La Paz, 10 de febrero de 2026 (ANF).- Una madre, M. H. C., y su hija, J. V. C., ambas de nacionalidad francesa, decidieron tomar un tour por la selva boliviana, en 2018. Una lancha las condujo por las aguas del Madidi hasta adentrarlas en la tupida Amazonía. El sonido de los animales, el sol cayendo sobre sus sombras, la humedad persistente y los mosquitos que rodeaban sus cuerpos dieron la bienvenida a las turistas a tierras cálidas y húmedas.
Las conversaciones con los guías fluyeron con naturalidad y generaron confianza en medio de un intercambio cultural cercano y ameno.
Al dejar la selva, las francesas continuaron su recorrido por Bolivia, dejándose cautivar por sus paisajes naturales y ciudades coloniales. Pronto, el retorno a Francia marcaría el inicio de un nuevo rumbo en la vida de madre e hija.
Años después, una confesión de la hija desataría la lucha incansable de una madre por justicia; recuerdos que hoy emergen, una vez más, desde la oscuridad de la selva amazónica.
El relato de los hechos señala que el 3 de agosto de 2018, la Sra. M. H. C. adquirió un viaje a Rurrenabaque a través de la agencia de turismo Mashaquipe, con el objetivo de visitar el Parque Nacional Madidi y la pampa junto a su hija, quien acababa de cumplir 13 años. Al día siguiente, 4 de agosto de 2018, madre e hija partieron en lancha rumbo al Madidi acompañadas por el guía Abelardo Guari Cartagena, según consta en las declaraciones prestadas ante el Ministerio Público.
Durante este recorrido por territorio boliviano apareció un segundo guía, quien poco a poco fue ganándose la confianza de ambas turistas. Se trataba de Ismael Janco Cáceres, quien —según el relato— acudía con frecuencia a la sala común para conversar con la menor y con su madre.
“Se hicieron amigos del otro guía de nombre Ismael J. C., quien venía a menudo a ver a su hija en la sala común a charlas con ambas, a lo que a M. H. C. no le parecía sospechoso, ya que pensó que le había tomado un cariño paternal a su pequeña hija, debido a que le había prestado su chaqueta en el barco por el frío y les había hablado de su familia, su mujer y sus hijos”, se lee en el relato de los hechos.
El atractivo de la noche en la selva suele ser cautivador para los turistas. El cielo intenso, el canto armónico de los insectos, las ramas movidas por el viento y el aleteo de los murciélagos invitan a descubrir una Amazonía que se vuelve cada vez más densa con la caída de la oscuridad.
Aquella noche, sin embargo, no sería una noche común. La vida de la pequeña hija de M. H. C. quedaría marcada para siempre.
“Por la noche, el guía Ismael J. C., les propuso ir a ver animales nocturnos y dos chicas italianas y su pequeña hija J. V. C. querían hacer esa excursión cerca del albergue, como se sentía muy cansada M. H. C. declinó la oferta, empero no quería privar a su hija adolescente de vivir esa oportunidad y lejos de desconfiar del monstruo que se escondía detrás de la fachada amable de Ismael Janco Cáceres, le dio permiso para que su hija Jade fuera a dicha excursión mientras ella se quedó en el bungalow” se lee en el testimonio.
“Un poco más tarde, como no podía dormir M. H. C. y había oído entrar a Irina (una española que dormía en el bungalow contiguo al de la madre y la hija), fue a preguntarle dónde estaba su hija y ella le contestó que estaba en el restaurante con Ismael J. C. tomando una infusión.”
Preocupada por no encontrar a su hija, la madre salió a buscarla y, “al cabo de un rato, vio a su hija regresar sin Ismael Janco a su lado, ya que él venía más atrás, entre la oscuridad —lo sabe porque le saludó—, sin imaginar que aquella noche del 5 de agosto de 2018 marcaría para siempre la vida de su hija, de tan solo 13 años”, fue por primera vez víctima de violación por parte del depravado de Ismael J. C.”, dice según los documentos a los que accedió la ANF.
A veces, el silencio no es sinónimo de paz, sino la manifestación de una lucha interior provocada por el dolor. “Su hija J. V. C. no quería hablar de lo que había ocurrido aquella noche; se mostró evasiva y solo le dijo que Ismael le había enseñado una tarántula, sin mencionar que había sido víctima por parte de ese sujeto Ismael”, señala el relato.
El 7 de agosto, estaban en el albergue las tortugas de Mashaquipe en Santa Rosa del Yacuma, M. H. C., aún sin conocimiento de lo sucedido, permitió que su hija se acercara para despedirse de Ismael. “Sin saber que la estaba enviado a su verdugo y, como fue sola, esta situación fue aprovechada por el depravado de Ismael Janco para proceder a violarla por segunda vez a su pequeña hija en la sala de juegos del albergue las tortugas en la pampa de Mashaquipe”.

El silencio se prolongó durante años, pero no pudo sostenerse para siempre. Tiempo después, la adolescente le confesaría a su madre que, durante su viaje a Rurrenabaque, fue víctima de violación de Ismael Janco Cáceres en dos oportunidades.
Agregó que no lo contó antes “por miedo, temor, frustración y vergüenza; porque se sentía deshumanizada y no quería revivir aquellos hechos horrorosos de los que fue víctima, y por los cuales sufrió graves secuelas que la afectaron psicológica, moral y emocionalmente, al punto de intentar quitarse la vida en reiteradas oportunidades”.
El 13 de marzo de 2025, la abogada y apoderada de M. H. C., Damelis Flores, presentó la denuncia ante la Fiscalía, contra Ismael Janco por la presunta comisión del delito de violación. Desde el 13 de marzo de 2025, Ismael guardaba detención preventiva; sin embargo el 23 de diciembre de 2025, el juez Hugo Rafael Saavedra le otorgó detención domiciliaria y lo envió a su casa.
Este 9 de febrero se llevó a cabo otra audiencia en la que el juez recusó su decisión de diciembre y tras un amparo constitucional determinó enviar a Ismael J. C. nuevamente a la cárcel con detención preventiva.
M. H. C. no descansará ni claudicará buscando justicia, demanda a las autoridades fiscales y judiciales que sancionen a Ismael J. C. para marcar un precedente en contra del abuso de poder y la violencia sexual que le tocó vivir a su adolescente hija.
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