La Paz, 5 de febrero de 2026 (AND).- Ejercer la medicina va mucho más allá de dominar diagnósticos y tratamientos. En un contexto marcado por la sobrecarga institucional, la tecnificación del sistema de salud y la distancia creciente entre médico y paciente, recuperar la vocación, la ética y el humanismo se vuelve una tarea urgente. Ser médico implica, ante todo, comprender al otro, escuchar su historia y acompañarlo en su proceso de sanación, poniendo el conocimiento científico al servicio de la dignidad humana.
“El escoger la medicina es una decisión muy personal, es una decisión que afronta muchas responsabilidades, sobre todo teniendo la convicción y la voluntad de servir a los demás y estar predispuesto a la gente”, afirma el doctor Andrés Bellido, médico pediatra.
Con esa premisa, Bellido participó como invitado principal en la IV Feria de Empleabilidad de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), realizada a fines de 2025 en la ciudad de La Paz. En ese espacio dictó el taller “Más allá del título: el camino hacia una carrera médica con propósito”, donde compartió su experiencia profesional y reflexionó sobre el sentido profundo de la medicina en la actualidad.
Durante su intervención, el especialista remarcó que la formación médica no puede limitarse al aprendizaje técnico, sino que debe sustentarse en valores sólidos que orienten el ejercicio profesional a lo largo de toda la vida laboral.
“Es muy importante mantener la responsabilidad profesional y, sobre todo, los principios básicos de ética y profesionalismo”, señala Bellido, enfatizando que estos elementos no se agotan en una materia universitaria, sino que deben acompañar cada decisión clínica y cada vínculo con el paciente.
Desde su perspectiva, la vocación médica surge del deseo genuino de cuidar y servir a los demás, un impulso que se construye desde los primeros años de vida y se fortalece en el proceso formativo.
“Los valores de ética y principios se siembran desde la casa, es algo que se puede ir obteniendo desde muy pequeños, y con el pasar del tiempo la profesión y los estudios te otorgan nuevas responsabilidades afectivas”, explica. Así, el futuro médico no solo adquiere competencias técnicas, sino también una sensibilidad particular frente al dolor y la vulnerabilidad humana.
Bellido sostiene que formar médicos con propósito requiere una educación integral, donde la excelencia académica dialogue con la empatía, la reflexión ética y la comprensión del contexto social. En ese marco, resalta la necesidad de incorporar una mirada humanista de manera transversal en el currículo médico, fortaleciendo habilidades comunicativas, pensamiento crítico y sensibilidad cultural. Estudios internacionales —como los desarrollados por la Universidad de Chile— evidencian que los estudiantes expuestos a asignaturas humanistas comprenden mejor los dilemas éticos y las realidades sociales vinculadas a la salud.
“La medicina no solo debe enseñar a curar, sino también a comprender y acompañar”, afirma Bellido, al subrayar que la ética médica se construye en la práctica cotidiana: en el trato respetuoso, en la escucha activa y en las decisiones tomadas con responsabilidad y humanidad. Por ello, plantea que las universidades deben generar espacios de reflexión sobre casos reales, donde los estudiantes aprendan a decidir con sensibilidad y criterio ético.
El compromiso social aparece como otro eje fundamental en la formación médica. Para Bellido, los futuros profesionales deben reconocer las determinantes sociales de la salud y asumir un rol activo en la transformación de sus comunidades. Las prácticas en contextos vulnerables, el trabajo interdisciplinario y los proyectos de impacto social permiten conectar la medicina con la justicia social y el bienestar colectivo.
Asimismo, el pediatra destaca la importancia de acompañar el desarrollo emocional y personal de los estudiantes de medicina. La formación de médicos con propósito, señala, también implica ofrecer espacios de tutoría, apoyo en salud mental y orientación vocacional, que fortalezcan la autonomía, la resiliencia y la identidad profesional.
“Más allá de los títulos y del reconocimiento económico, se trata de tener una profesión con la que uno pueda sentirse feliz”, expresa, invitando a los jóvenes a reconectar con la motivación inicial que los llevó a elegir la medicina.
En definitiva, formar médicos con propósito supone educar desde la ética, la empatía y el compromiso social, apostando por profesionales capaces de curar, pero también de comprender y acompañar. Como concluye Bellido, “la medicina no es solo una carrera, es una forma de estar en el mundo”, una vocación que exige conciencia, humanidad y un genuino deseo de servir.
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