Editorial ANF
Ha transcurrido ya un año de la visita del Papa Francisco a Bolivia. En aquella ocasión tuvo varios discursos, alocuciones, homilías, gestos y se reprodujeron varias de sus frases, imágenes y acciones por diversos medios. Aunque claramente se pretendió utilizar su visita pastoral para sacar rédito político, lo más importante es qué mensaje queda hoy para el pueblo boliviano. Uno de los mensajes tiene que ver con el cambio en distintos niveles, necesario para un mundo más incluyente, humano y que atienda al bien común.
Después de los días de la visita del Papa, al circular por la autopista El Alto-La Paz se veían muchas gigantografías propagandísticas en las que la expresión de Francisco, dirigida al encuentro de movimientos populares en Santa Cruz, “me ha gustado mucho una frase: Proceso de cambio” se exhibía junto a distintas imágenes del Papa. ¿A qué proceso de cambio se refería?
Las palabras textuales pronunciadas por el sucesor de Pedro fueron: “Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho «proceso de cambio». El cambio no concebido como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Dolorosamente sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir (…) La opción es por generar proceso y no ocupar espacios” Poco después habla de las diversas situaciones conocidas de cerca y que estremecen las entrañas por la injusticia que manifiestan, de los rostros concretos que conmueven y mueven a generar cambios.
Cuando se pretende convertir lo que el Papa dijo en un refuerzo a la retórica del discurso político dominante y casi de aprobación tácita a las acciones del gobierno (éste u otro cualquiera) se falsea la realidad y se desvirtúa su real contenido. Pareciera que no se escuchó lo que viene a continuación del gusto por la frase “proceso de cambio” y por eso se la identificó sin más con lo que el actual gobierno entiende por tal. Para efectos de propaganda y líneas de tuit ¡claro que sirve!, pero eso no dijo el Papa.
Un proceso de cambio exige una conversión profunda en las actitudes y las acciones. Si se quiere combatir la corrupción en el Estado hay que hacerlo como convicción y acciones concretísimas no como discurso. Si se quiere justicia social para los más pobres hay que sentir con ellos y escuchar sus demandas no impedirles el acceso al centro del poder. Si se quiere garantizar salud para todos se debe dotar de insumos e ítems no edificar estructuras inútiles. Si se quiere democracia es preciso respetar al que opina distinto y no condenarlo alevosamente. Desde ahí se genera el cambio. Tal como indica Francisco, el cambio que vale la pena es aquél en el que no se impone una opción política sin más; porque eso, sin sincera conversión, se corrompe y sucumbe.
El proceso de cambio del que habló Francisco tiene que ver con cambiar lo injusto de este mundo para dar a luz un nuevo mundo y ese proceso se construye con una pluralidad de actores, voces, colaboraciones no a base de “ocupar espacios” –de poder- ya que eso impide el contacto cercano con los rostros del sufrimiento, en la Bolivia de hoy. El proceso de cambio que gusta al Papa tiene que ver con el Evangelio de Jesús no con la ideología del gobierno, aun que a éste le cueste aceptarlo porque contraviene a sus intereses.