La Paz, 01 de abril de 2026 (AND).- La educación superior en Bolivia atraviesa un punto de inflexión. En respuesta a los cambios tecnológicos y a un mercado laboral cada vez más exigente, la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) impulsa un modelo educativo que rompe con lo tradicional y apuesta por una formación conectada con la realidad profesional.
La propuesta combina flexibilidad, aprendizaje práctico y desarrollo de competencias, con un objetivo claro: formar profesionales capaces de adaptarse, innovar y liderar en entornos dinámicos.
Para Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional, esta transformación va más allá del aula. “Somos agentes de transformación de la sociedad. Estamos convencidos de que cada esfuerzo educativo que impulsamos permitirá que nuestros estudiantes no solo se formen, sino que se desarrollen plenamente y se conviertan en los agentes de cambio que el país necesita”, puntualiza.
Uno de los cambios centrales es la incorporación de proyectos integradores desde el inicio de la carrera. A lo largo de toda su formación, los estudiantes desarrollan soluciones a problemas reales, articulando conocimientos de distintas áreas. A esto se suman menciones de especialización y microcredenciales, certificaciones específicas que permiten fortalecer el perfil profesional y acelerar la inserción laboral incluso antes de egresar.
De la teoría a la acción
Durante décadas, la educación universitaria estuvo enfocada en la transmisión de contenidos. Hoy, ese modelo resulta insuficiente. El enfoque de Unifranz propone una experiencia formativa centrada en el estudiante, donde aprender implica aplicar, analizar y resolver.
Pedro Sáenz, vicerrector en La Paz, asegura que el cambio es imprescindible: “si queremos tener resultados diferentes en términos educativos, tenemos que hacer las cosas de manera diferente”. Bajo esta lógica, el aula se transforma en un espacio de integración de saberes, donde la teoría cobra sentido al ser aplicada en contextos reales.
Este enfoque rompe con la fragmentación del conocimiento y promueve un aprendizaje conectado, capaz de generar soluciones pertinentes frente a los desafíos actuales.
Flexibilidad y formación con proyección global
El modelo también apuesta por la personalización. Los estudiantes pueden diseñar hasta un 20% de su trayectoria académica según sus intereses, construyendo un perfil alineado a sus metas profesionales. Esta flexibilidad se complementa con una formación pertinente y con estándares internacionales.
“El estudiante aprende a aprender y desarrolla las competencias para resolver cualquier desafío al que se enfrente no solo en el momento en que se integre al entorno profesional, sino en todos los momentos de la etapa de su vida a través del aprendizaje”, explica Montaño.
Además, la formación no se limita al tiempo universitario. El modelo incorpora procesos de aprendizaje continuo, como el upskilling y reskilling, que permiten a los profesionales mantenerse actualizados. “Esto permitirá que el estudiante se mantenga actualizado frente a las tendencias de su disciplina, fortalezca sus capacidades como un ser humano integral y pueda participar de manera competitiva y colaborativa en distintos entornos, no solo a nivel local, sino también regional e internacional”, añade.
Evaluar para aprender mejor
Otro de los pilares es la transformación en la evaluación. El modelo deja atrás los exámenes memorísticos y prioriza la medición de competencias a través de hitos que evidencian el progreso del estudiante. Así, se valora lo que es capaz de hacer, no solo lo que puede recordar.
Con esta propuesta, Unifranz no solo responde a las demandas actuales, sino que anticipa el futuro de la educación. Su modelo conecta conocimiento, experiencia y empleabilidad, consolidando una formación donde aprender significa hacer, adaptarse y generar impacto real en la sociedad.
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