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Innovación y Educación

Falacia de la llegada: por qué alcanzar metas no garantiza la felicidad

La falacia de la llegada no solo genera frustración, sino también desconcierto. Muchas personas, tras años de esfuerzo, se enfrentan a una pregunta inquietante: ¿por qué no se sienten felices?
8 de mayo, 2026 - 08:59
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El problema, según la especialista, radica en ubicar la felicidad en un punto futuro idealizado.  Foto: Unifranz
El problema, según la especialista, radica en ubicar la felicidad en un punto futuro idealizado. Foto: Unifranz

La Paz, 8 de mayo de 2026 (AND).- En una cultura orientada al logro, donde el éxito suele medirse en metas cumplidas, ascensos laborales o hitos personales, una idea persiste con fuerza: la creencia de que la felicidad llegará cuando finalmente alcancemos aquello que tanto anhelamos. Sin embargo, la psicología advierte sobre una trampa silenciosa en esta lógica: la llamada “falacia de la llegada”.

El concepto, acuñado por el psicólogo Tal Ben-Shahar, describe la falsa creencia de que alcanzar un objetivo específico traerá una satisfacción duradera. En la práctica, lo que ocurre suele ser lo contrario: la emoción del logro se desvanece rápidamente, dando paso a una nueva meta y a un ciclo constante de insatisfacción. Esta dinámica, vinculada a la adaptación hedónica, explica por qué incluso grandes éxitos pueden sentirse insuficientes al poco tiempo.

“La falacia se basa en la falsa creencia de que cuando alcanzas una meta específica, como terminar una tarea o comprar alguna cosa, vas a tener una sensación de felicidad duradera o de plenitud. Y en realidad justamente eso no ocurre”, explica la psicóloga Fátima Lazarte, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), quien además advierte que esta distorsión tiene un impacto profundo en la vida emocional de las personas.  señalando la contradicción central que define este fenómeno.

La falacia de la llegada no solo genera frustración, sino también desconcierto. Muchas personas, tras años de esfuerzo, se enfrentan a una pregunta inquietante: ¿por qué no se sienten felices? 

“Muchas personas consultan si han alcanzado esta meta ¿por qué no soy feliz?”, señala Lazarte, subrayando que esta expectativa fallida es hoy una de las preocupaciones más frecuentes en el ámbito psicológico.

El problema, según la especialista, radica en ubicar la felicidad en un punto futuro idealizado. “La felicidad se va a instaurar en un momento futuro, perfecto y duradero, y en realidad lo que la mayoría de la gente no entiende es que la felicidad es en el cotidiano y en pequeños momentos”, afirma. Esta visión contrasta con una cultura que privilegia los grandes logros por encima de las experiencias diarias.

El origen de esta ilusión también puede rastrearse en teorías más antiguas. Ya en 1916, Sigmund Freud abordaba una idea similar al analizar a “los que fracasan cuando triunfan”, sugiriendo que la satisfacción del deseo no siempre produce bienestar, sino que puede generar una sensación de vacío. En esa línea, la psicología contemporánea coincide en que el deseo funciona como motor, pero también como fuente de expectativas difíciles de cumplir.

“Se pone mucha energía psíquica y cuando se alcanza la meta más bien se siente como ‘esto no más era’ o hay un pequeño sinsabor”, describe Lazarte, evidenciando el choque entre la fantasía construida y la realidad vivida. Este desencanto no solo afecta la percepción del logro, sino también la autoestima y la motivación futura.

Las consecuencias pueden ir más allá de la decepción momentánea. La persecución constante de objetivos puede derivar en estrés crónico, desgaste emocional e incluso en cuadros depresivos. Además, al posponer la satisfacción para el futuro, se pierde la capacidad de disfrutar el presente, afectando tanto la vida personal como las relaciones.

Frente a este escenario, la respuesta no implica renunciar a las metas, sino redefinir su significado. La evidencia sugiere que el bienestar sostenible está más vinculado al proceso que al resultado: encontrar sentido en el camino, valorar los avances y cultivar la atención en el presente.

“La realidad no es perfecta, tiene sus aristas”, advierte Lazarte, recordando que ninguna meta cumplida puede sostener por sí sola una felicidad permanente. Comprender esta premisa permite ajustar expectativas y construir una relación más saludable con el éxito.

En un mundo que impulsa a mirar siempre hacia adelante, reconocer la falacia de la llegada se vuelve clave para recuperar el equilibrio. La felicidad, lejos de estar en el próximo logro, parece encontrarse —como sugiere la psicología— en aquello que ocurre mientras avanzamos.

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