La Paz, 11 de diciembre de 2025 (ANF).- El mercado del cemento en Bolivia logró sostenerse pese a un contexto económico adverso, pero la industria arrastra un fuerte impacto por el incremento de costos y la escasez de divisas. Así lo afirmó Francisco Shwortshik, CEO de Soboce, quien explicó que el sector de la construcción mostró una “notable resistencia” incluso en los momentos más críticos, aunque la estabilidad del mercado no evitó pérdidas significativas para las empresas del rubro.
Shwortshik destacó que la demanda de cemento mantuvo un comportamiento estable durante los últimos años. Señaló que, en términos generales, el sector de la construcción creció entre 1% y 2% incluso en tiempos de crisis, un ritmo que Soboce logró acompañar.
“Estamos terminando la gestión 2025 en equilibrio”, afirmó, al señalar que este desempeño se alinea con el comportamiento del mercado nacional, que anualmente consume alrededor de 4,1 millones de toneladas.
Uno de los factores que permitió sostener la demanda fue el incremento de la autoconstrucción. Según Shwortshik, en épocas de incertidumbre económica las familias suelen resguardar sus ahorros invirtiéndolos en vivienda, una decisión que garantiza revalorización a largo plazo. Sin embargo, el último trimestre de 2025 marcó una caída en el consumo de cemento, que atribuyó a “temas de expectativas, cambio de gobierno y varias cosas”. Pese a ello, prevé que la demanda repunte a partir de enero.
En el panorama competitivo, Soboce se mantiene como líder del mercado boliviano con una participación de entre 45% y 47%. Pero, según su CEO, este liderazgo no ha estado exento de dificultades, especialmente por el efecto de la crisis cambiaria y los costos operativos. “La crisis golpeó muy fuerte a la industria”, afirmó a la consulta de ANF, recordando que en 2022 la empresa registró pérdidas de 22 millones de dólares.
El acceso a divisas continúa siendo uno de los problemas más graves para la industria cementera, altamente dependiente de la importación de insumos y repuestos. Shwortshik explicó que Soboce necesita entre 30 y 40 millones de dólares al año únicamente para mantener sus hornos funcionando. Comprar dólares a un tipo de cambio elevado, añadió, incrementó sensiblemente las pérdidas durante la crisis.
A ello se suma un aumento drástico en los costos de operación. Los gastos de distribución crecieron más del 50% debido al precio del diésel y al encarecimiento del dólar en el mercado paralelo. Esta presión llevó a un ajuste de precios: “La única forma de sostener la industria fue subir el precio, pues la inflación interna estaba entre 15% y 25%”.
Aun así, aclaró que el incremento solo permitió recuperar niveles de precio previos a la crisis. En contraste, el contrabando disminuyó porque la caída del tipo de cambio restó competitividad a las exportaciones informales hacia Perú y Argentina.
Más allá de la coyuntura económica, Shwortshik identificó un problema estructural que amenaza la sostenibilidad del sector: la sobrecapacidad instalada. En Bolivia, explicó, la capacidad de producción es casi el doble de la demanda, lo que genera una presión permanente sobre los precios y dificulta la estabilidad financiera de las empresas. “Si no se mantiene una industria cementera sana, acorde al nivel de costos y que aporte al desarrollo de infraestructura, los países en vías de desarrollo no crecen”, advirtió.
Pese a que la caída del dólar ofrece cierto alivio, el ejecutivo señaló que no es suficiente para revertir las pérdidas acumuladas. Para él, el desafío del sector pasa por enfrentar tanto la coyuntura económica como las distorsiones estructurales del mercado. Sólo así —remarcó— se podrá garantizar que la industria siga contribuyendo al desarrollo del país.
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