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Economía

23 de agosto de 2019 09:17

Fuego afectó más de 370.000 ha en el Norte del Chaco y Chaco Pantanal

De acuerdo al Sistema de Alerta Pilcomayo (SAP) no solo fue el viento uno de los factores que avivó el desastre ambiental que vive la región del Gran Chaco, sino la masa combustible.

4 Foto: Sistema de Alerta Pilcomayo Gran Chaco PROADAPT
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La Paz, 23 de agosto (ANF).- De acuerdo al monitoreo e imágenes satelitales que registra el Sistema de Alerta Pilcomayo (SAP), solo en la región del Gran Chaco Americano los incendios forestales han dejado en cenizas 370 mil hectáreas.  Se tratan solo de grandes incendios, no así de los más pequeños y controlados que también se observan en las imágenes satelitales.

“Nosotros venimos monitoreando solo el Gran Chaco Americano. Se observa realmente una criticidad inédita. Es una situación única para el Chaco.  Es un desastre ambiental mucho mayor, en superficie y perjuicios a la naturaleza, que las inundaciones del 2018 del Pilcomayo”, señaló Luis María de la Cruz, responsable del Sistema de Alerta Pilcomayo Gran Chaco PROADAPT.

De acuerdo a un análisis de las imágenes satelitales, el día 8 de agosto se evidencia días claros y sin mucho viento, pero en varios lugares con muchos chaqueos, especialmente en torno a la ruta Santa Cruz y Puerto Suarez (Bolivia), límite entre la Chiquitanía y el Chaco.  A partir del día 11 se registran vientos desde el noroeste con bastante intensidad, lo que habría acrecentado los fuegos, convirtiéndolos en incendios incontrolados.

De acuerdo al Sistema de Alerta Pilcomayo (SAP) no solo fue el viento uno de los factores que avivó el desastre ambiental que vive la región del Gran Chaco, sino la masa combustible.

“Lo que nosotros venimos viendo en el Gran Chaco este año y el anterior, es una situación de exceso de humedad que generó un mayor crecimiento de forraje de pastos; luego en el mes de julio vino el frio y posteriormente la sequía (normal de la época) que secó esos pastos crecidos en exceso”, dijo De la Cruz.

De acuerdo a los datos, de manera inédita la región del Gran Chaco tuvo humedad hasta el mes de junio, incluso con algunas lluvias durante el mes de Julio que se suman a las inundaciones que hicieron crecer mucha vegetación soportando luego dos a tres importantes heladas severas que secaron la masa boscosa, generando la existencia de mucha masa combustible.

Durante esos días, inicialmente se tuvieron vientos del noroeste con bastante intensidad y después, a partir del día 13 al 15, vientos de intensidad excepcional entre 60 a 100 km/h con dirección norte y noreste provocando una expansión violenta del fuego. 

“Un chaqueo que se descontrole con un viento de 60 a 100 km/h, se transforma en algo incontrolable.  Eso pasó con el incendio que arrasó con 180 mil ha originado al Sur de Roboré – Bolivia y que consideramos como el más grande registrado en la región del Gran Chaco, (solo en ese sector), hay otros más pequeños que oscilan entre 20 y 25 mil ha, y el ultimo desarrollado en el municipio de Corumba - Pantanal (Brasil), con más de 80 mil hectáreas, originado en Bahia Negra (Paraguay) y que con el viento sur avanza hacia la misma ciudad de Roboré (Bolivia)”, acotó.

Cuando se hace referencia a la simultaneidad de los incendios, de la Cruz detalla que mientras el fuego que bajaba desde Roboré (Bolivia) hasta el límite del Paraguay, también se avivaba uno en el cerro Choboreca (Paraguay) y que con el viento sur vuelva a subir formando un nuevo incendio en una propiedad privada.  Al mismo tiempo, otro incendio de manera paralela se presentaba en el Parque Nacional Río Negro (Reserva Tres Gigantes, Paraguay), y que con el viento sur saltó a Rio Negro (Paraguay) provocando otro incendio en el municipio de Corumba (Brasil) y la punta del Otuquis (Bolivia).

Vulnerabilidad del Chaco y recuperación

“Con las primeras lluvias habrá recuperación de especies en el chaco, pero la recuperación de la masa forestal va a llevar mucho tiempo, por ello digo que va haber otra configuración del área afectada durante el siglo XXI”, dijo Luis María de la Cruz.

Para De la Cruz la situación es grave en muchos sentidos.  Primeramente si bien es verdad que el Chaco tiene una alta capacidad resiliente, una quema de esta intensidad está quemando las capas fértiles del suelo.

“El área quemada es de altísima fragilidad, toda la franja de transición entre el Chaco y la Chiquitanía que está cubierta por el Otuquis, la reserva Ñembi Guasu y el norte del Paraguay, la vegetación es muy particular; en muchos casos observamos árboles chaqueños en miniatura por el tipo de suelos areniscos. A ello se suma que son áreas muy importantes de escurrimiento, eso quiere decir que en la región afectada, cuando llueva va a producirse una erosión importante que no sabemos qué consecuencias va a tener”, señaló.

Hasta este 20 de agosto, solamente en el área protegida de Ñembi Guazu se habrían quemado 180 mil ha, territorio que hoy está en cenizas, hábitats de especies importantes de fauna que hoy se ven severamente afectadas.

Cuando se hace referencia a las poblaciones, uno de los aspectos que preocupa y se debe considerar, es la a zona donde se encuentra el Pueblo Ayoreo, población que vive de manera aislada o llamados también los “no contactados”, corriendo el riesgo que los mismos hayan sido afectados y que este desastre ambiental haya alterado su ciclo de nomadismo y de vida. Debemos mencionar que al interior de estas áreas hay aguadas, zonas de escurrimiento donde hay abundancia de especies que son parte del alimento de estas poblaciones nómadas.

“Lo que viene es bastante incierto; los suelos frágiles y areniscas en su mayoría pueden ser vulnerables a las primeras lluvias intensas del verano, con la posibilidad que se erosionen.  Lo que va a configurarse allí es un proceso de recuperación de la naturaleza con otra configuración de la que tenía, no va a ser la misma”, refirió.

/ANF/


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