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Innovación y Educación

Filamento 3D reciclado: estudiantes convierten botellas PET en innovación tecnológica

El proceso diseñado por el equipo comienza con la recolección y limpieza de botellas PET, que luego son cortadas en tiras uniformes. Estas ingresan a la extrusora, donde, mediante control de temperatura y presión, se transforma en filamento
9 de febrero, 2026 - 15:17
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El sistema permite obtener filamentos con diámetros estandarizados de 1,75 y 2,85 milímetros, compatibles con la mayoría de impresoras 3D.  Foto: Unifranz
El sistema permite obtener filamentos con diámetros estandarizados de 1,75 y 2,85 milímetros, compatibles con la mayoría de impresoras 3D. Foto: Unifranz

La Paz, 09 de febrero de 2026 (AND).- En Bolivia, donde los residuos plásticos se acumulan a un ritmo acelerado, siete estudiantes decidieron transformar un problema ambiental en una oportunidad tecnológica. A través del proyecto RenovaPet, desarrollaron una máquina extrusora capaz de convertir botellas PET desechadas en filamento para impresoras 3D, un insumo clave para la fabricación digital.

“Queremos atacar un problema que se ha vuelto persistente, el de la contaminación por botellas PET. Para ello hemos creado la máquina SPIN, que nos ayudará a convertir, mediante un proceso de laminado y exposición al calor, el plástico en filamento 3D. Con eso queremos poner nuestro granito de arena”, explica Andrés Spang Gutiérrez, líder del equipo Renova.

La iniciativa surge en un contexto crítico. Un diagnóstico de WWF y Servicios Ambientales S.A. estima que cada año se desechan alrededor de 142.699 toneladas de plástico en el país, gran parte correspondiente a botellas PET que, ante la falta de una cadena eficiente de reciclaje, terminan en vertederos, ríos o espacios urbanos, generando un alto impacto ambiental.

Frente a ese escenario, RenovaPet apuesta por la economía circular, al reutilizar un residuo abundante para transformarlo en un recurso tecnológico de alto valor y aún costoso en el mercado nacional. El proyecto fue uno de los seis desarrollados durante el Workshop Fab Lab del Futures Week 2025, un espacio de innovación que reunió a equipos multidisciplinarios para diseñar y prototipar soluciones sostenibles.

De la botella al filamento

El proceso diseñado por el equipo comienza con la recolección y limpieza de botellas PET, que luego son cortadas en tiras uniformes. Estas ingresan a la extrusora, donde, mediante control de temperatura y presión, el material se transforma en filamento continuo.

“Lo primero es la materia prima, la botella PET. Una vez limpia y cortada en tiras, pasa al extrusor donde, por medio de la temperatura y la presión, recibe una forma específica. El resultado es un material más resistente que el filamento comercial”, detalla Enrique Maita Guzman, integrante del equipo.

El sistema permite obtener filamentos con diámetros estandarizados de 1,75 y 2,85 milímetros, compatibles con la mayoría de impresoras 3D. Sensores y microcontroladores monitorean en tiempo real la temperatura —que alcanza alrededor de 215 grados— y la velocidad de extrusión, factores clave para garantizar la calidad del producto final.

“Tiene un microcontrolador que genera su propia red WiFi. Podemos encender o apagar el sistema y controlar la velocidad, porque de eso depende la calidad del filamento”, explica Renan Pallarico Reynaga.

Impacto más allá del reciclaje

El potencial del filamento reciclado va más allá de lo ambiental. En Bolivia, el filamento para impresión 3D suele ser costoso y de acceso limitado. Producirlo localmente permitiría reducir costos en proyectos educativos, laboratorios de innovación, talleres técnicos y emprendimientos.

Además, la iniciativa podría fortalecer el trabajo de recicladores urbanos, integrándolos como proveedores de materia prima o incluso como operadores de pequeños centros de producción de filamento. En el ámbito educativo, el material puede utilizarse para fabricar prototipos, modelos didácticos y herramientas, promoviendo al mismo tiempo conciencia ambiental y creatividad tecnológica.

El proyecto también enfrenta desafíos, como mantener una calidad constante que compita con productos comerciales y consolidar una cadena eficiente de recolección y clasificación del PET. Sin embargo, sus creadores ven en RenovaPet una prueba concreta de que la basura puede convertirse en innovación.

En un país donde el plástico abunda y los recursos tecnológicos son limitados, iniciativas como esta demuestran que reciclar no solo reduce residuos, sino que también puede impulsar conocimiento, economía y desarrollo sostenible.

 

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