Tor Vegata, 3 de agosto de 2025 (Vatican News). - En su homilía de la Santa Misa de clausura del Jubileo de los Jóvenes, el Papa León XIV aseguró que el verdadero sabor de la vida no depende de lo que uno acumula ni de lo que posee, sino de lo que se acoge y se comparte con alegría, porque el amor de Dios ha sido derramado en sus corazones.
Más de un millón de jóvenes, unos 7 mil sacerdotes, más de 450 obispos, provenientes de todo el mundo, pertenecientes a diversas culturas, participaron en la celebración eucarística presidida por el Santo Padre, en Tor Vergata, con la que se cierra una semana de encuentros, cantos, reconciliación y oración.
“Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las cosas celestiales, para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, sólo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia, de perdón y de paz, como los de Cristo”, dijo el Pontífice.
Durante varios días, jóvenes de diferentes países compartieron conocimientos, expectativas, recibieron el perdón de Dios y le pidieron su ayuda para una vida buena. Días en los que las inquietudes que llevan a muchos jóvenes a preguntarse “¿qué es realmente la felicidad? ¿Cuál es el verdadero sabor de la vida? ¿qué es lo que nos libera de los pantanos del sinsentido, del aburrimiento y de la mediocridad?”.
La esperanza no quedará defraudada
León XIV aseguró que solo en Dios, comprendemos cada vez mejor lo que significa que “la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”.
“Queridos jóvenes, nuestra esperanza es Jesús”, afirmó el Pontífice, al invitar a todos a mantenerse unidos a Él, a permanecer en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente y la caridad generosa, poniendo como ejemplo a los beatos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que pronto serán proclamados santos.
“Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor”.
Cristo cambia nuestra existencia
“Es el encuentro con Cristo Resucitado lo que cambia nuestra existencia, lo que ilumina nuestros afectos, deseos y pensamientos”, explicó el Papa, al inicio de su homilía, tomando como referencia el Libro de Qoelet, que advierte que “todo es vanidad” y que cada hombre deberá dejar lo que ha acumulado, para recordar la «finitud de las cosas que pasan».
Seguidamente, el Santo Padre recordó que el Salmo 90 también “nos propone la imagen de la hierba que brota; por la mañana florece” y luego “por la tarde, es segada y se seca”. Son dos referencias fuertes, “quizá un poco impactantes”- aseguró León XIV-, pero que no deben asustarnos, “como si fueran argumentos ‘tabú’, que se deben evitar", pues “la fragilidad de la que hablan, en efecto, forma parte de la maravilla que somos”. De hecho, advierte el Pontífice, la naturaleza se regenera constantemente, de sus debilidades, sequías donde los tallos delgados se rompen y secan, inviernos vulnerables en los que todo parece muerto, para luego en primavera renacer “en mil colores”.
Abrir el alma a Dios
Escuchar es para el Papa abrirnos “a la ventana del encuentro con Dios”, que “nos espera”, que “llama amablemente a la puerta de nuestra alma" y “abrirle de par en par el corazón, permitirle entrar, para después aventurarnos con Él hacia los espacios eternos del infinito”. Y recordando a San Agustín quien decía que “el objeto de nuestra esperanza no es la tierra, ni algo que proviene de ella como el oro, la plata, la cosecha, el agua, sino que hay que buscar a quien las ha hecho, “porque Él es tu esperanza”.
El Papa León encomendó a María, la Virgen de la esperanza a los miles de jóvenes presentes en Tor Vergata, para que, con su ayuda, al regresar a sus países en los próximos días sigan caminando con alegría tras las huellas del Salvador, y contagien a los que encuentren con el entusiasmo y el testimonio de su fe.
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