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Opinión

LA BOLIVIA QUE QUEREMOS DEPENDE DE NOSOTROS

5 de Agosto, 2025
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Bolivia cumple, este 6 de agosto, doscientos años de independencia, como país libre y soberano. A lo largo de estas dos centurias se produjeron muy importantes procesos en los ámbitos político, social, cultural, identitario, económico y varios más. Lo que hoy es Bolivia deviene de esos diversos ciclos y nuestro presente es fruto de cómo fueron decantando cada uno de ellos en nuestro pasado.

Celebrar el bicentenario es agradecer desde la memoria del corazón a los millones de compatriotas que, en su época y con las circunstancias que les tocó vivir, apuntalaron su presente construyendo horizontes hacia el futuro. En toda historia hay momentos buenos y momentos malos y siempre es resultado de un cúmulo complejo de diversas variables. Por eso, este año bicentenario, es justo reconocer y agradecer nuestra historia y muy especialmente los procesos que abrieron puertas de esperanza para las generaciones venideras. 

¡Celebremos con orgullo a Bolivia!, nuestro país que se constituye tanto por las variadas condiciones geográficas y climáticas, culturas, tradiciones, costumbres, lenguas, pueblos y el conjunto de personas que cohabitan este espacio.

Pero, a más de congratularnos con gozo por lo que nos enorgullece y que es fruto del esfuerzo de millones de bolivianos y bolivianas, una celebración debe ayudarnos a caer en la cuenta de que el futuro depende inexorablemente del presente que ahora labramos.

Llegamos a estos doscientos años en medio de una profunda crisis multidimensional, compleja y con pocos atisbos de solución en el corto plazo. Y hay quienes son actuales responsables de esta situación que ha terminado por destrozar la débil institucionalidad constitucional y democrática del país, por arrojarnos a una crisis económica dolorosa para miles de familias y que siempre afecta mucho más a las personas empobrecidas, por haber dado riendas sueltas al extractivismo, la minería ilegal del oro, la contaminación ambiental, la deforestación y la pérdida de millones de hectáreas de bosque primario en la última década. Hay responsables de esta crisis porque por satisfacer sus ambiciones de poder y su codicia, han usado las instituciones del Estado a su capricho y se han enriquecido gracias a sus actos corruptos. Han pisoteado la dignidad de los pueblos indígenas, de las mujeres y la niñez, de la madre tierra y han insultado así la dignidad de millones de bolivianos y bolivianas.

No obstante, de nada nos servirá el análisis y el diagnóstico de la realidad actual, en medio de la cual celebramos este bicentenario, si no nos impulsa a una honda reflexión y toma de conciencia de que los días venideros dependen de todos y cada uno de nosotros. No basta con el análisis lastimero que nos muestra el daño ocasionado si no dinamiza en nosotros la capacidad de hacer frente a la crisis.

Esa Bolivia con la que soñamos, la que queremos: inclusiva, participativa, con desarrollo humano integral, con sólida institucionalidad democrática, con una justicia que haga honor a su nombre y no lo defenestre en actos de corrupción, de sometimiento al poder político; una Bolivia que aporta a la región con valor agregado bienes, servicios y cualidades únicas, que respeta la dignidad de todas las personas y fortalece las capacidades de las más vulnerables. Una Bolivia donde se erradique no sólo la coca ilegal que va al narcotráfico a vista y paciencia de muchos, sino que erradique la corrupción enquistada en el Estado, la “viveza” de quienes burlan leyes y dañan la economía con el contrabando. Una Bolivia que ama, valora, cuida y lucha decididamente contra toda forma de explotación irracional y abusiva de sus recursos naturales, flora, fauna, recursos hídricos. En fin, una Bolivia que cierra la puerta del pasado negativo para abrir otra de esperanza efectiva que se traduce en acciones concretas basadas en valores y derechos humanos inalienables.

No hay recetas, no hay magia, no hay cartas escondidas para construir la Bolivia que queremos, esta depende de lo que todos y cada uno de los bolivianos y bolivianas hacemos cada día, desde lo que nos toca. 

No se construye un país negando su historia ni se proyecta un futuro cargando el lastre del pasado.

¡Viva Bolivia! por muchos años más.

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