La meteórica carrera política de Jaime Dunn rompió esquemas en el escenario nacional, donde fuera de los eternos candidatos opositores no se esperaba mayores sorpresas. Correr el contenido del discurso hacia las reformas estructurales fue uno de los puntos altos de su figura presidenciable, situación que incomodo a los viejos políticos que buscaban simplemente capitalizar el hartazgo de la población para con el MAS y todas sus variantes.
El mensaje era impactante, «Dinamitemos la Aduana Nacional», si bien una expresión figurativa, mostraba el tenor de una figura que no tenia miedo al que dirán, su posición era clara, se tienen que hacer cambios profundos en el Estado boliviano caso contrario la crisis no podrá resolverse. ¿Qué tipo de cambios? Devolverle el sentido al rol del Estado como simple guardián de la justicia y la seguridad dejando espacio para que el privado pueda desarrollar sus actividades y generar así empleo, crecimiento y desarrollo de la mejor manera posible.
Los “Tutos”, Los “Samueles” y Los “Manfreds” proponen planes grandilocuentes con ellos en la cabeza, confían en su experiencia, en sus contactos, en su capacidad de articular a organismos internacionales, inversores extranjeros y empresas multinacionales para fijarse en Bolivia como un buen destino para sus recursos. Lo prometedor no es el partido, la ideología, la visión que proponen al país, es básicamente un caudillismo que sostiene absolutamente todo: candidatos a diputación a senatoria, programa, discurso y retórica.
Probablemente Dunn aventajaba a sus pares en encarnar una renovación con cierta credibilidad, pero adolecía de la inexperiencia requerida para sortear las turbulentas aguas de la política nacional, allá donde dueños de sigla se convierten en verdaderos mercaderes que buscan al mejor postor para alquilar sus espacios de participación en elecciones. Entender los leguleyos de la “tramitología” para obtener las credenciales y acreditarse debidamente sin caer en los cuellos de botella o las garras de funcionarios inescrupulosos que detienen cualquier tipo de aspiración que atente contra el poder consolidado de turno.
Reunirse con varios partidos antes de decidir efectivamente por uno en particular fue un error de cálculo y no así un acto deliberado malintencionado guiado por algún apetito personal. Una persona de su perfil tiene más que perder que ganar al ingresar en el ruedo político, a diferencia de los demás contendientes que han formado parte del mismo en calidad de animadores, protagonistas o simples figuras de influencia los últimos 20 años, acarreando aciertos y fracasos que en muchos casos les han costado varios juicios y persecuciones justificados o no, sirvieron como moneda de cambio para que el poder pueda ejercer un control efectivo sobre su liderazgo y sus aspiraciones políticas.
Un total desconocido en lo político, cuya voz empezó a retumbar haciendo eco de la libertad, aquella que el ciudadano promedio demandaba pero sus lideres políticos de oposición parecían escuchar pero no asumirla como una lucha que se acomode a sus intereses. Se hizo así mismo, no es resultado del privilegio sino del esfuerzo personal, del mérito y de una convicción genuina por pensar en voz alta, sin segundas intenciones, sin buscar congraciarse con nadie, sin ser divertido o causar simpatía. El sistema esta podrido por dentro, el Estado ha crecido tanto en su influencia que se convierte en una amenaza para el ciudadano, que hacer frente a un escenario tan oscuro: primera opción) negociar una transición pacífica con el actual régimen en un escenario democrático para construir una Bolivia inclusiva y representativa o segunda opción) extirpar de raíz la corporación criminal que ha tomado el Estado como mecanismo para institucionalizar sus actos delictivos, desmontando la fachada que el Estado Plurinacional provee a la red de corrupción enquistada en los 3 poderes cuyos actos son fácilmente dirigidos si se paga el precio correcto. La oposición funcional se inclina por la primera, Dunn propone la segunda, en agosto sabremos cual es la opción que termina por imponerse para la mayoría de la ciudadanía.
Independiente del resultado, se puede reconocer a Dunn que la discusión se corriera del infertil y vicioso debate acerca de un cambio en el timón del sistema del estatismo recalcitrante dominado por el sistema corporativo social afín al MAS por un estatismo de la meritocracia guiado por tecnocratas altamente calificados, a uno nuevo. El país ahora debate mal o bien si se le extiende nuevamente un cheque en blanco al Estatismo de izquierda o centro por un Estado reducido que permita al mercado operar en base a reglas claras, un sistema de justicia probo y un marco legal ágil y eficiente.
El autor es economista, presidente de la Fundación Lozanía