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Opinión

LA POLÍTICA DE LA INDOLENCIA

29 de Junio, 2016
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Editorial ANF

Las acciones que nacen de las decisiones políticas revelan muchas veces el modo de ser y pensar de quienes detentan alguna forma de poder. El gobierno parece haber decidido que la mejor respuesta a las demandas de las personas con discapacidad es la política de la indolencia, que en pocas palabras es sinónimo de realmente no importa dialogar y resolver la situación.

Triste y vergonzosa actitud de quienes en el discurso repiten, por activa y por pasiva, que gobiernan obedeciendo al pueblo, son de línea socialista y condenan abiertamente el neoliberalismo y al Imperio que lo promociona, a quien acusan de todos los males pasados, presentes y futuros. Sin embargo, ¿en qué se diferencian?

Las personas con discapacidad son gente del pueblo, tal vez no sean de la parte del pueblo a la que el gobierno gusta atender y obedecer pero sería indolente que en su situación incluso les quitasen la condición de ciudadanos, con derechos y deberes, que les negasen ser una parte de ese colectivo indefinido al que bautizan como “pueblo”.

 Si nuestros hermanos y hermanas discapacitados no son del pueblo, entonces realmente no habría porqué obedecerles. Una pequeña muestra de que hay frases demagógicas que en nada coinciden con la política practicada.

El gobierno del MAS se ha identificado con el llamado socialismo del siglo XXI pero curiosamente la gente marginada, excluida de las oportunidades para el trabajo, la salud o la educación en la lógica capitalista, la gente en desventaja social, no entra en sus prioridades de atención, protección e implementación de políticas públicas que la trate con dignidad y no lleve más de dos meses mendigando. Es que en definitiva, a este socialismo no le interesa esta gente ni le duele su condición.

En cada oportunidad que se presenta se busca identificar un enemigo, un responsable de todo mal y a quien se ve omnipresente para desestabilizar al gobierno. Por eso no es de extrañar que el gobierno del presidente Morales considere que la demanda de los discapacitados es fundamentalmente una acción política para dañar la economía del país (robusta y blindada), una demanda irracional con trasfondo neoliberal o simplemente financiada por la oposición y el imperialismo. Nadie defiende los efectos perversos del neoliberalismo pero de ahí a convertirlo en justificativo de su indolencia hay un abismo.

La lógica capitalista tal vez vería en las personas con discapacidad gente improductiva y por tanto, como tantas veces insiste el Papa Francisco, descartable, que cuesta mucho y vale poco. La reciente marcha de éstas personas con disfraces de basura es una imagen demasiado fuerte que expresa bien lo que el gobierno parece pensar sobre ellos y ellas. Y aun así la indolencia continúa.

Se dirá que hubo mucho diálogo y reuniones pero ahí es donde precisamente se falsea la intención. Diálogo no hubo porque éste supone como premisa principal que los argumentos de unos y otros se ponen en cuestión, se conversan y se habla de todo, sin condiciones. Al negarse a tratar el tema del bono de 500 bolivianos cualquier invitación al diálogo es falaz.

Triste pero cierto. Poco más de dos meses sin solución, seis muertos encima, personas enfermas y en huelga de hambre. Eso no importa a la estrategia del poder. 
Gracias a Dios hay muchas personas solidarias que los atienden desinteresadamente, porque se conmueven ante su dolor. Mientras tanto algunos funcionarios públicos con poder y dinero recorren las calles con vidrios raybanizados o son atendidos de manera exclusiva sin que les falte nada, lo que evidentemente les oculta una mirada más compasiva a la realidad.

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