La Paz, 6 de julio de 2025 (ANF).- Un estudio reciente analizó la cobertura mediática de la violencia sexual en Bolivia, centrándose en las regiones de El Alto, Potosí y Riberalta, y encontró patrones preocupantes que minimizan la gravedad del problema y revictimizan a las sobrevivientes. La investigación, realizada por el Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento (IICC), examinó 48 noticias publicadas en 2024.
Los medios utilizan frecuentemente eufemismos como “mantener relaciones sexuales” o “vejar” para describir violaciones, lo que, según el análisis, normaliza la agresión y sugiere un falso consentimiento. En Riberalta, por ejemplo, titulares como “Tío que agredió sexualmente a su sobrina recibió 15 años de prisión” priorizan la sentencia sobre el delito, desviando la atención de la naturaleza del crimen.
Las voces institucionales (fiscales, policías) dominan las narrativas, mientras que las sobrevivientes y sus familias rara vez son citadas directamente. En El Alto, un jefe policial relató el caso de una menor violada por un inquilino, usando términos como “aprovechar”, que suavizan la gravedad del abuso.
Las víctimas son despersonalizadas y presentadas de manera pasiva, enfatizando su edad o condición de vulnerabilidad, mientras que los agresores son humanizados mediante sus roles sociales (profesor, padre, pastor). En contraste, en Riberalta, un pastor evangélico violador fue identificado con nombre completo, algo poco común en otras regiones.
El consumo de alcohol y los contextos festivos se usan para justificar la violencia, desplazando la responsabilidad del agresor. Notas como “Como estaba ebrio, no me acuerdo” (Potosí) o relatos que destacan horarios nocturnos (Riberalta) refuerzan estereotipos dañinos.
La respuesta institucional se centra en cifras y acciones punitivas, pero omite causas estructurales. Frases como “50,000 delitos de género en 2024” (sin contextualizar) o “El Ministerio Público abrió investigación” (Potosí) reducen el problema a números o trámites burocráticos.
La presunción de inocencia se distorsiona: aunque términos como “presuntamente” son legítimos, su uso persistente incluso tras sentencias firmes cuestiona la credibilidad de las víctimas. En Riberalta, detalles como “tras un festejo familiar” insinúan dudas sobre los testimonios.
La representación mediática refleja desigualdades geográficas: los casos urbanos reciben más atención, invisibilizando la violencia en zonas rurales. Además, las notas ignoran intersecciones como etnia o clase, cruciales para entender el fenómeno.
Expertos citados en el estudio señalan que este enfoque mediático perpetúa la impunidad y desalienta denuncias. La falta de voces especializadas en género y la escasa problematización de las causas profundas limitan la comprensión pública del problema.
El informe urge a los medios a adoptar un enfoque ético y transformador, evitando lenguaje revictimizante, ampliando fuentes (sobrevivientes, expertos) y contextualizando la violencia como un problema estructural, no como hechos aislados. La transformación de estas narrativas, concluye, es clave para combatir la normalización de la violencia sexual.
/ANF/
Articulo sin comentarios