En los últimos meses se materializó nuevamente las grietas y divisiones presentes en Bolivia desde su nacimiento y que fueron ahondadas durante los 20 años del gobierno del Movimiento al Socialismo, tanto a la cabeza de Evo Morales Ayma como de Luis Arce Catacora, durante 51 días los bloqueos y conflictos sociales fueron el orden del día, al menos en la sede de gobierno, llevando a nuestro país a una nueva situación de enfrentamientos y polarización, en el cual se pone en la palestra la cuestionante de que rumbo debe tomar la nación en los próximos años.
Gracias a las nuevas tecnologías, el conflicto no sólo estuvo presente en las carreteras, poblaciones y calles de las ciudades, sino también en los bastiones digitales presentes en las diferentes redes sociales, que son de uso cotidiano, en ese sentido se emitieron: publicaciones, imágenes, artículos, etc. Tanto como para justificar como para defenestrar los bloqueos y el intento de rompimiento del orden democrático con la solicitud del pedido de renuncia del presidente: Rodrigo Paz Pereira.
Esta lucha digital, también evidencio la batalla de ideas que tiene lugar entre ideólogos, escritores, pensadores e intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, los cuales se dedicaron de manera directa como indirectamente argumentos, retóricas y falacias, como ejércitos que disparan balas para imponer sus ideas y las mismas calen en el pensamiento colectivo de la nación.
Este hecho fue objeto de reflexión de su servidor, quien pudo notar que hay grandes diferencias al momento de combatir en esta batalla de ideas, donde debemos reconocer la capacidad de articulación, no sólo a nivel nacional sino también internacional, que tiene la izquierda para hacer ecos de sus retóricas, demostraron una capacidad organizativa para alimentar unos con otros sus planteamientos y emitir discursos con diferentes niveles de complejidad dependiendo de su público objetivo y respaldados por medio a fines a sus convicciones (radio, televisión, canales de streming, influencers, etc). incrementando así el nivel de impacto de los mismos, para luego, sintonizar con sus correligionarios principalmente en Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Chile entre otros, para movilizar a sus simpatizantes y logrando manifestaciones impulsando sus causas, hechos que logran envalentonar e incrementar la moral de los que se sienten identificados por sus discursos.
Por otro lado, la derecha, sus ideólogos y pensadores, en los cuales podemos aglutinar de manera reduccionista a aquellos que se definen como liberales, conservadores y otros, lucharon al estilo de las guerrillas, desde trincheras separadas, disparando a donde sus fuerzas les permitían, escribiendo publicaciones ahí donde podían, ya sea en medios y/o redes sociales, pero a su vez evidenciando, una incapacidad de lograr una articulación en el discurso y menos aún, se pudo hacer eco de la mano de la escena internacional.
Seguramente, todos estos años de hegemonía masista, dejo una gran cantidad de recursos que pueden ser utilizados con destreza y experiencia por sus miembros, lo cual, sumado a una mentalidad colectivista, que por inercia genera una cultura de cooperación en la izquierda, les brinda una superioridad en la guerra de las ideas que siempre está vigente.
Aun así, esta experiencia, considero que debe ser una oportunidad para repensar nuestra estrategia al momento de abordar este eterno conflicto, contemplar la posibilidad de generar una red de cooperación y articulación con capacidad de reacción y planificación, para hacer hincapié en las causas que deben ser priorizadas e instalar en la sociedad ese cambio de paradigma tan necesario para que como país todos podamos ver el futuro con esos ojos que el desarrollo necesita, de esperanza, disciplina, ahorro, inversión y trabajo duro.
Habrá quien considere la presente columna como una posición radical, pero cuando uno entiende que las ideas importan, pues aquellas que prevalecen moldean la realidad, toma posición y se prepara para dar su granito de arena, en un campo donde las armas son las plumas y las balas las palabras, con el objetivo de que la razón y la cordura sean parte del sentido común que nos permita vivir en una Bolivia mejor.
El autor es director Ejecutivo de Generación Bicentenario