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Opinión

SOMBRÍO AÑO 11

20 de Enero, 2017
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Editorial ANF
Como no ha sucedido con otro Presidente boliviano de la democracia en Bolivia, Evo Morales había llegado a su décimo año de mandato (2015) invicto e incólume.

Un año después, es decir, en el aniversario 11 de su Presidencia, no se puede decir lo mismo. Morales empieza a sentir el desgaste político luego de una seguidilla de hechos que han mermado su imagen y sus posibilidades políticas futuras.

Su año 11 empezó signado por la aparición pública de su exnovia, Gabriela Zapata, lo que sin duda dejó en entredicho su ética respecto a sus relaciones y la familia.

De inmediato, como una avalancha, llegaron los resultados del referéndum constitucional, en el que la mayoría de los bolivianos le dijo No a su deseo de postular a un cuarto mandato. Fue su primera derrota electoral.

Luego, la que fuera una de sus ministras más cercanas, Nemesia Achacollo, fue encarcelada por el escándalo del Fondo Indígena.

Hacia finales de año sobrevino la crisis del agua que mostró a un Evo Morales, por primera vez, pidiendo disculpas por la inoperancia de su Gobierno.

Paralelamente las encuestas le fueron dando malas noticias. Si antes fue el indiscutible número uno de las proyecciones electorales, en el año 11 de su Gobierno, el Mandatario empezó a saborear el sabor del empate y hasta de la derrota, frente a algún potencial candidato que hasta ahora no ha dicho ni una palabra para hacer campaña.

El Presidente que durante 10 años había concentrado multitudes y logrado atraer a varios de sus amigos presidentes latinoamericanos para acompañarlo en fechas especiales, en el año 11 tuvo que conformarse con los aplausos de sus funcionarios públicos y resignarse a no compartir la tarima con sus amigos poderosos. Nicolás Maduro y menos Rafael Correa pudieron o quisieron visitarlo.

Y es que el encanto del presidente indígena, valorado no sin razones, ha dado paso a la sombría imagen de un político que no quiere dejar del poder, tal como ocurre con Daniel Ortega y otros de talante cuestionablemente democrático.

Por estos y otros motivos, el año 12 en el poder, que empieza este 22 de enero, es un buen momento para analizar si no es tiempo de dar un paso al costado para permitir el concurso de nuevas generaciones y, de paso, ser recordado en la historia como un estadista demócrata y no como un dinosaurio de la política que se aferró “hasta las últimas consecuencias” a la silla presidencial.

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