La Paz, 26 de marzo de 2026 (ANF).– Un nuevo incremento en el precio de la gasolina en Bolivia podría detonar un escenario de alta conflictividad social y económica. Así lo advirtió el catedrático y analista económico Rolando Morales, quien sostuvo que, en el actual contexto internacional marcado por la guerra en Irán, el impacto más inmediato para el país se sentirá en el costo de los carburantes.
Morales explicó que Bolivia ya atraviesa un periodo prolongado de dificultades en el suministro y la política de subsidios, lo que agrava cualquier posibilidad de ajuste. “Un aumento sería extremadamente difícil de manejar”, alertó, al señalar que el malestar social se ha profundizado en los últimos meses.
El analista puso como ejemplo el paro de transportistas en curso, que —según dijo— refleja un cambio en la percepción ciudadana. “Por primera vez, la población respalda estas medidas porque la mala calidad del combustible afecta a todos”, afirmó, evidenciando un nivel de descontento generalizado que podría escalar ante nuevas alzas.
En el plano económico, Morales advirtió que el país enfrenta una situación de alta vulnerabilidad. A su juicio, un incremento en los carburantes no solo presionaría el costo de vida, sino que también podría desestabilizar aún más una economía ya frágil y una institucionalidad política sensible.
Otro de los riesgos identificados es el aumento en los costos de importación. El experto señaló que, si Bolivia opta por cambiar de proveedor para garantizar mejor calidad de gasolina, los precios serían considerablemente más altos. Recordó que los costos internacionales ya registran incrementos cercanos al 30% y no descartó que el barril de petróleo suba de 80 a 200 dólares si el conflicto en Medio Oriente se prolonga.
Este escenario, añadió, podría anular los efectos positivos que el Gobierno esperaba tras la reducción del subsidio estatal. “Ese incremento básicamente se comería cualquier alivio logrado”, sostuvo, advirtiendo que las autoridades se verían forzadas a elegir entre restablecer subsidios o autorizar nuevas subidas internas.
De manera indirecta, Morales también anticipó un encarecimiento de productos importados debido al impacto global en los costos de transporte y comercio, aunque consideró que este efecto será secundario frente al peso directo de los carburantes.
En este contexto, el analista observó que Bolivia enfrenta una paradoja: su debilidad económica y su limitada inserción internacional reducen la presión externa, lo que, en cierta medida, actúa como una “fortaleza” frente a un entorno global convulso.
El análisis se produce meses después de que el gobierno de Rodrigo Paz aplicara, en diciembre de 2025, un drástico incremento en los precios de los carburantes tras eliminar la subvención estatal vigente por décadas. La gasolina especial subió de Bs 3,79 a cerca de Bs 7 y el diésel rozó los Bs 9,80, con alzas de hasta 80%.
La medida, planteada como un ajuste estructural para reducir el déficit fiscal y frenar el contrabando, dio paso a un esquema de liberalización de precios, con reajustes previstos cada seis meses.
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