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Opinión

¿QUIÉN LLORA POR TI BEBÉ ALEXANDER?

23 de Septiembre, 2018
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Editorial ANF

Han pasado casi cuatro años del día fatal para el bebé Alexander; ¿cuál sería su último deseo antes de morir? ¿un hogar, una familia con la que compartir sus risas, juegos, travesuras y sueños? ¿de qué dones y capacidades sería portador para una humanidad mejor? ¿cuáles llegarían a ser sus colores favoritos, su comida preferida, las películas que más disfrutaría, viéndolas una y otra vez? Nada de eso sabremos, nada de eso será realidad, pues ha muerto, desvalido tal vez, y con él su ansia vital de tener todas esas posibilidades. Rescatado del abandono de sus propios padres, al igual que su hermanita mayor, el espacio para su salvación resultó ser la antesala de su muerte.

Como sociedad no puede dejar de indignarnos, de llorar hasta no tener lágrimas, de gritar y protestar de rabia ante el conjunto de injusticias que se han ido cometiendo respecto de Alexander y otras personas con quienes compartió un destino trágico. A la vez, debemos pasar de la indignación ética de quien observa, analiza y opina a la acción decidida para buscar justicia real para honrar la memoria del bebé y para no permitir que sigan sucediéndose las víctimas de quienes deberían administrar justicia y son más bien sus depredadores.

Al igual que Alexander hay miles de bebés, niños y niñas abandonados, dejados a la suerte de encontrar un refugio y un cuidado que no les están dando sus progenitores. Llorar por un bebé muerto en circunstancias no esclarecidas, hasta ahora, debe lanzarnos a evitar las circunstancias que provocan tales situaciones, la dolorosa herida de crecer en el abandono y la desprotección. El Estado tiene la obligación de trabajar porque esto sea efectivo pero la sociedad tiene la ineludible responsabilidad de cuidar a la niñez, de darle posibilidades de una vida digna.

Hoy Alexander sigue gimiendo de dolor y anhelando ayuda, sin hallar paz en su tumba; y está resucitando en los clamores de justicia, en la exigencia indeclinable de que para llamarnos personas humanas debemos actuar con un mínimo de decencia y darle una respuesta de justicia, con el reclamo urgente de que se revise el caso en el que él y otras personas son víctimas del poder corrupto y asesino, de la inmoralidad de agentes de (in)justicia, de actuaciones dolosas que protegen intereses personales o corporativos que se burlan de la angustia, el dolor y la desesperación de los (as) victimados (as).

Frente a la abominable actitud de jueces, fiscales y autoridades que no se sonrojan siquiera al hacer declaraciones y defender sus intereses, causando aún más daño a quienes no se ha podido demostrar culpabilidad, por algo que supuestamente ocurrió, la sociedad debe dar muestras claras de rechazo y censura, procurando que tales individuos sean apartados de sus cargos y respondan a una auténtica justicia.

No revisar totalmente el caso y dar libertad a quien ha sido sentenciado sin pruebas concluyentes, juzgar y aplicar las sanciones correspondientes a quienes actuaron haciendo daño y en contra de la ley y la justicia o insistir en versiones contradictorias, inventadas o sindicar a otros como culpables no es más que la muestra de la miseria y bajeza con la que pueden actuar las personas responsables de este caso.

¿Alguien llora aún por Alexander? ¿A los administradores de justicia les interesó en algún momento la vida de este bebé o les interesa hoy las situaciones de los (as) acusados (as) injustamente? ¿No tienen un mínimo de escrúpulos para reconocer sus graves actuaciones, injustas e inmorales?

Un  bebé llora, al que acompañan un coro de víctimas inocentes, su llanto es por hambre de amor y solidaridad, por sed de justicia, por dolor en el cuerpo y en el alma ante tantos atropellos contra su dignidad, que a diario suceden.

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