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Opinión

Nos condenaron

30 de Junio, 2025
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Al cabo de 20 años, de manera bastante cruel porque se lo vive en carne propia, se puede observar como el régimen masista no solo destrozado a Bolivia, también, la ha condenado en el tiempo. Tomará muchas generaciones reparar el daño producido por el mayor y más nefasto proceso de desinstitucionalización que ha conocido nuestra historia.

Veamos, en ese orden, los daños producidos y el tiempo que demandara repararlos. A ese tiempo, hace alusión la condena.

Uno de los peores daños es la dictadura sindical, instituida en muchos espacios de poder. Como resultado del estilo de gobierno corporativista, los sindicatos se apoderaron del Estado. Están por encima de todo. Vean el nivel de influencia. Para acceder a cualquier cargo se debe contar con el “aval político” de estos sindicatos. Incluso, para ascender al grado de general en las Fuerzas Armadas y la Policía, se debe contar con el respectivo aval. En algunos casos, hasta para producir, debes contar con esa “autorización”. Vean el extremo al que nos han conducido. Los que producen, deben pedir permiso a los que no producen nada. ¿Cuánto tiempo, mejor dicho, cuantas generaciones, tomará erradicar esa perniciosa dictadura sindical, fascista corporativa?

Luego, otro terrible daño, fue relegar al trabajo y la producción, como los únicos caminos para lograr riqueza y prosperidad. Hoy, los nuevos ricos, no son los que producen y trabajan, son los que especulan. Los que trafican influencias con sobornos. La voraz elite cleptocrática azul ha instituido el soborno, en todos los niveles del Estado. Los nuevos ricos azules, sin el esfuerzo de producir y trabajar, con sobornos, se han enriquecido descarada y descomunalmente. Robaron en bonanza y, lo que es peor hoy, roban en crisis. Muchos productores y emprendedores, seguramente tardarían generaciones para reunir la fortuna que, en tiempo récord, acumulan los políticos. ¿Cuánto tiempo nos tomara como sociedad reposicionar al trabajo y la producción como las principales actividades para generar excedente, riqueza y prosperidad?

En la justicia, el daño ha sido brutal. Es macabro el escenario donde fiscales, jueces y autoridades, actuando de manera conjunta, dirigen fallos, sentencias y decisiones judiciales vinculantes. No es una justicia al servicio del ciudadano. Las elites políticas, la han sometido a su antojo. El masismo ha engendrado verdaderos monstruos en el ministerio público y el órgano judicial. Es, esa justicia, al servicio de los corruptos. ¿Cuántos años tendrán que pasar para transformar este estado atroz, monstruoso y truculento de la justicia?  Cambiar este sombrío escenario demandara mucho tiempo, quizá generaciones.

Otro terrible daño fue el de imponer a la corrupción como algo absolutamente natural. Hoy, ser honrado, es una gran desventaja y sacrificio. Con la mayor naturalidad, se acaba aceptando, incluso con admiración, a los gobernantes corruptos. Muchos, incluso, quieren seguir ese camino. ¿Cuántas generaciones demandará cambiar ese sistema trastocado de valores entre corrupción y honradez?

Los daños continúan. Lo que han hecho con la economía no tiene precio. Hemos tocado fondo. Es inexorable el camino de la quiebra. Los dólares no alcanzan para comprar combustibles y cubrir las cuotas de la deuda externa. Esta cerca el momento fatal. 

No se entiende como, después de heredar grandes campos de reservas de gas, descubiertos y certificados, además de gaseoductos construidos, para exportar importantes volúmenes a buenos precios; hoy nos dejan en la completa miseria. Esta catástrofe es el resultado del despilfarro y la borrachera en el manejo y la administración de la mayor bonanza económica que conoce la historia. Administraron ese gran excedente económico de la manera más incompetente y corrupta. La orgia del excedente fue colosal.

Al dilapidar el excedente, se desaprovecho la oportunidad histórica para la tan ansiada diversificación de la matriz productiva. Mas bien, destruyeron la industria nacional, fomentando, sin límites, el consumo de productos chinos. ¿Cuántas fabricas e industrias nacionales cerraron o se fueron?

Luego del despilfarro, hay otro abominable daño: la megacorrupción. Arruinando al país, se llenaron los bolsillos instituyendo un eficaz mecanismo de acumulación: el cobro de comisiones Todas las licitaciones públicas para la adjudicación de megaobras, proyectos, compras mayores, compras menores, etc., están sujetas a esa comisión. Es vox populi que en el régimen masista, esta comisión habría subido del 10 al 20%. Además, con pagos adelantados.

Si no peleaban entre ellos, quizá, jamás nos hubiéramos enterado, con pruebas, de este enorme latrocinio. Las viscerales disputas en la división del partido azul y las acusaciones entre ellos, develaron como se administraron los fondos públicos.

Nos hemos constituido en uno de los países más corruptos del mundo. En latinoamérica, ocupamos el primer lugar, por encima de Nicaragua y Venezuela. Vean el galardón que recibimos en el Bicentenario. ¿Cuánto tiempo demandara cambiar esto? ¿Cuántas generaciones?

En 20 años, la prosperidad con la que se encontraron, la convirtieron en miseria. Nuestra moneda ha colapsado y se devalúa cada día, no solo en relación al dólar, sino también en relación a las otras monedas de los países vecinos. Sin dólares, diésel y gasolina, la economía padece.

La inflación, por su parte, a corroído en poder adquisitivo de la gente. Con 100 bolivianos ya no se compra, ni el 50% de lo que compraban antes.  Encima, dejan una colosal deuda interna y externa, que ya ha superado el 110% del Producto Interno Bruto (PIB), que deberá pagar el pueblo. 

En verdad, el régimen masista ha condenado a muchas generaciones. Tomará mucho tiempo reconstruir todo.

El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón