La Paz, 27 de Julio de 2026 (AND).- Cuando se habla de mujeres en la ciencia, por mucho tiempo se pensó que se debía buscar que más niñas elijan carreras científicas. Sin embargo, un diagnóstico nacional muestra que no se trata solo de la vocación, no basta con que una joven ingrese a una carrera científica si el sistema no le ofrece las condiciones para permanecer, desarrollarse y alcanzar posiciones de liderazgo.
Tras conocerse los datos, la iniciativa dio inicio a una segunda fase con la creación del Comité GenSIS. Esta instancia reúne y articula el trabajo de investigadores, Estado y academia. su primer reto ya está lanzado y busca, en los próximos 100 días obtener los primeros resultados. La Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) ya es parte de este desafío.
"Se encontró un dato alarmante, que solo el 34,2% de las niñas y adolescentes tienen acceso a formación en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés). Esta situación debe revertirse, como parte de las políticas públicas que fortalezcan nuestro modelo de desarrollo", señaló Fabián Espinoza, viceministro de Ciencia y Tecnología de Bolivia, durante el acto de lanzamiento del Comité GenSIS.
GenSIS Bolivia nació, en su primera fase, en 2024. Esta es una iniciativa impulsada por la Organización para las Mujeres en la Ciencia para el Mundo en Desarrollo (OWSD) Capítulo Bolivia dentro de un proyecto promovido por la UNESCO, con apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) y ONU Mujeres. Su primera etapa reunió información de universidades públicas y privadas para identificar las barreras que enfrentan las mujeres durante su formación científica.
La ciencia también pierde talento
Para Cecilia Soto, presidenta de OWSD Bolivia, uno de los principales aportes del proyecto fue demostrar que la desigualdad no empieza necesariamente cuando una joven decide estudiar una carrera científica. Las barreras aparecen a lo largo del recorrido.
"Encontramos factores como los embarazos, las dificultades económicas que obligan a muchas estudiantes a abandonar sus estudios para trabajar y también la desmotivación que todavía existe dentro de algunas instituciones", explica.
El desafío, añade, consiste en intervenir justamente donde ocurre esa pérdida de talento. añade que no solo se trata de que más mujeres ingresen a STEM, sino, que permanezcan, que hagan investigación, que lideren proyectos y que sus aportes tengan impacto para el desarrollo del país.
Escuchar antes de proponer
Una de las características de GenSIS fue que el diagnóstico no se construyó únicamente con estadísticas. El proyecto incorporó grupos focales, entrevistas y encuestas dirigidas a estudiantes y docentes para comprender cómo viven esas barreras quienes forman parte del sistema universitario.
En ese proceso participaron universidades públicas y privadas de todo el país. Lucía Alvarado, coordinadora nacional de Investigación de Unifranz, explica que la institución se incorporó desde la fase piloto, cuando todavía se diseñaban los instrumentos para levantar la información.
"Para nosotros era importante que la voz de nuestros estudiantes y docentes forme parte de este diagnóstico nacional. Pudimos escuchar cuáles habían sido las dificultades que enfrentaron, pero también qué factores les ayudaron a continuar", detalla.
Además del trabajo interno, la universidad contribuyó a ampliar la participación del sistema privado mediante información canalizada a través de la Asociación Nacional de Universidades Privadas (ANUP).
"Eso permitió que el diagnóstico refleje una realidad mucho más amplia y representativa de la educación superior boliviana", señala Alvarado.
Del diagnóstico a la acción
Con los resultados ya sistematizados, ahora, el GenSIS inicia una segunda etapa que busca convertir los hallazgos en propuestas concretas para transformar el sistema. Para ello se conformó un comité integrado por representantes del Gobierno Nacional, universidades y organizaciones científicas.
En el caso de Unifranz, la rectora nacional, Verónica Ágreda es parte activa del comité junto a las líderes de otras universidades. La presidencia recae en el Viceministerio de Tecnología, instancia desde la que Espinoza, considera que el respaldo de la academia será determinante para alcanzar los objetivos.
Durante los próximos cien días, el comité trabajará en una propuesta de lineamientos que sirva como base para futuras acciones gubernamentales y permita gestionar cooperación internacional para ampliar el proyecto.
"Uno de los pilares y aliados es la academia. Las niñas y adolescentes no son el futuro; son el presente en esta realidad de tecnologías emergentes", sostiene.
Aunque las políticas públicas son fundamentales, los especialistas coinciden en que las universidades ocupan una posición estratégica porque es allí donde muchas estudiantes deciden continuar o abandonar una carrera científica. También generan investigación, producen evidencia y pueden identificar tempranamente las barreras que enfrentan sus comunidades académicas.
Para Alvarado, precisamente ese fue el valor de participar desde el inicio del proyecto. "La primera fase permitió comprender el problema. Ahora queremos que esa información sirva para impulsar cambios reales que mejoren el acceso y la permanencia de niñas, jóvenes, estudiantes y docentes en las áreas STEM".
Para Cecilia Soto, promover la participación femenina en la ciencia no significa únicamente incrementar estadísticas. También implica transformar la manera en que Bolivia entiende el conocimiento y la innovación.
"Necesitamos mostrar que la ciencia puede cambiar el país. Que las investigaciones no se quedan en publicaciones científicas, sino que ayudan a resolver problemas reales y pueden orientar las decisiones públicas", concluye.
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