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Sociedad

18 de noviembre de 2020 18:22

El bloqueo permisivo en la ruta a Desaguadero: "nunca fuimos de corazón duro"

En el punto de bloqueo, el Jiliri Jach`a Mallku Juan Sánchez, dijo que se permitió que las personas puedan comerciar productos y vender alimentos preparados. Explicó que las autoridades fueron flexibles con las emergencias de salud y con el paso de vehículos.

Inf 3 tapa (1) Ilustración: Sofi Cadena

La Paz, 18 de noviembre (ANF).- Juan Sánchez, Jiliri Jach'a Mallku Cantonal de la Marca Desaguadero, fue uno de los que supervisó puntos de bloqueo, en esa provincia, durante el paro indefinido convocado por la Central Obrera Boliviana (COB) y organizaciones afines al Movimiento Al Socialismo (MAS). Sánchez es una de las máximas autoridades campesinas de esa localidad. Llegó a la entrevista con retraso, acompañado de autoridades campesinas y con un característico poncho rojo.

Sentado frente al periodista, al principio se mostró reacio a las preguntas, pero a medida que avanzaba la entrevista, fue cediendo.
- Don Juan ¿dónde estaba usted cuando se originaron los bloqueos en el mes de agosto? 

Guardó silencio por un momento, y respondió: “estaba supervisando los puntos de bloqueo”. Dijo que la determinación de bloquear llegó desde la Federación de Trabajadores Campesinos de La Paz “Tupaj Katari” por la “inmensa duda” de que se suspendan nuevamente las elecciones generales que, inicialmente, debían realizarse el 3 de mayo. En un principio refirió que todos entendieron que por la pandemia del nuevo coronavirus (Covid-19) no se podían realizar reuniones sociales, pero pasado el tiempo se cansaron de las postergaciones. El Gobierno hizo tres prórrogas. 

El paro indefinido con bloqueo de caminos a nivel nacional empezó el 3 de agosto y esos primeros días las autoridades originarias de Desaguadero instalaron pocos puntos de bloqueo y solo con altos representantes originarios, pero los comunarios decidieron endurecer las medidas. 



Sánchez contó que instruyeron a los Jiliris Mallkus de las 11 comunidades y a la junta de vecinos de Desaguadero bajar a todas sus bases, para reforzar el bloqueo en esa región de tráfico vehicular internacional, de la frontera con el Perú.

Mientras, desde Palacio Quemado, las autoridades de gobierno pretendían descalificar las medidas de presión para debilitarlas y habilitar las vías. El resultado fue que los bloqueos se multiplicaron hasta llegar a 75 en seis de los nueve departamentos de Bolivia. 

Pese a la radicalización de los puntos de bloqueo, no hubo desabastecimiento de alimentos ni de ningún otro insumo de la canasta familiar, dijo Wilfredo Acarapi, alcalde del municipio de Desaguadero, aunque su preocupación era la propagación del Covid-19.

Como primera autoridad del municipio fronterizo, destacó que atendió los requerimientos de salud de la población, principalmente a los infectados por el nuevo coronavirus. Su preocupación era evitar el contagio. Como ciudad colindante con Perú, indicó que desde el primer día pidió a las autoridades del Gobierno nacional aplicar mayores restricciones en la frontera, pero no fue escuchado. El tráfico binacional continuaba. 

Destacó que los 12 días de bloqueos fueron beneficiosos para esa población, debido a que paró todo tipo de comercio y transporte y se evitó muertes y mayores contagios por el virus. Uno de los contagiados fue el presidente de la Federación de Junta de Vecinos de Desaguadero. Estuvo recluido en su vivienda, luchando por su vida contra el coronavirus.

En el punto de bloqueo, el Jiliri Jach`a Mallku Juan Sánchez, dijo que se permitió que las personas puedan comerciar productos y vender alimentos preparados. Explicó que las autoridades fueron flexibles con las emergencias de salud y con el paso de vehículos.

“Muchas veces tuvimos que socorrer a familiares de los transportistas y de las mismas comunidades porque necesitaban atención médica. Cuando ocurría este tipo de emergencias, se instruía a los puntos de bloqueo dejar pasar a esos vehículos hasta que lleguen a un centro médico cercano o hasta la ciudad de La Paz”, señaló.

El dirigente, enfatizó: “nunca fuimos de corazón duro” como dicen en las ciudades. “Cuando faltaban alimentos o algún citadino tenía necesidades básicas en el lugar, se les ayudaba con víveres, una canasta familiar o con lo que faltaba para que nadie pase hambre. Los transportistas, el sector más perjudicado por los bloqueos, también fueron ayudados con alimentación”, expresó el Jiliri Jach`a Mallku. 

Para él, los que más sufrieron por el bloqueo, fueron los campesinos que permanecieron días enteros bajo el frío crudo del altiplano y el calor lacerante del día. Fueron ellos, los bloqueadores, “quienes sintieron más los rigores de las medidas de presión, sin reclamar”. Debían ser pacientes y esperar muchas horas para saber el resultado de las negociaciones entre el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el Gobierno y la dirigencia de la COB.

Mientras los campesinos eran víctimas del clima frio y el calor, la dirigencia, a la cabeza de la COB, llevaba a cabo reuniones con el TSE sin éxito; la dirigencia se negaba a aceptar una fecha impuesta por el Órgano Electoral, y exigían la fecha de elecciones para el 6 de septiembre.

El acuerdo entre el TSE y la bancada del MAS en el Legislativo, que fijó como nueva fecha de elecciones el 18 de octubre, causó desazón entre los movilizados. La dirigencia de la COB y el Pacto de Unidad se sintieron traicionados por los legisladores del MAS, por una decisión que no fue consultada a las bases.

Los bloqueos fueron levantados paulatinamente. Había algunos que querían continuar. 

Durante ese tiempo, Sánchez dijo que siempre hubo temor de que militares y policías intervengan los bloqueos, incluso por parte de aquellos efectivos que resguardaban el convoy de oxígeno, temían consecuencias fatales, pero todo se calmó con la Ley modificatoria de las elecciones 2020 que fijó la fecha inalterable para los comicios.

/ANF/





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