AK0557 r ccc abonado YYYYLP 0- 3, X, 94. ¿Es o no es verdad? LA MEDIOCRIDAD O LA EXCELENCIA UNIVERSITARIA Por José Gramunt de Moragas, S.J. Vuelvo al tema de la excelencia universitaria. Y, aunque sea de paso, creo conveniente notar que la excelencia debe-ríamos exigírnosla todos: en la conducta privada, en la relación con los demás, en el ejercicio profesional, en el comportamiento cívico y político... Pero ésta es cuestión para infinitos comentarios y renovadas reflexiones muy per-sonales. Hoy vayamos a la Universidad y al discutido sis-tema de 'acreditación'. La Reforma Educativa lo introduce como una forma de evaluación y una ayuda para elevar los niveles académicos y administrativos de todo el sistema universitario. Sin em-bargo, ese programa choca contra una intransigente resisten-cia que la considero obtusa, miope, interesada. La univer-sidad pública se resiste y alega el falso pretexto de que aquel sistema viola la sacrosanta autonomía. Mientras subsista la negativa de las universidades a dejarse evaluar, será difícil el mejoramiento de los índices de eficiencia de los establecimientos de estudios superiores. Sin embargo, la filosofía del programa de evaluación de la calidad del sistema universitario no tiene por objeto ejerer un control - `viva la autonomía universtiraria! - sino el potenciamiento de la calidad de las mejores y esti-mular a las menos buenas. Ni es un capricho de la Reforma Educativa boliviana. Es una práctica que se está intro-duciendo en otros países. Vean Uds. lo que se dice de este sistema que ya se aplica en las universidades españolas: "La carencia de bases de datos en las universidades sobre gestión educativa, la esca-sa programación de la enseñanza, el peso fuerte de los comportamientos tradicionales y la necesidad de modificar determinados puntos de la Ley de Reforma universitaria (es-pañola) ..." son algunos de los puntos que hacen necesaria la evaluación externa. (EL PAIS, Madrid, 23 Setiembre, 1994). Otro testimonio: "En Francia (en sus universidades) hay que rendir cuentas a la sociedad. Hay que realizar una evaluación externa, con medios públicos, pero con un orga-nismo independiente, ajeno a la universidad", afirmaba un catedrático francés al respecto. En aquel país, hace 10 años que funciona el programa de evaluación y parece que les va bien. En España es todavía un plan piloto. Pero el propósito es que el procedimiento de evaluación se extienda en un plazo inmediato a todos los países de la Comunidad Eu-ropea. Los mismos estudiantes franceses ya han mostrado su interés en el sistema y participan en él exponiendo sus necesidades. (Ibidem) Con lo dicho puede colegirse que la evaluación o 'acredi-tación' es conveniente para el mejor rendimiento de las universidades. Y no es una reducción de su autonomía sino una forma de que esa autonomía rinda debidas cuentas de la inversión pública, tanto en lo administrativo como en lo académico con la mira puesta en la excelencia. La excelencia exige muchas renuncias. En los personal, significa una disciplinada selección entre lo que gusta y lo que sirve para alcanzar el objetivo propuesto, entre lo fácil y lo árduo, entre la comodidad y el esfuerzo, entre el inmobilismo y la innovación, entre el conformismo y la superación, entre la complacencia y el deber. No veo por qué, si la Universidad ha de ser una palestra de excelencia, no debe renunciar al confortable inmobilismo, a la fácil mediocridad y no ha de ir en pos de lo mejor. ----- 03-10-94 10:17XXXX