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Opinión

18 de junio de 2021 17:45

No son todos los que están

ESCRITORIO 1

Hace días que estoy seco de inspiración y de ánimo. La primera plana de los medios resaltaba la tercera ola, que no es la de un tsunami que invada playas, veraneantes y edificios. ¡Pero si no tenemos mar! Un acceso marítimo lo despreciamos porque morirían pececillos y contrariaríamos a la Madre Tierra, balbuceaba un vicepresidente pachamamista, quizá mientras usaba un palillo de fosforo brasileño a guisa de mondadientes para escarbar trocitos metidos entre sus dientes de alguna especie en peligro. Ya habían retornado a su país los hindúes que quisieron hurgar el hierro del Mutún sin energía de gas natural ni energía eléctrica. Me aguijoneaba la preocupación de un hermano añorado pechando monte cercano al Fortín Vanguardia, para llegar a cuatro palos y cinco calaminas que seguramente son el puerto nacional por la Hidrovia Paraguay-Paraná en la Punta Man Césped; llegué a sospechar que una patrulla vecina le habría secuestrado.

Me sosegué pensando en comentar noticias. Que jueces “alma’e’trapo” dejaron ‘en nada’ los casos de corrupción evidente de Evo Morales: las corruptelas en Catler, Fondo Indígena, Barcazas Chinas, Gabriela y su entrepierna con salsa soya; Emapa, Entel, Banco Unión, Taladros, Quiborax, y otras. El banquete identificó empresas militares corruptas, (del Ejército, de la Fuerza Aérea); civiles (Corsan Corvian) y claro, chinas: el FFCC Rurrenabaque-Riberalta, el tren chapareño; hasta la hermana del vicepresidente ya fue liberada del caso Catering. No concuerdo en que la corrupción sea mal asociado con la bonanza: se roba hasta cuando hay pobreza, es decir, siempre. ¿Y los ‘lovainómanos’, mezcla de sabios de Lovaina y cleptómanos? No es cierto que la ocasión haga al ladrón, mientras una ex presidente interina se pudre en la cárcel, dos ex alcaldes vallunos acumulaban trofeos y pinturas, y dicen que un ex Ministro de Gobierno habría lucrado con importar lacrimógenos.

Alarmaban los titulares clamando de tercera ola del Covid-19 y el abarrotamiento de hospitales, esta vez rebalsando clínicas de niños que creía eran inmunes. Pensé que un último recurso podría ser una tétrica dimensión de la pandemia en la triste rutina de revisar obituarios, u observar el deceso de algún amigo o conocido. Empezaría por comentar la nueva escalerilla en que se han tornado los decesos. “Si nos dejan” dice una canción por ahí, pensando que me gustaría que mis restos vistieran el más vetusto de mis ternos, que los mejorcitos ojala adornaran algún viejito por ahí, y cavaran un hoyo en el jardín al lado de mi perra Pluta para enterrar mis restos.

Tan desquiciadas andan las prioridades, que alguna potencia deslucida anunciaba miles de millones de vacunas para los países pobres, siendo que algo menos de la mitad de su gente resistia el pinchazo como si se lo hiciera con espadas, optando tal vez por pases mágicos con serpiente en mano y muchos ¡alabaré! No tienen alfanjes, pero acumulaban armas de guerra, tal vez para reeditar cruces llameantes y horcas para colgar a afroamericanos sumisos. Los europeos parecían extrañar el sol mediterráneo (y alguna rubia con pechuga al aire) más que la variante marciana o lo que fuera.

Alguna vez especulé que las guerras eran la forma ‘sapiens’ de mermar desenfrenado aumento de la población mundial. Ahora la naturaleza se venga de atentados contra nuestro hogar, el Planeta Tierra. Mañana serán “diadema-virus”, o lo que sea. Como siempre, serán los condenados del mundo los que lleven la peor parte. La peor parte la sufren ignorantes, pobres y excluidos que son los de piel azabache o canela, así tengan supuestos atributos viriles, deportivos y cimbreantes caderas y ardorosa piel.

Mejor me dedico a comentar lances de boxeo de ‘Padres de la Patria’. O preparar un ensayo sobre contrastes en la cara de corruptos, cuyos ojos insinuaban símbolos de dólares al ir al banco, y llorosos gestos al pronunciarse ‘inocentes’ camino a la cárcel. La pena es que, como en el manicomio, no están todos los que son, ni son todos los que están.

¿Será que la soledad de la vejez me está volviendo apocalíptico? Lo deplorable es que no contribuiré a la propagación de la especie en Ganímedes, ni tengo los quintos para costear asiento en la nave espacial, o volverme ermitaño en la selva amazónica, pero le temo a los ‘turiros’ en mis libros, que es como los cambas llamamos a las termitas. Pensé en atender el futbol, pero los paraguayos nos dieron paliza en Asunción. ¿Qué tal migrar a la paleontología?, pero a mis años no me gustan las momias, así fueran monarcas y a estas alturas lo único que imito es el peinado de Boris Johnson, versión boliviana.

Winston Estremadoiro

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