El escenario político del país es una combinación de “arena y olas” en medio de alarmantes hechos de corrupción y problemáticas estructurales irresueltas.
Varios líderes políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, están sumergidos en la “arena” política buscando provocativamente aparecer para tomar el pulso al electorado sobre su posible candidatura para la presidencia y vicepresidencia del Estado. En definitiva, en el escenario post 21F muchos están en campaña electoral (dicho sea de paso, excesivamente adelantada) y entrenan sus habilidades para posicionar discursos que los hagan atractivos frente a los votantes.
Como si del Circo Romano se tratase, los gladiadores están en la arena tratando de ganar el favor de su público, el cual grita y se enardece con cada golpe al contrincante. Fiera imagen pero no ajena a la realidad. En esas arenas se lanzan arengas y proclamas que cumplen una función plebiscitaria para sumar adhesiones.
El tema de la reelección, por muy contraria a la Constitución que sea, se convierte en el escudo perfecto para probar suerte, a ver quién gana terreno y sube con su consigna al podio. Es cierto que es fundamental defender el gobierno de las leyes, el respeto al pacto constitucional y los valores democráticos; pero no es menos cierto que si eso ayuda a conseguir simpatías para impulsar candidaturas, bienvenido será.
Del otro lado, el mismo tema, con acciones y argumentaciones que rayan en lo ridículo, procura fortalecer la única candidatura posible a como de lugar. Lo importante del debate político es exaltar la figura del único líder, sus derechos por encima de todos o su “incuestionable” influencia en twitter, porque eso suma en la campaña. Algunos adherentes no dudan en limpiar el terreno de juego para que la victoria esté asegurada, temiendo tal vez un revés.
Con el propósito de inmortalizarse en la arena política, las elecciones judiciales de diciembre próximo, se están convirtiendo también en una especie de consulta plebiscitaria para ver quién gana apoyos. Sin dejar de manifestar lo evidentemente absurda que resulta la insistencia en un proceso electoral para elegir administradores de justicia, vistos los resultados de 2011, la pésima calidad de la justicia que coloca a Bolivia entre los 10 peores países, todo apunta a que las campañas por el voto nulo lleven a expresar apoyo o rechazo al presidente Morales y su gobierno. Entre tanto la justicia es más ineficiente y corrupta, las cumbres sobre el tema no sirvieron para nada y se volverán a posesionar magistrados con 10 votos.
Cualquier tema sirve, entonces, para hacer olas y para encumbrarse en el cresta de las mismas. Las olas de la coyuntura van de un lado al otro y a pesar de las graves situaciones que se están presentando en el país pareciera que lo útil es conducir ese torrente al molino propio.
Se cuenta con un listado abrumador de hechos de corrupción: barcazas chinas, ex FONDIOC, desfalco en el Banco Unión y Ministerio de Defensa, caso taladros en YPFB, etc. pero hacen olas un par de semanas y la moda cambia.
¿Los aspirantes a candidatos debaten constantemente y generan propuestas sobre calidad educativa y de salud, empleo, vivienda, innovación tecnológica, cuidado del medio ambiente, seguridad ciudadana, violencia contra la mujer y los niños, etc? No se trata de llegar al poder para hacer algo, se trata de hacer algo para llegar al poder.
¿El gobierno seguirá creyendo que su horizonte es el 2025 y mientras acontecen los días continuará viendo a la corrupción como un hecho aislado, la falta de insumos y especialistas para atender la salud de la población que se muere como mala voluntad de la prensa o el nulo esfuerzo por diversificar las exportaciones como una confabulación del Imperio?
Vivir en campaña sirve para los que viven de eso, para quienes tienen que arañar al futuro mejores oportunidades de vida es como estar en otras arenas a merced de los leones.