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Derechos humanos

Académicos y periodistas advierten que el racismo se naturaliza desde la cobertura mediática

Bravo señaló que términos como “hordas salvajes” u “ovejas” son empleados para deshumanizar a quienes participan en protestas sociales, reduciéndolos simbólicamente a un estado animal y negándoles capacidad de pensamiento propio.
25 de mayo, 2026 - 13:23
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Foto referencial: captura de video
Foto referencial: captura de video

La Paz, 25 de mayo de 2026 (ANF).- Académicos y periodistas coincidieron en advertir que el racismo en Bolivia no solo persiste en el discurso público, sino que también se reproduce y normaliza desde la cobertura mediática y las plataformas digitales, donde determinados sectores sociales son representados como amenazas, irracionales o inferiores. Las reflexiones fueron expuestas durante el conversatorio realizado el 24 de mayo en conmemoración del Día nacional contra el racismo y toda forma de discriminación.

Durante el encuentro, la directora ejecutiva del Instituto de Terapia e Investigación sobre las secuelas de la Tortura y la violencia de Estado (ITEI), Emma Bravo, sostuvo que el lenguaje utilizado en ciertos espacios mediáticos responde a una estrategia política destinada a deslegitimar las demandas de sectores indígenas y populares.

Bravo señaló que términos como “hordas salvajes” u “ovejas” son empleados para deshumanizar a quienes participan en protestas sociales, reduciéndolos simbólicamente a un estado animal y negándoles capacidad de pensamiento propio. A su juicio, estas expresiones buscan instalar la idea de que los movilizados actúan únicamente bajo órdenes de dirigentes políticos y no por convicciones propias.

La investigadora cuestionó además que este tipo de discursos no provengan únicamente de actores políticos, sino también de intelectuales y figuras académicas que, según afirmó, continúan reproduciendo una mirada colonial hacia la población indígena y campesina. En ese sentido, lamentó que todavía se trate a estos sectores como si fueran “pongos” analfabetos, desconociendo la legitimidad y racionalidad de sus demandas sociales.

Bravo también relacionó el recrudecimiento del racismo con los cambios políticos y sociales ocurridos en las últimas décadas en Bolivia. Consideró que la presencia de liderazgos indígenas en espacios históricamente reservados para las élites tradicionales generó una reacción de rechazo en determinados sectores sociales y mediáticos.

Por su parte, el director de contenido de la Fundación Zera Bolivia, Juan Pablo Vargas, advirtió que muchos medios operan bajo una lógica de “manufactura del consenso”, mediante la cual se naturalizan determinadas visiones racistas de la realidad nacional.

Según Vargas, la permanencia de figuras mediáticas vinculadas anteriormente a expresiones discriminatorias en espacios informativos de alcance nacional tiene un efecto pedagógico negativo sobre la audiencia, porque contribuye a legitimar prejuicios y sesgos raciales como parte aceptable del debate público.

El analista observó además un tratamiento desigual de la violencia dependiendo del actor involucrado. Mientras las acciones de sectores populares suelen ser rápidamente criminalizadas y calificadas como violentas, dijo, otras formas de violencia estructural y racista presentes en instituciones educativas, sociales o políticas son minimizadas o invisibilizadas.

Vargas sostuvo que el incremento de discursos de odio en medios y redes sociales responde también a una reacción frente al proceso de construcción del Estado Plurinacional y a los intentos de consolidar una identidad nacional con fuerte presencia indígena.

La periodista y directora de Adich Radio 100.6 FM en Sucre, Zulema Paniagua, coincidió en que el periodismo no actúa desde una posición “neutral”, sino que forma parte de una disputa de poder en la que determinados grupos buscan imponer una visión específica de la realidad.

Paniagua afirmó que los sectores que controlan grandes medios de comunicación construyen narrativas donde el indígena aparece como una amenaza para los privilegios históricos de ciertos grupos sociales. En ese contexto, alertó sobre una transformación preocupante en el tratamiento mediático de la violencia.

Recordó que durante conflictos sociales pasados existía mayor sensibilidad hacia las víctimas, mientras que actualmente proliferan discursos que justifican o incluso celebran agresiones contra personas indígenas y manifestantes. Como ejemplo, mencionó comentarios difundidos en redes sociales que festejan muertes bajo expresiones despectivas como “un Mamani menos”.

Para la periodista, este tipo de mensajes evidencia una fractura profunda del tejido social y demuestra cómo los discursos de odio se han expandido en entornos digitales sin mayores límites ni mecanismos efectivos de contención.

Los participantes coincidieron en que los medios de comunicación tienen una responsabilidad central en la construcción de imaginarios sociales y advirtieron que la repetición constante de discursos discriminatorios termina legitimando prácticas de exclusión y violencia.

/FC/
 

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