Sociedad

19 de julio de 2020 11:50

Investigador boliviano asegura que el consumo de dióxido de cloro podría ocasionar una catástrofe sanitaria

El ingeniero químico y PhD en Ciencia Naturales, Paul Vargas Jentzsch, considera que aprobar la comercialización de esta sustancia es una acción “altamente irresponsable” por parte del Senado y lamenta que académicos y científicos bolivianos no se manifiesten sobre el uso del dióxido de cloro con fines terapéuticos para el Covid-19 dejando en evidencia un estado de retraso y mediocridad en la comunidad científica del país.

senado La Cámara de Senadores aprobó el proyecto de Ley que autoriza la elaboración, comercialización, suministro y uso de de dióxido de cloro ante la pandemia del Covid-19. Foto. Senado de Bolivia
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La Paz, 19 de julio (ANF).-  Según el investigador boliviano Paul Vargas Jentzsch, en Bolivia podría desencadenarse una ola de contagios a nivel nacional que llevaría a una “catástrofe sanitaria” a consecuencia del consumo de dióxido de cloro (CIO2) como supuesta cura del coronavirus (Covid-19).

El ingeniero químico y PhD en Ciencia Naturales, en entrevista con ANF, aseguró de manera contundente que el dióxido de cloro no cura el Covid-19, tampoco previene su contagio. En esa línea, considera que la aprobación por parte del Senado Boliviano para la comercialización de este compuesto como tratamiento y medida preventiva contra el coronavirus es una acción “altamente irresponsable”.

 “El Senado no valoró de una manera técnica los riesgos. Al parecer, los Senadores no indagaron sobre si tenía o no asidero la teoría de que el dióxido de cloro puede usarse para fines terapéuticos, más bien, solo observaron que la gente desesperada iba a comprar este producto y, en ese contexto, se limitaron a llevar a cabo una acción populista altamente irresponsable”, aseveró.

Además, Vargas Jentzsch afirma que no existe evidencia científica que demuestre que el dióxido de cloro pueda ser usado para curar el Covid-19. En ese sentido, si el dióxido de cloro llegase a ser aprobado por el Ministerio de Salud, Bolivia se convertiría en el único país del mundo en permitir que un desinfectante industrial sea usado como medicamento, lo cual considera “gravísimo y sin precedentes” y con consecuencias para la salud pública.

Nadie que ingiera un desinfectante, y peor si lo hace con regularidad, puede librarse de efectos adversos en diversos órganos. Las consecuencias pueden ser todavía peores si la gente cree que el consumo de este compuesto puede prevenir el contagio, lo cual no es cierto y podemos tener una ola de contagios a nivel nacional que definitivamente cause una catástrofe sanitaria”, señaló.

En reflexión del investigador, si Bolivia fuera un país “normal”, los Senadores habrían convocado a autoridades sanitarias y de control para que expliquen cómo es posible que se permita la venta de soluciones de dióxido de cloro sin autorización sanitaria alguna, y dichos funcionarios estarían enfrentando procesos por incumplimiento de sus deberes.

Asimismo, señala que las farmacias que comercializan actualmente el dióxido de cloro, deberían ser clausuradas y sus propietarios acusados penalmente por atentados a la salud pública. Esta situación, desde su punto de vista, devela un país en total indefensión, con un Estado ausente en medio de un sistema de salud precario.

“Es lamentable lo que sucede en Bolivia. En un país normal, no tendríamos a legisladores nacionales aprobando una ley para la producción de un desinfectante industrial cuyo uso terapéutico no es reconocido en ninguna parte del mundo y tampoco existe evidencia de que se pueda usar para curar el Covid-19 o cualquier otra enfermedad”, dijo.

Vargas Jentzsch, también lamenta que los académicos y científicos bolivianos no se manifiesten sobre el uso del dióxido de cloro con fines terapéuticos dejando en evidencia el retraso y mediocridad en la comunidad científica del país. 

“Es sorprendente cómo académicos y científicos no hayan dicho absolutamente nada para objetar el uso del dióxido de cloro para fines terapéuticos. En mi opinión, su silencio habla del atraso y la mediocridad que tenemos en la comunidad científica del país. Parece que no hay investigación en el país, no hay científicos que puedan levantar su voz, y eso nos va a terminar de condenar”, agregó.

Promotores del dióxido de cloro

El principal promotor para el uso del dióxido de cloro como cura del Covid-19 es conocido como el biofísico alemán Andreas Kalcker, quien promociona este producto por Latinoamérica desde hace varios años asegurando que el beber y/o inyectarse soluciones de dióxido de cloro cura diversas enfermedades como el cáncer, SIDA, diabetes, autismo y, entre ellas, el coronavirus.

Sin embargo, para Paul Vargas Jentzsch no existe sustento científico en las teorías de Kalcker, puesto que las “supuestas” investigaciones de las que habla no tendrían rigor científico ni los pasos necesarios para probar cualquier medicación y se basarían solo en “anécdotas” de curaciones no verificadas, que no pueden ser consideradas como evidencia.

“Yo sugeriría a aquellas personas que, en su ingenuidad y desesperación, se ven tentados a creerle, que investiguen quién es este personaje, sobre sus credenciales académicas y su reputación en otros países, si tuvo o no problemas con la justicia”, acota.

Por este motivo, el investigador indica que, para no caer en la creencia de falsos remedios, es necesario entender el curso natural de una infección viral, sino se corre el riesgo de tomar por válidas afirmaciones como que “hay personas que consumieron y se curaron”.  Además, afirma, que la razón por la que se superara la infección producida por un virus de estas características se debe, ante todo, al sistema inmunológico del ser humano. Es decir, el cuerpo humano de manera natural genera anticuerpos que eventualmente terminan curando al paciente, “no por magia ni por algún medicamento milagroso”, señala.

Efectos adversos  

“Básicamente, la gente no sabe que lentamente se está envenenando y puede no darse cuenta hasta que se manifiesten serias e irreversibles complicaciones”, afirma Vargas Jentzsch.

Por tanto, el investigador asegura que según cómo se administre el dióxido de cloro se podrán tener efectos más severos. Si es vía oral, el dióxido de cloro reaccionará rápidamente en el estómago reduciéndose a anión cloruro. Si la administración es intravenosa, el problema sería más serio porque el dióxido de cloro al entrar en contacto directo con la sangre ejerce su acción oxidante sobre cualquier célula o sustancia ahí presente.

Es una falacia la argumentación de que el dióxido de cloro sólo va a atacar a organismos patógenos. El dióxido de cloro no es una molécula “inteligente”, no va a atacar a “células malas” y respetar a “células buenas”, manifestó.

Incluso, resalta que la Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés), una institución de referencia en el mundo sobre la revisión y autorización de medicamentos, publicó en abril de este año una advertencia sobre la comercialización de dióxido de cloro  donde los efectos adversos de su consumo van desde vómitos y diarreas hasta afectaciones severas como la reducción en el conteo de glóbulos rojos en la sangre, daños al hígado y riesgo de muerte debido a baja presión sanguínea y cambios en la actividad eléctrica del corazón.

“Lamentablemente, los bolivianos se han dejado engañar por un charlatán que se atreve a desconocer y subestimar instituciones cuyo trabajo las últimas décadas ha asegurado que tengamos medicamentos seguros y se haya protegido la salud de miles de millones de habitantes”, finalizó.

Paul Vargas Jentzsch es boliviano, nacido en Cochabamba. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) y luego realizó una maestría en Ingeniería Ambiental en esta casa superior de estudios. Fue docente e investigador en la UMSS por algunos años hasta que el año 2008 salió del país para realizar un doctorado. El año 2012 obtuvo su Doctorado en Ciencias Naturales (Doctor rerum naturalium) en la Universidad Friedrich-Schiller de Alemania. Desde hace más de doce años radica en el extranjero y en la actualidad vive en Ecuador, donde trabaja como docente universitario e investigador. Tiene múltiples publicaciones y es revisor habitual para prestigiosas revistas internacionales.

El pasado 15 de julio fue invitado por la Comisión de Fiscalización y Control Político de la Asamblea Nacional del Ecuador junto a cinco investigadores y científicos ecuatorianos de diferentes instituciones de educación superior para compartir sus criterios y conocimientos sobre el uso del dióxido de cloro para tratar y combatir el Covid-19.

En el siguiente video puede ver la intervención de Vargas Jentzsch en ese encuentro virtual:

//CJL



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