Editorial ANF
Sería abusivo afirmar que en el país la violencia está por todas partes, sin embargo, no se puede ocultar que actualmente existen diversas formas de violencia, que se hacen más visibles desde la información y las denuncias de las víctimas.
Se está evidenciando que se sufre mucha violencia intrafamiliar, tanto sexual como física y psicológica: niños y niñas que son abusados, maltratados, denigrados por sus propios progenitores o familiares, mujeres agredidas de igual manera por sus propios esposos o parejas, agresión recurrente en centros penitenciarios, en unidades educativas y también contra los ancianos en algunos asilos.
La violencia contra las personas, por cualquier motivo o circunstancia, jamás está justificada. Peor aun cuando ésta cobra formas inhumanas de agresión y daño a los más inocentes. Cualquier forma de violencia expresa síntomas de una sociedad enferma, incapaz de ser tolerante, acogedora de la diversidad, dialogante, con límites claros, incluyente y construida en base al respeto a la dignidad sagrada de cada persona humana.
Está claro que se deben combatir las formas de violencia con métodos adecuados y proporcionales que no permitan la reproducción de los ciclos delictivos y que, en mayor o menor medida, establezcan lo que en justicia corresponde como sanción a quien ejerce violencia. No se puede dejar de hacer justicia. Pero eso no soluciona todo.
Las raíces del problema de la violencia, variadas y propias de cada situación, son los elementos que se deben resolver con mucha más eficacia. No se va al fondo del asunto cuando en las familias se sigue formando y fomentando una mentalidad patriarcal y machista, cuando se rechazan la diversidad o se vive etiquetando a la gente.
La educación tiene un rol fundamental, dentro y fuera de las escuelas, pues sin una orientación de respeto a la dignidad de toda la creación es como surgen los estereotipos, la exclusión y marginación, la cosificación de la mujer, el aval de roles impuestos, la libertad irresponsable o la ausencia de límites.
Todo lo anterior tiene que ver con elementos que rescata la cumbre de seguridad ciudadana pasada que en la información oficial da cuenta de los niveles de violaciones, estupro, violencia intrafamiliar y otros, que en un año se han triplicado (sea por mayores denuncias o por crecimiento delictivo), así como se evidencia la mayor inseguridad ciudadana en La Paz y más formas violentas en Santa Cruz.
Todas las situaciones de violencia e inseguridad tienen unas causas, ahí es donde se debe poner el énfasis, junto a la prevención, la educación y la justicia para las víctimas. De nada servirá meter a la cárcel a todos cuando la mente, el corazón y la sensibilidad sigan siendo violentos.