La Paz, 12 de marzo de 2026 (AND).- El cambio climático se ha convertido en uno de los principales motores de transformación económica a nivel global. Sus efectos ya no se limitan al ámbito ambiental, sino que comienzan a reflejarse en variables clave como la productividad, los ingresos y el empleo.
El informe “Empleos en un clima cambiante” del Banco Mundial advierte que, en países de renta baja y media, las pérdidas económicas asociadas al cambio climático podrían alcanzar hasta el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) hacia 2050 si no se adoptan medidas de adaptación. En ese escenario, millones de trabajadores podrían ver comprometidas sus fuentes de ingreso. Sin embargo, el mismo documento plantea un horizonte diferente: las políticas de resiliencia climática podrían proteger o generar hasta 149 millones de empleos.
Desde el Observatorio Nacional del Trabajo (ONT) en Bolivia, centro de pensamiento estratégico de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el análisis del informe destaca precisamente ese potencial de transformación. Ronald Bedregal, responsable del ONT, señala que la crisis climática también puede convertirse en una oportunidad para modernizar el mercado laboral.
“La resiliencia climática debe entenderse como una estrategia de generación de empleo y no únicamente como una política ambiental”, afirma Bedregal. A su juicio, el informe del Banco Mundial “ofrece una hoja de ruta clara para que economías vulnerables transformen el riesgo en oportunidad”.
El organismo internacional analizó 93 economías y estima que, sin intervenciones de adaptación, hasta 260 millones de empleos podrían verse afectados en países de ingresos bajos y medios. No obstante, el estudio también indica que las inversiones en infraestructura resiliente, prácticas agrícolas sostenibles y planificación urbana adecuada podrían reducir entre 4% y 5% las pérdidas de ingresos laborales incluso en escenarios climáticos adversos.
Para el Observatorio, esta evidencia refuerza la importancia de actuar con anticipación. “Invertir hoy en adaptación significa proteger ingresos mañana”, señaló Bedregal. En Bolivia, donde sectores como la agricultura y la minería concentran una parte significativa del empleo y son particularmente sensibles a fenómenos como sequías e inundaciones, la planificación adquiere un valor estratégico.
El análisis del ONT también destaca que la transición hacia economías con bajas emisiones no necesariamente implica una pérdida neta de empleo. Aunque algunos sectores intensivos en carbono podrían enfrentar ajustes, otros vinculados a energías renovables, gestión ambiental y economía circular muestran un alto potencial de crecimiento.
“Estamos frente a una transformación estructural del mercado laboral”, explicó Bedregal. “No se trata de sustituir empleos, sino de reconvertir capacidades y preparar a la fuerza laboral para nuevas demandas productivas”.
En un país con elevados niveles de informalidad, integrar la resiliencia climática en las políticas laborales también podría contribuir a cerrar brechas estructurales. El ONT plantea que la transición verde puede articularse con procesos de formalización, capacitación técnica y desarrollo de competencias digitales.
“El cambio climático redefine las reglas del empleo, pero también acelera innovaciones que pueden dinamizar sectores emergentes”, sostiene Bedregal. Según el Observatorio, la creciente demanda de habilidades tecnológicas y verdes abre oportunidades tanto para jóvenes como para trabajadores que buscan procesos de reconversión laboral.
El informe del Banco Mundial añade que, bajo trayectorias de bajas emisiones, los impactos agregados en ingresos laborales serían moderados hacia 2030, aunque con diferencias importantes entre sectores. Para el ONT, este panorama refuerza la necesidad de políticas complementarias como programas de reentrenamiento laboral y mecanismos de protección social.
“Si gestionamos la transición con visión estratégica, Bolivia puede fortalecer su mercado laboral en lugar de debilitarlo”, afirma Bedregal. “El desafío climático no solo implica adaptación, sino modernización productiva”.
Desde esta perspectiva, el debate sobre el cambio climático ya no se limita a los riesgos ambientales. También abre una discusión sobre la capacidad de las economías para transformar la crisis en oportunidades de desarrollo y empleo sostenible. Para el ONT, la resiliencia climática puede convertirse en un motor de crecimiento y generación de trabajo si se integra de manera decidida en la planificación económica.
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