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Innovación y Educación

Bioceldas que convierten basura en energía: estudiantes apuestan por electricidad limpia desde los residuos

Estudiantes de la Universidad Franz Tamayo desarrollaron y prototiparon una biocelda capaz de generar energía a partir de residuos orgánicos y bacterias, una especie de laboratorio vivo que transforma desechos en electricidad limpia.
21 de febrero, 2026 - 12:49
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El proyecto plantea una solución doble: manejo de basura y acceso energético, especialmente en zonas con cobertura limitada.   Foto: Unifranz
El proyecto plantea una solución doble: manejo de basura y acceso energético, especialmente en zonas con cobertura limitada. Foto: Unifranz

La Paz, 21 de febrero de 2026 (AND).- Cada año, Bolivia genera alrededor de 1,7 millones de toneladas de basura. El 67% proviene de las áreas urbanas de Santa Cruz, El Alto y La Paz, donde la recolección y el tratamiento de residuos no siempre logran contener un problema que crece a la par de las ciudades. Lo que para muchos es una crisis ambiental, para un grupo de jóvenes se convirtió en una oportunidad para innovar.

Estudiantes de la Universidad Franz Tamayo desarrollaron y prototiparon una biocelda capaz de generar energía a partir de residuos orgánicos y bacterias, una especie de laboratorio vivo que transforma desechos en electricidad limpia. El proyecto plantea una solución doble: manejo de basura y acceso energético, especialmente en zonas con cobertura limitada.

“Hemos identificado dos problemas, uno la basura, pero también la falta de energía, especialmente en las áreas dispersas. Parecen dos problemas separados, pero pueden tener una sola solución: las bioceldas. Podemos entenderlas como una batería viviente”, explica Nyah Leigue Canedo, integrante del equipo.

El grupo está conformado por David Uruchi Condori, Milenka Chuquimia Osco, Carlos Ramos Machicado y Nyah Leigue Canedo. La iniciativa fue uno de los seis prototipos desarrollados durante el Workshop Fab Lab del Futures Week 2025, realizado en La Paz entre el 10 y el 13 de noviembre, un espacio de innovación que reunió a equipos multidisciplinarios para diseñar soluciones tecnológicas y sostenibles.

Un problema que se acumula

Los residuos orgánicos —restos de comida y desechos biodegradables— terminan a diario en vertederos saturados, donde contaminan suelos, cursos de agua y liberan gases de efecto invernadero. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2023 se recolectaron 1.659.461 toneladas de residuos sólidos en las nueve capitales del país y El Alto. Santa Cruz concentró el 36% del total, seguida por El Alto (17%) y La Paz (13%).

La mayor parte de la basura proviene de los hogares (85%) y de mercados y actividades comerciales de alto tráfico. “Además de ello, en varias zonas periurbanas hay problemas con la recolección. Muchos de los desechos acaban siendo quemados o echados a los lechos de ríos, generando un problema de contaminación serio”, advierte Milenka Chuquimia Osco.

Una batería viva

“Lo que hoy tiramos podría encender mañana una luz”, resumen los estudiantes. La biocelda que diseñaron se basa en el principio de las celdas de combustible microbianas, donde bacterias anaeróbicas descomponen materia orgánica y liberan electrones que luego se transforman en energía eléctrica.

“Es una combinación de agua, residuos orgánicos y bacterias. Todo junto crea un mini ecosistema que transforma la basura en energía”, explica Carlos Ramos Machicado. El prototipo utiliza materiales como hilo de cobre, carbón, soda cáustica e hierro, integrados en un sistema dividido en dos cámaras separadas por una membrana de intercambio de protones.

Sensores de pH y temperatura permiten monitorear en tiempo real el proceso biológico, mientras un panel digital muestra la energía generada. El diseño de los electrodos optimiza el rendimiento y demuestra que incluso residuos comunes pueden tener un valor energético si se los canaliza de manera adecuada.

Más allá del laboratorio

El proyecto no fue pensado solo como un experimento académico. La biocelda fue diseñada como una caja portátil, capaz de ser utilizada en escuelas, barrios o centros comunitarios, con un enfoque educativo y de sensibilización ambiental. También abre la puerta a programas piloto que integren gestión de residuos y producción energética a pequeña escala.

Para los estudiantes, el prototipo es una prueba de concepto con potencial de mejora y escalabilidad. “Este pequeño dispositivo demuestra algo extraordinario: que la basura puede iluminar, enseñar y limpiar”, señalan.

Quizá, en un futuro cercano, parte de la energía que ilumine las ciudades provenga de aquello que hoy se descarta. Proyectos como este muestran que la innovación juvenil puede replantear problemas estructurales y convertirlos en soluciones sostenibles.

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