La Paz, 15 de enero de 2026 (AND).- Un reciente estudio académico analiza cómo la aplicación de límites al apalancamiento financiero ha incidido en los resultados y la capacidad de gestión de riesgos de las entidades financieras en Bolivia. La investigación se centra en el cumplimiento de parámetros regulatorios inspirados en los estándares internacionales de Basilea III y en su impacto sobre la solidez del sistema bancario nacional.
El trabajo fue desarrollado por Demis Vargas, docente de la carrera de Ingeniería Económica de la Universidad Franz Tamayo, y plantea como eje central evaluar “cómo se ha aplicado y cómo ha logrado el sistema financiero boliviano asimilar las recomendaciones que generalmente provienen del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea”.
Bajo el título Aplicación y cumplimiento de los límites de apalancamiento en el sistema financiero boliviano y su implicancia en los resultados de las entidades del sistema financiero nacional, el estudio examina si las recomendaciones del organismo internacional —diseñadas para una adecuada gestión de riesgos— están siendo incorporadas de manera efectiva en el contexto local.
Las normas de Basilea III surgieron tras las crisis financieras globales con el objetivo de fortalecer la regulación bancaria, especialmente a través del control del índice de apalancamiento, un indicador que limita el nivel de endeudamiento de las instituciones financieras. Según Vargas, este punto resulta clave para evaluar la capacidad del sistema financiero de enfrentar escenarios adversos, ya sean crisis globales o shocks de carácter local.
“El aporte de esta investigación está en conocer qué tan sólido puede ser nuestro sistema financiero en eventuales crisis. Lo importante es saber qué tan preparado y qué tan adverso al riesgo es una entidad bancaria y cuál podría ser el impacto”, explica el investigador.
El apalancamiento, entendido como el uso de recursos de terceros para financiar operaciones, permite a los bancos ampliar su capacidad operativa, pero también incrementa su exposición al riesgo. Por ello, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea promueve límites prudenciales orientados a proteger la estabilidad de los sistemas financieros a nivel mundial.
Uno de los hallazgos centrales del estudio es que Bolivia aplica criterios más conservadores que los estándares internacionales. Mientras Basilea III establece un límite de apalancamiento del 4,5% más un colchón patrimonial del 2,5% —alrededor del 7%—, el Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP) exigido en Bolivia alcanza el 10%.
“Vemos que Bolivia aplica una política mucho más conservadora. Esto actúa como un escudo ante posibles crisis”, destaca Vargas. Esta prudencia regulatoria, añade, ha obligado a las entidades financieras a adoptar perfiles de riesgo moderados, lo que puede limitar ganancias de corto plazo, pero fortalece la sostenibilidad del sistema en el largo plazo.
El análisis también evidencia que, desde 2013, este marco más riguroso ha tenido un impacto directo en los resultados de las entidades financieras, que han debido ajustar sus estrategias a un entorno regulatorio más exigente.
“En la política boliviana se está utilizando un perfil de riesgo mucho más conservador que el internacional, y eso son buenas noticias, porque termina siendo una protección frente a crisis futuras”, subraya el académico.
No obstante, Vargas advierte que estas políticas deben revisarse de manera constante. “El entorno financiero es dinámico, y lo que hoy funciona podría necesitar ajustes mañana. La vigilancia permanente es clave para mantener la estabilidad”, concluye.
El estudio aporta así a la comprensión técnica y pública de cómo las regulaciones financieras inciden en la estabilidad económica del país y en la capacidad del sistema bancario para enfrentar escenarios de incertidumbre.
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