actores claramente identificados en todas las carreras y facultades, lo que se sella con el escaso interés de mejorar los procesos de formación académica de parte de algunas autoridades, haciéndose más evidente con los docentes a tiempo parcial sin integración efectiva a los procesos formativos de la universidad y con docentes titulares en una posición estática, conformista, sin la voluntad de activarse con una actualización continua y con una evaluación docente debilitada por la falta de representación estudiantil en muchas carreras lo que no permite por sus atribuciones el ejecutar los procesos de evaluación.
Como es habitual, las variables externas aún son más críticas con la falta de políticas públicas que sostengan el proceso de educación superior, por el aventurado proceso de educación primaria y secundaria vigentes en el país, por la presión política sobre las universidades públicas con autoridades leales y ligadas a ideologías caducas, prebéndales y sometidas a los gubernamentales, con un problema perverso entre los contenidos de la formación del colegio y los que demanda la universidad. Todo lo anterior se sella con la actuación del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana cuestionado por su pacto político, la presión de universidades sin prestigio en el país, la corrupción denunciada sobre su actuación en complicidad con alguna universidad para reconocer delegados sin representatividad ni legalidad, como lo acontecido en el último congreso en Cobija.
Lo anterior deja un sabor amargo a todo nivel pues se extraña con nostalgia el pasado de la universidad pública formadora de grandes personalidades y profesionales destacados en el acontecer nacional, que en los últimos años se ha desprestigiado por la actuación de profesionales principalmente en la justicia, en la economía, en la cultura, en las ciencias sociales y otras, siendo lo más lamentable la supeditación al gobierno sin capacidad para la defensa de la autonomía universitaria ni del derecho a un presupuesto digno. Todo lo anterior ha derivado en las opiniones de los críticos que han manifestado: “tenemos a las universidades secuestradas por intereses sectarios y se ha debilitado la autonomía, se ha perdido el verdadero sentido de lo que implica la profesionalización, existe proteccionismo, prebendas y privilegios para quienes las conducen desde los consejos universitarios y los sequitos que hoy son parte de las estructuras informales de las casas superiores de estudio”.
Como en muchas ocasiones surge una pregunta ¿Qué pasa con el sistema de la educación superior en la universidad privada? Una respuesta resume todo lo que acontece, la calidad de la formación profesional es deficiente y con muy raras excepciones esto se ha generalizado. Es responsabilidad de las autoridades de educación velar por esta particularidad que esta afectando a la cantidad de profesionales que se gradúan en estas universidades; sin embargo, nuestra preocupación es mayor por lo que acontece en la universidad pública donde no podemos quedarnos pasivos después de analizar la experiencia sin precedentes que se vivió en el proceso de enseñanza/aprendizaje, que estuvo lleno de improvisaciones en la mayoría de las casas de estudio, donde pocos pudimos avanzar con herramientas de tecnología ante la pandemia, utilizando algunas plataformas educativas que alcanzamos a incorporar con resultados parciales y cantidad de docentes que se acomodaron en su zona de confort, facilitando la aprobación en distintas asignaturas con un alto grado de disminución de la comprensión y el conocimiento, y porque las universidades no han adoptado un tablero de control que permita medir los resultados y mostrar los logros o quien sabe un mayor conjunto de debilidades sin soluciones.
Es necesario adoptar con urgencia un sistema de medición basado en indicadores de cumplimiento de tres dimensiones, la gestión universitaria, la gestión académica y los resultados y su impacto. Sobre ellos incidiremos en el próximo y siguiente análisis de la educación superior en crisis.
El autor es administrador de empresas–director IICCA y Docente Emérito UMSA