El cambio de ciclo y de gobierno nacional tiene en vilo, angustiado y bloqueado al pueblo boliviano. Era previsible que el masismo (evistas, arcistas, androniquistas, choquehuanquistas) y todos sus aliados, aunque hubiesen votado en favor de Rodrigo Paz, igual tenían que oponerse al nuevo gobierno nacional. Pero lo inimaginable era que esta oposición fuese violenta y criminal. Que los bloqueadores impidan el ingreso de alimentos, medicamentos y provisiones básicas a las ciudades como La Paz, Cochabamba, Oruro, son hechos canallas que constituyen además delitos de lesa humanidad y no pasa nada…
Pero no se trata solo del masismo, y su discurso envenenado de racismo, que ya ha cobrado varias vidas humanas. También está en juego la sobrevivencia del socialismo del siglo XXI y las mafias incrustadas en los espacios de poder. La detención de Nicolás Maduro, Cristina Fernández de Kirchner, la caída de Rafael Correa, la agonía del régimen cubano, entre otras cosas, no supone solo un cambio de ciclo sino también de ideología y el triunfo del modelo liberal.
Los bloqueos, financiados desde el Chapare, han puesto en evidencia que el masismo no quiere diálogo, ni le interesa conservar el Estado Constitucional de Derecho, la democracia, y todo lo que suponga una convivencia civilizada. Lo único que les interesa es el poder por el poder. Pero Rodrigo Paz tiene los instrumentos legales y constitucionales para gobernar y restablecer el orden público y el principio de autoridad.
El pueblo necesita saber cuándo y cómo el gobierno nacional resolverá los bloqueos criminales, la crisis económica, la corrupción, el contrabando, la falta de provisión de productos básicos, etc. Sin embargo, en democracia no hay nada más prudente e inteligente que buscar acuerdos políticos con todos los dirigentes (Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina, Mandred Reyes Villa) y definir una ruta crítica a seguir. En realidad, los pactos políticos tienen que hacerse a todo nivel y en los diferentes Órganos del Estado. Y como la ciudadanía se ha cansado de los bloqueos criminales, el presidente Rodrigo Paz debe dar las coordenadas básicas no solo de cómo conducir el Estado, sino que además debe convocar a los mejores ciudadanos para enfrentar los grandes retos políticos. Tiene que recomponer el tejido social que ha sido fracturado por más de dos décadas.
El sistema democrático funciona y avanza en la medida en que haya acuerdos básicos; la historia está llena de ejemplos de grandes pactos políticos que han permitido destrabar los entuertos que nunca faltan. El gobierno debe asumir que no tiene los 2/3 en el legislativo, y necesita tender puentes que permitan la gobernabilidad. También debe ser consciente que el MAS le ha declarado la guerra no solo al gobierno, sino al pueblo boliviano.
Los senadores y diputados han estado alejados de las medidas que asfixian a poblaciones enteras. El sufrimiento se generaliza cuando el ciudadano o empresario no puede cosechar sus productos o teniéndolos disponibles no puede comercializarlos. No hay combustible. Hay familias que no tienen qué comer, ni pueden satisfacer sus necesidades básicas; empresas declaradas en quiebra y esto supone una bancarrota general. La unidad política tiene que ser la condición básica para enfrentar la crisis terminal y señalar los derroteros a seguir.
Como sostiene un colega columnista, una negociación horizontal exige que ambas partes cedan: el gobierno flexibilizando las formas de la comparecencia judicial y los sectores movilizados renunciando de inmediato a la asfixia de la población civil. No se puede dialogar con una pistola apuntando a la cabeza de las ciudades. El realismo político es necesario, pero debe ser un realismo institucional y con autoridad. La paz social no será duradera si se sostiene sobre el resentimiento de los ciudadanos que sufren el cerco ni sobre la capitulación de la justicia.
El ciudadano boliviano ha cumplido con su deber cívico, y nadie duda de su convicción democrática. La necesidad de restablecer el orden público, el principio de autoridad, la solución a la crisis está en manos del gobierno nacional, y los dirigentes políticos. El presidente tiene un precioso tiempo para convocar a las fuerzas democráticas a buscar un gran acuerdo nacional y establecer cómo resolver la crisis económica, política y social antes de que termine imponiéndose esta suerte de Estado fallido.
El autor es jurista y autor de varios libros.