La Paz, 8 de abril de 2026 (AND).- En un contexto donde el saber ya no alcanza, las universidades enfrentan el reto de formar profesionales capaces de aplicar, resolver y adaptarse. Bajo esa premisa, la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) impulsa un modelo educativo que deja atrás la memorización y apuesta por la práctica como eje del aprendizaje: el “aprender haciendo”.
La propuesta transforma la dinámica tradicional del aula y el rol del estudiante. Para Eva Foronda, decana académica de Unifranz, el cambio es profundo y necesario.
“El aprender haciendo coloca al estudiante en el centro del modelo educativo. Lo transforma en el protagonista de su aprendizaje. Ya no solo escucha en el aula, sino que participa activamente y construye conocimiento a partir de la experiencia”, destaca la académica.
Desde el primer semestre, los estudiantes trabajan con problemas y casos reales, lo que les permite desarrollar habilidades prácticas desde etapas tempranas. Este enfoque rompe con el esquema tradicional que pospone la experiencia hasta los últimos años de formación.
La evaluación también evoluciona. Los exámenes memorísticos ceden espacio a proyectos, estudios de caso y simulaciones que permiten medir el desempeño de manera integral.
“Esto nos permite medir su nivel de competencias, su pensamiento crítico, su capacidad de análisis y, sobre todo, cómo aplica sus conocimientos en situaciones reales”, sostiene Foronda.
En el corazón de esta metodología están los proyectos integradores, que articulan distintas materias en torno a desafíos concretos. Estos espacios no solo evalúan, sino que impulsan la toma de decisiones y la aplicación de conocimientos.
“Los proyectos integradores vinculan al estudiante con problemas reales desde distintas áreas de su formación. No solo evalúan, sino que permiten aplicar conocimientos, desarrollar habilidades y tomar decisiones. Es un proceso donde el estudiante aprende haciendo y demuestra lo que sabe haciendo”, afirma.
El impacto va más allá del aula. Este modelo fortalece la empleabilidad al formar perfiles alineados con las demandas del mercado laboral.
“Nuestro sistema no mide solo conocimiento. Mide habilidades, pensamiento crítico, capacidad de análisis y trabajo en equipo. No formamos únicamente profesionales, formamos personas que sepan pensar y que puedan transformar su comunidad”, enfatiza la autoridad académica.
Así, la educación basada en la práctica deja de ser una innovación para convertirse en una necesidad. Una transformación que no solo responde a tendencias globales, sino que plantea soluciones concretas a los desafíos locales.
Porque, como concluye Foronda, “cuando cambiamos la forma de aprender, cambiamos la forma de construir el futuro”.
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