Se cumple un año de la realización del referéndum constitucional que consultaba sobre la posibilidad o no de una nueva repostulación de los actuales Presidente y Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia. El resultado, por pequeño margen, se inclinó hacia la opción No. Tal resultado fue aceptado por el gobierno y el presidente Morales, aunque al poco tiempo comenzó una campaña para justificar la derrota del Sí (con el afán de invalidar lo sucedido), instalando la consigna de que la mentira fue el detonante de ese resultado.
Entre la desesperación de atacar a quienes el gobierno considera los fabricantes de esa mentira (aún no se ha dado cuenta cabal de a qué se refieren y cómo lo demuestran con solvencia) y el afán desmedido de mantener a Morales en el poder por varios años más, nuestra sociedad parece condenada a discutir inevitablemente sobre la re-re-reelección y la mentira.
Ceguera política, pues tal vez agotó su capacidad de ilusionar a la sociedad con un proyecto y quiere hacerlo ahora sólo exaltando la imagen deteriorada y victimizada de Evo Morales; pero también ceguera social cuando no se planta ante el poder para reclamarle lo que en justicia le corresponde exigir al gobierno y a la oposición.
Enredados en las falacias del poder acerca de ”la mentira” y casi obligados a debatir con 3 años de anticipación las nuevas formas en que Morales podría llegar a otra postulación, al parecer se está viviendo una suerte de parálisis que lleva a individuos y organizaciones, a la ciudadanía y los movimientos sociales a no concentrarse en temas mucho más importantes y urgentes para el país en su conjunto.
Lo inmediato, muchas veces, ciega la capacidad de ver los plazos más largos y los temas estructurales que deben resolverse para una vida digna, para ese “vivir bien” tan publicitado en el discurso y poco concretado en la realidad.
Un país paralizado en el 21F, por decisión del poder político, se puede olvidar que debe discutirse sobre las condiciones de salud para toda la población, que no se reduce al conflicto de la Caja Nacional de Salud. La importancia de la educación que día a día reciben niños-as y jóvenes tendría que ser evaluada en su gestión y calidad, así como los temas de seguridad ciudadana, transparencia de la información pública, mejoras en los servicios de internet y comunicaciones, soluciones duraderas y no parciales a la crisis del agua, políticas de protección y defensa del medio ambiente ante el devorador extractivismo, diversificación de la producción y búsqueda de mercados alternativos; entre otras muchos elementos de lo que resulta importante.
Los gobiernos pasan igual que los líderes que conducen el destino del país, la huella que dejan marca mejoras o deterioros y cuanto más el debate se concentre en su figura menos atención se prestará a la construcción de un país para todos. El debate político es necesario pero no el único, pues mientras éste ocupa el escenario por detrás se urden negociados que cierran el futuro a las nuevas generaciones.