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Opinión

El mundo: Perspectivas y “pequeños” propósitos

14 de Agosto, 2025
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La primera ronda de la guerra entre Irán – Israel/Estados Unidos (EEUU) ha dejado consecuencias hacia el futuro inmediato, en la dinámica del mundo. Son consecuencias que se adhieren a las ya emanadas de la guerra rusa – ucraniana. En conjunto, todas aquellas consecuencias determinarán la nueva coyuntura larga, en el plano internacional.

A los preparativos militares, económicos y políticos en el mundo, en la fase a la que hemos ingresado, se articula el tiempo de los “pequeños” propósitos. El actual periodo proyecta de esta manera la configuración estratégica global a partir de los pequeños propósitos. Los preparativos, por su parte, se presentan en los campos militar, político y económico. Junto a ello, también debe considerarse el despunte de bloques de países, en disputa por liderar el nuevo orden mundial que asoma. Lo que para los preparativos de la industria militar debe decirse, es que los países en carrera, disponen más a o menos de las mismas bases tecnológicas. Por lo tanto, empujados por similares urgencias coyunturales, los preparativos conllevan la proyección bélica hacia el futuro, mediante las primeras tendencias que afloran en esta coyuntura. 

El mundo asiste a preparativos guerreristas, en un proceso en el que los actores se mueven dentro de una banda de relativa igualdad tecnológica. Entre las causas que motivan la nueva carrera armamentística, se encuentran las históricas, referidas al periodo de transición de una época a otra, así como las causas inmediatas, surgidas de las guerras en curso, en Europa y en el Medio Oriente. Esta última, en particular, ha actuado como eficaz acelerador, luego de traspié de Israel y EEUU. El cambio del orden mundial en proceso y la preparación de los bloques de países para determinar su curso, constituyen los pretextos para los preparativos. 

Al amparo de esos se preparan los países; algunos formando bloque. Hablamos no únicamente del BRICS, sino también de la UE y, en solitario, de EEUU, cuyos patéticos esfuerzos pretenden evitar la continuidad del proceso internacional, tendiente a desplazarlo como primera potencia. También figura como otro de los motivos, la tecnología. Las guerras han mostrado la no existencia de grandes brechas en la tecnología militar, entre los contendientes, por lo que ahora la carrera armamentística deberá crear una superioridad tecnológica sobre el adversario. Esa idea es un absurdo, ya que la paridad tecnológica general se mantendrá como una constante. Hoy en día el conocimiento es un bien de acceso universal casi ilimitado. Por ello no tiene mayor sentido, ni la pretensión, ni las innovaciones de las plataformas de la industria militar. Todo ello es el comienzo de la siembra de explosivos por el mundo. La ceguera de semejante irresponsabilidad de los principales actores rebasa el ámbito militar, replicándose en el comercio, la política, la economía y la diplomacia. 

En este orden puede considerarse al actual proceso como el del tiempo de los pequeños propósitos. Es el tiempo en el que esos propósitos constituyen las condiciones militares, políticas y económicas, marcando el viento de estos nuestros años. Los propósitos son pequeños, visto desde el proceso general de preparación, pero no desde la consideración específicas de los conflictos bélicos en desarrollo. Los consideramos pequeños no sólo porque convergen con los preparativos a nivel global, sino también porque abonan la creación de las condiciones de posibilidad para la perspectiva de los proyectos guerreristas. La relación entre ambas resulta innegablemente complementaria. 

¿En qué consisten esos pequeños propósitos? ¿Quiénes son sus actores? En lo militar, en las guerras en curso, consisten en lograr los mejores términos posibles, antes de intentar conversaciones exploratorias de paz. En lo diplomático, ampliar la red de acuerdos y apoyos, capaz de posibilidad una favorable cobertura global (algo difícil de lograr a la luz de la lógica guerrerista e imperial prevaleciente en Israel y Rusia). Y en lo económico, en el contexto de las economías de guerra, debilitar aún más a los contrincantes, por medio de sanciones, guerras comerciales y otros. 

Para decirlo sintéticamente; quienes se preparan son las potencias globales de primer orden, seguidas de algunas potencias medias. Todos estos actores convergen, en distintos bloques de países. La situación, sin presentar una dualidad maniquea (Occidente – Oriente, por ejemplo), permite agrupar a los bloques como realidades contrapuestas. Mientras que desde el Occidente -incluso en su franja más aperturista- predomina el criterio de reproducirse como actor central en el nuevo orden emergente, en los otros Estados en juego encontramos diferentes perspectivas estratégicas. En estas turbulentas aguas resulta llamativo el comportamiento chino. 

Aunque miembro del BRICS, aliado de Rusia e Irán, mantiene elevados grados de autonomía con referencia a todos ellos. Su fortaleza no depende de la red diplomática, económica e incluso comercial, sino al revés; puede mantener y alentar dichas redes globales, precisamente debido a su fortaleza económica, diplomática, militar. En este sentido, las alianzas, acuerdos, bloque de países y otros, en los que participa, son funcionales a su política global. Ellas le sirven, no tanto para ampliar su influencia global sino antes, para demostrar solidez. Es un claro y constante mensaje de poder, en este juego que versa sobre el poder global. 

La proyección del BRICS se encuentra en cierta medida condicionada por su articulación a China. Con ello se reconoce, en los países miembros de este bloque, indirectamente la preponderancia china, en el reordenamiento global. De esa manera se complementan los intereses de todos, aun siendo de mayor o menor magnitud. Ello no quiere decir, sin embargo, que no se presenten dinámicas particulares de algunos países como, por ejemplo, Rusia o Irán. Incluso es válido señalar que estas dinámicas pueden mostrar alguna fuerza como para tratar de disputar, en alguno que otro terreno, aquella preponderancia china. 

La carrera armamentista, en la que se encuentra el mundo, es una de las derivaciones de esas dinámicas. Esta carrera acerca a paso seguro al mundo hacia el precipicio. A tal punto predomina la lógica guerrerista, que la política y la diplomacia han quedado relegadas. Por ello resulta una verdadera muestra de sensatez, la decisión anunciada por Canadá de reconocer al Estado palestino. En esta misma saludable línea debe situarse la decisión de Alemania, de suspender el envío de armas a Israel. 

En el fondo, estas decisiones constituyen un mensaje. La misiva parece clara. El tensionamiento en el mundo no puede enfrentarse tensionando la situación aún más. Al contrario; antes de echar más combustible, debe retornarse a la política y la diplomacia, como espacio para que los Estados logren solucionar la disputa, que hoy tiene a casi todos entusiasmados por encontrar mejores formas de destrucción. 

El autor es sociólogo y escritor
 

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