La Paz, 20 de mayo de 2026 (ANF).- La creciente conflictividad política y social en Bolivia ha reactivado expresiones de racismo, discriminación y estigmatización que parecían parcialmente contenidas, pero que hoy resurgen con fuerza en las calles, en las redes sociales y en el discurso político.
Analistas y defensores de derechos humanos coincidieron en que la crisis actual no solo refleja una disputa de poder, sino también profundas fracturas históricas y sociales que continúan marcando la convivencia en el país.
La vicepresidenta de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, Yolanda Herrera, sostuvo que las expresiones de odio que se evidencian durante las protestas y confrontaciones son síntomas de una “herida histórica” aún no resuelta, vinculada a la colonialidad del poder y a las jerarquías sociales que persisten en Bolivia.
Según Herrera, aunque décadas atrás el racismo se expresaba de manera más directa entre sectores urbanos de clase media y población indígena, hoy adopta formas más complejas y vinculadas al clasismo.
Explicó que parte de la población tiende a minimizar o deslegitimar las necesidades de los sectores populares, especialmente cuando las protestas afectan la movilidad, la tranquilidad o las actividades económicas de las ciudades.
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