La Paz, 26 de marzo de 2026 (AND).- Detrás de cada camiseta, cada estadio lleno y cada celebración colectiva, hay algo más que entusiasmo: existe una estrategia cuidadosamente diseñada. El marketing deportivo se ha consolidado como una herramienta clave para conectar marcas con audiencias a partir de uno de los vínculos más poderosos: la emoción.
Para Marcelo Revollo, docente de la carrera de Publicidad y Marketing de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), esta disciplina trasciende la promoción convencional.
“Es una rama del marketing que engloba un conjunto de acciones orientadas a capitalizar las emociones y la pasión que despiertan los hinchas hacia un club o una entidad deportiva”, explica. Y ese vínculo no es superficial: “Se genera una conexión entre aficionados, marcas y organizaciones deportivas basada en la lealtad y el sentido de pertenencia”, añade.
En este escenario, el deporte se convierte en un espacio donde las marcas no solo buscan visibilidad, sino también construir relaciones duraderas. Desde el merchandising hasta el patrocinio de grandes eventos, todo forma parte de un ecosistema que articula experiencias y emociones.
“El marketing deportivo abarca un amplio espectro de acciones que conectan a las marcas con las audiencias”, señala Revollo.
El fútbol y el poder de la identidad
Dentro de este universo, el fútbol destaca como el principal motor emocional. Su capacidad para movilizar sentimientos intensos —desde la esperanza hasta la fidelidad incondicional— lo convierte en un terreno ideal para las estrategias de marca.
“Las marcas buscan acompañar constantemente a sus audiencias en la relación que mantienen con sus clubes, generando una especie de simbiosis entre marca, hincha y equipo”, afirma Revollo.
Sin embargo, en Bolivia este potencial aún no ha sido plenamente aprovechado. “Se percibe un renovado interés y una reactivación de la fe en la selección, lo que ha comenzado a ser aprovechado por algunas marcas, aunque todavía no se logra capitalizar plenamente”, sostiene. Aun así, identifica oportunidades en el creciente entusiasmo de las nuevas generaciones.
Más allá de la venta: conectar desde la emoción
Desde otra perspectiva, Marcell Bueno, también docente en la carrera de Publicidad y Marketing en Unifranz, coincide en que el deporte funciona como una poderosa plataforma de comunicación.
“Promociona productos, marcas, personas y eventos a través del deporte como medio principal”, explica, destacando que su alcance va más allá de lo comercial y se extiende a lo social, institucional y digital.
El componente emocional es, según Bueno, el núcleo de toda estrategia efectiva. “El marketing deportivo apela al nivel emocional del público como principal satisfactor”, señala. En el caso del fútbol, esta conexión se construye desde edades tempranas, alimentada por símbolos, relatos y aspiraciones colectivas. “Se cultivan ideas como ‘Bolivia en el Mundial’, lo que hace que las marcas se sumen a ese mensaje como parte de una propuesta de valor”, agrega.
Estudios como la tesis de Edgar Machicado sobre el comportamiento del consumidor deportivo respaldan esta visión: las decisiones de los fanáticos no responden únicamente a la lógica, sino también a factores psicológicos y sociales como la búsqueda de pertenencia, emoción y escape.
En este contexto, el marketing deportivo deja de centrarse solo en la venta de productos o entradas. Se transforma en una disciplina que combina análisis, creatividad y comprensión del comportamiento humano para generar experiencias memorables.
Así, mientras el espectáculo ocurre en la cancha, el verdadero partido se juega en otro terreno: en la mente y el corazón de los fanáticos, donde las marcas encuentran su mayor oportunidad.
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