Opinión

11 de abril de 2019 11:53

Perros asesinos y criminales de dos patas


No entiendo. Una niña que cumplía 5 añitos días antes del Día del Niño, fue destrozada a muerte por un perro. Lo certificó el forense que evidenció mordidas caninas que la desangraron y de fracturas en pierna y brazos de la chiquilla. A la cárcel madre, tía y abuela, quizá por contradecir de que fueron a pulpería vecina, o a comprar un regalo para la pequeña, según la detectivesca jueza.   
           
El can era un Rottweiler, “raza” perruna reputada como “peligrosa”, junto con pastor alemán, Pitbull, Bull Terrier y hasta el Dogo argentino. Siguen hablando de “razas”, tan falsas como algún licenciado por ahí, desde que el descifrado genoma revelara que la secuencia de ADN en cromosomas humanos nos vincula con todo ser viviente, grande, pequeño o minúsculo. Resistí incluir a Chichita, dulce mascota Doberman que junto a la tortuga Matilda (sí, la cantada por Harry Belafonte), eran terror de invitadas a mi casa, pero acompañaban, pacíficas, a mi hijita de 9 años que con 4 sillas y una sábana armaba en el jardín su “carpa”.
           
Dicen que las “razas” peligrosas apareadas con “criollos” son feroces, quizá descendientes de los perros amarillos con que conquistadores hispanos amedrentaban a quechuas en Calamarca. Para el Día del Peatón y la Bicicleta, los perros “peligrosos” sin bozal serían capturados; impunes serían los jóvenes ciclistas que atropellan niños, los cochinos que botan su basura en la calle, o los micreros que circulan media hora antes de que fenezca la jornada sin vehículos contaminantes.

Sembraron la duda. Achacaron a descuido dejar a la niña. La situación precaria de encierro con que subsistían 4 o 5 perros. Curioso aún fue el paulatino diluir del hecho. A doctos consejos sobre tener una mascota en casa, siguió un tierno artículo dominical sobre una niña y su perro, con acápites sobre beneficios físicos, defensas contra alergias y el bienestar mental de infantes que conviven con canes. Hasta un ministro criticó que una mujer fuera a la cárcel por matar a un perro.

Parecen incrédulos que el rottweiler Satán es culpable. Que los dueños criaban canes en garaje cerrado. Que le echaron agua a la niña bañada en sangre, para que reaccione. Que el capo de Zoonosis detuvo a dos perros dóciles (el sospechoso y otro) sin rastros de sangre alguna, horas después del hecho criminoso. Qué esperaban, ¿una confesión por escrito? Me recordó al borracho  feminicida que al día siguiente “no se acuerda” de su crimen. Surgió en mí el abuelito de dos niños, ¿y si Satán es pariente de Mefistófeles, el gato negro de ojos áureos que visita la casa?

Hay un perro por cada dos ciudadanos, anotan. Causan casi 300 mordeduras anuales. No ayuda que los canes enfurezcan cuando huelen miedo, algo que una de mis hijas no entiende al acariciar perros vagabundos. Pero la gota que rebalsó el vaso de mi credulidad fue un artículo sobre las peleas de perros. Si bien son clandestinas, son “un secreto a voces” muy lucrativo, dicen. Los dueños donde despedazaron a la niña criaban cuatro o cinco en un garaje cerrado. No me convencen que eran para mascotas. Tan arraigado debe ser el espíritu del capitalismo, que hasta los “pobrecitos” se dan maña para hacer unos pesos, esta vez a costa de maltratados canes.

La pregunta del millón es si los perros son buenos o malos. Me late que los demoníacos son los humanos. Los canes, grandes y pequeños, son un reflejo de sus amos: buenos si los humanos son humanos; malos si sus dueños lo son. Estos últimos incluyen a los que los maltratan criándolos para la venta, tal vez conscientes de la bomba de tiempo que transfieren a niños encandilados; son diabólicos los que lucran de ver a dos perros pelear a muerte. 

Observador de la tragicomedia humana que soy, reflexiono sobre la maldad que cunde en el medio. En los periódicos y notas digitales alusivas a feminicidios, anotaban que ya son 7 las mujeres asesinadas en la capital del valle florido; ¿cuántas en el resto del país? Que los perros abandonados coman sopa de cardán de miembros de violadores. Restituyan el cepo colonial y exhiban pegadores con las nalgas peladas, y que las ofendidas se cobren con latigazos de “itapallo”. Que los “santos” de cuidar el agua, beban el sospechoso líquido de derrames asquerosos. Que con remedios falsos se preparen recetas adulteradas para fármaco-delincuentes.             

Llamó a risa la nota escondidita por ahí, sobre un candidato inconstitucional montado en el “caballo del Corregidor”. Reclamaba a un alcalde una obra en su distrito. Debería entregarla “antes de las próximas elecciones”, tal vez para añadir brillo a su espejismo de gran gobernante. Quizá muchos se tragarán “carnada, anzuelo y liñada”, peces tontos que son, a pesar de mentiras oficialistas en el referendo del 21F.

¿Será que en las espaldas bolivianas se pueden sembrar nabos?

Winston Estremadoiro