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Opinión

CUÁNTO CUESTA LEER

8 de Septiembre, 2016
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Editorial ANF
En estos días se realiza la Feria Internacional del Libro (FIL), en la ciudad de La Paz. Similares eventos se producen en otras ciudades del país a lo largo del año. Actividades como ésta son para felicitar a los organizadores y patrocinadores, pues promueven elementos valiosos de las culturas: la capacidad de pensar, imaginar, soñar, emocionarse, reflexionar, y en definitiva ser parte de mundos nuevos que nos abren a nuevas oportunidades para la humanidad.

El maravilloso y desafiante mundo de la producción literaria, en el que se mueven los autores para hacernos partícipes de su genio creador, así como la recepción por parte del público lector de las obras y en ese sentido su cooperación en la recreación del texto, son ámbitos que tienen que ser promovidos, estimulados y potenciados, con políticas públicas que las favorezcan.

Al autor le cuesta escribir, dinero, tiempo, inventiva, investigación, auspicios, etc. y al lector le cuesta leer, especialmente en nuestro país donde muchos libros son carísimos o no se encuentran y donde la piratería está a la orden del día.

Junto al factor económico en la producción y el consumo de libros está el factor cultural. Cuántos libros se generan al año en el país, sea de historia, literatura, arte, ciencia, o cualquier otro campo y cuánto la gente invierte en consumir eso que se produce. Por otra parte, también está el déficit del promedio de libros leídos por persona/año, porque lastimosamente no es un hábito que se estimule en muchos hogares, escuelas o universidades. El gusto por la lectura y el placer que produce a la hora de recrear aquello que los autores y autoras desean provocar es una sensibilidad a desarrollar.

Hace dos años un estudio mostraba que en Bolivia el 47% nunca o casi nunca leía un libro por placer u ocio y que el promedio de lectura era de 3,7 libros por año por persona. No sólo cuesta adquirir libros, lo que obviamente es una enorme dificultad a la hora de promover el gusto por la lectura, sino entusiasmar a que la gente lea más. Las ventajas y facilidades que ofrece hoy la tecnología para conseguir bibliotecas enteras en un pequeño espacio y a bajo o ningún costo bien podría ser un aliciente. Ojalá la FIL rompa records de visitantes este año, pero sobre todo que aumente el record de lectores en el país.

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