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Innovación y Educación

Juventud y empleo: el desafío de romper la barrera de la experiencia

Este modelo apuesta por una formación integral que combina teoría y práctica a través de proyectos con empresas, pasantías estructuradas y actividades aplicadas. El objetivo es claro: que los estudiantes egresen con experiencia.
25 de marzo, 2026 - 09:47
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Las convocatorias laborales evidencian esta problemática: perfiles junior con requisitos senior.  Foto: Unifranz
Las convocatorias laborales evidencian esta problemática: perfiles junior con requisitos senior. Foto: Unifranz

La Paz, 25 de marzo de 2026 (AND).- Para miles de egresados universitarios, dar el primer paso en el mundo laboral se ha convertido en un desafío estructural. Aunque cuentan con formación académica, se enfrentan a un mercado que exige experiencia previa como requisito indispensable, cerrando así las puertas a quienes recién comienzan.

“La exigencia de entre 1 y 5 años de experiencia previa constituye una barrera de entrada estructural que debemos atender de manera coordinada entre Estado, empresas y universidades”, afirma Ronald Bedregal, director de la carrera de Ingeniería Económica en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

Las convocatorias laborales evidencian esta problemática: perfiles junior con requisitos senior. Desde el Observatorio Nacional del Trabajo, Bedregal advierte que “sin mecanismos que faciliten el tránsito de la formación académica al empleo, los egresados seguirán enfrentando dificultades para competir en un mercado que privilegia la práctica sobre el conocimiento teórico”.

A esta realidad se suma otro obstáculo: las pasantías de corta duración, muchas veces sin remuneración ni reconocimiento formal. “Muchas veces no son pagadas… concluyen en dos o tres meses y no se contabilizan como experiencia laboral”, explica Bedregal. Esta dinámica, lejos de facilitar la inserción, prolonga la inestabilidad y limita la construcción de una trayectoria profesional sólida.

En este escenario, la necesidad de actualizar la normativa laboral se vuelve urgente. Regular las pasantías y el trabajo dirigido permitiría reconocer estas experiencias como parte del historial profesional, garantizando condiciones mínimas y promoviendo una transición más equitativa hacia el empleo formal.

Formarse con experiencia: una respuesta desde la academia

Frente a este panorama, el enfoque de “aprender haciendo” se posiciona como una alternativa efectiva para reducir la brecha entre formación y empleo. Incorporar experiencias prácticas durante la etapa universitaria permite a los estudiantes desarrollar habilidades reales y responder mejor a las demandas del mercado.

“Aprender haciendo es esencial, porque permite que los estudiantes desarrollen competencias reales, graduarse con una mentalidad resolutiva y con experiencias que los preparan para integrarse con éxito al mundo laboral”, sostiene Erick Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de Unifranz.

Este modelo apuesta por una formación integral que combina teoría y práctica a través de proyectos con empresas, pasantías estructuradas y actividades aplicadas. El objetivo es claro: que los estudiantes egresen no solo con conocimientos, sino también con experiencia.

La evidencia respalda esta visión. Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestran que quienes adquieren experiencia práctica durante su formación logran insertarse hasta un 30 % más rápido en el mercado laboral.

Además, no toda la experiencia se construye en espacios formales. La participación en ferias académicas, proyectos universitarios o sociedades científicas también fortalece habilidades clave como liderazgo, comunicación y trabajo en equipo.

El reto, sin embargo, no recae en un solo actor. La transformación del sistema exige una articulación entre el sector público, las universidades y el ámbito empresarial. Reconocer el valor del potencial joven, fortalecer la formación práctica y establecer reglas claras son pasos fundamentales.

Hoy, la experiencia funciona como un filtro que excluye. Convertirla en una etapa formativa reconocida podría marcar la diferencia entre una generación limitada por barreras y una impulsada por oportunidades.

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