La Paz, 06 de marzo de 2026 (AND).- Estudiar en otro país ya no es solo un sueño universitario; es una experiencia que redefine proyectos personales y profesionales. En un mundo interconectado, la internacionalización académica se ha convertido en un puente hacia nuevas culturas, metodologías y formas de pensar. No se trata únicamente de cambiar de aula, sino de ampliar horizontes y descubrir nuevas versiones de uno mismo.
Convencida de que formar profesionales globales implica abrir puertas más allá de las fronteras, la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) ha integrado la internacionalización como eje central de su modelo educativo. La movilidad estudiantil, los convenios internacionales y las experiencias multiculturales forman parte de una apuesta sostenida por una educación con mirada global.
Mayte Puña, estudiante de Periodismo, vivió esta transformación durante un semestre en la Universidad Iberoamericana de Puebla, México, gracias al programa Internacionalízate. Para ella, el intercambio fue mucho más que un logro académico.
“La internacionalización te abre muchas puertas, porque te permite conocer personas de distintos países, hacer nuevas amistades y construir una red de contactos que es muy importante para el futuro profesional”, afirma.
En México, Mayte compartió clases con jóvenes de diversas nacionalidades y experimentó nuevas dinámicas de enseñanza. El desafío de adaptarse fortaleció su autonomía y amplió su visión del periodismo.
“No solo aprendí sobre periodismo, también aprendí a convivir con personas de diferentes culturas, a adaptarme y a ver mi carrera desde otra perspectiva”, señala. A su regreso, reconoce que su manera de proyectarse profesionalmente cambió por completo.
Una experiencia similar vive Daner Escobar, estudiante de Ingeniería de Sistemas, quien actualmente realiza un intercambio en la Universidad Anáhuac Cancún. Decidió postular al programa con el objetivo de salir de su zona de confort y enriquecer su formación.
“Quiero aprender diferentes formas de enseñanza, compartir con estudiantes de otros lugares y crecer como persona y como profesional”, explica.
Para Daner, el contacto con otras realidades confirma que la tecnología y la innovación no tienen fronteras. La internacionalización lo prepara para un mercado laboral global, diverso y altamente competitivo.
En el área de la salud, María José Rodríguez, estudiante de Bioquímica y Farmacia, inició un semestre en la Universidad de Boyacá, Colombia. Con entusiasmo, resume el sentido profundo de esta vivencia:
“Me emociona llevar mi cultura y traer de vuelta todo lo aprendido para aplicarlo en mi formación y en mi país”, expresa.
El interés por estas oportunidades crece en un país donde cada vez más jóvenes acceden a la educación superior. Sin embargo, aún existen desafíos estructurales para consolidar una movilidad académica equilibrada. A pesar de ello, el entusiasmo estudiantil no se detiene.
“Iré a México a realizar mi intercambio estudiantil”, señala Jade Choque Chávez, estudiante de Ingeniería de Sistemas. “La parte cultural es algo que me parece muy interesante. Siento intriga de saber cómo serán los estudios allá y cómo me ayudará a desarrollar mis estudios y mi vida personal”, sostiene.
Para María Fernanda Ollé, coordinadora nacional de Movilidad Internacional de Unifranz, el impacto es integral.
“Adquieren una nueva visión de su carrera profesional, aprenden metodologías distintas y generan redes de contactos, amigos y colegas que pueden facilitar futuras oportunidades laborales”, sostiene.
Las autoridades académicas coinciden en que el valor de la internacionalización trasciende lo técnico. Patricia Avilés, directora de la carrera de Bioquímica y Farmacia, destaca que estas experiencias fortalecen la empatía, la comunicación y el pensamiento crítico, competencias esenciales en cualquier profesión.
Con más de 50 convenios internacionales activos y modalidades que incluyen intercambios presenciales, virtuales, clases espejo y doble titulación, Unifranz consolida una política institucional que convierte la internacionalización en parte de su identidad.
Las historias de Mayte, Daner, María José y Jade confirman que cruzar fronteras académicas no solo enriquece el currículo. Transforma la manera de pensar, amplía los sueños y demuestra que el aprendizaje más profundo ocurre cuando el conocimiento se encuentra con el mundo.
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