La Paz, 15 de abril de 2026 (AND).- Una investigación impulsada en América Latina busca demostrar cómo los hábitos alimentarios podrían influir en la depresión y la ansiedad, abriendo nuevas rutas para la prevención y el abordaje integral de la salud mental.
En América Latina, la salud mental sigue siendo un tema rodeado de silencios. Aunque la depresión y la ansiedad forman parte de la vida cotidiana de millones de personas, el estigma persiste y limita su abordaje. En este contexto, una nueva línea de investigación comienza a cobrar fuerza al explorar una pregunta clave: ¿puede la alimentación influir en nuestro bienestar emocional?
“A veces pensamos que todo depende de la medicación, pero en salud mental hay muchos factores. Hay muchos estudios que ya están relacionando depresión y ansiedad con el consumo de alimentos ultraprocesados”, explica Alis Gómez, investigadora de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala.
Su investigación es parte de los proyectos impulsados por el Centro NIHR LatAm. Este centro es impulsado por la Queen Mary University of London y financiada por el National Institute for Health and Care Research (NIHR), en alianza con Unifranz -pieza clave en Bolivia-, la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y la Universidad Rafael Landívar (Guatemala). El objetivo es generar evidencia científica sólida, formar investigadores y establecer un modelo sostenible de investigación con impacto en la salud.
Un problema silencioso que requiere nuevas miradas
Según organismos internacionales, los trastornos mentales se encuentran entre las principales causas de discapacidad en el mundo. Sin embargo, en América Latina, el acceso a atención y la disposición a hablar del tema siguen siendo limitados.
“La gente no quiere hablar sobre depresión, no quiere hablar sobre ansiedad, a pesar de que la experimentan todos los días”, afirma Gómez, evidenciando una realidad que impacta la vida cotidiana, el trabajo y las relaciones sociales.
En este escenario, la investigación cuestiona la idea de que los medicamentos son la única respuesta. El bienestar psicológico —plantea— depende de múltiples factores que interactúan entre sí, desde el entorno social hasta los estilos de vida. La alimentación comienza a posicionarse como un elemento clave dentro de este enfoque integral.
Alimentación y salud mental: una relación en estudio
El estudio analiza si los patrones alimentarios en América Latina están asociados con síntomas de depresión y ansiedad. Investigaciones previas en otros contextos ya han identificado vínculos entre el consumo de alimentos ultraprocesados y el deterioro del bienestar mental.
“Quiero encontrar si tenemos en nuestra población algún grupo de alimento que se relacione más con estos síntomas… si me afecta no solo en salud mental, sino en mi bienestar general”, señala Gómez.
La relevancia del estudio radica en su enfoque preventivo. Más allá del diagnóstico y tratamiento, busca generar evidencia que permita diseñar políticas públicas y estrategias accesibles para la población.
“Si la alimentación está causando no solo estos síntomas, también puede hacer que se visite más las clínicas o que se necesite tratamiento farmacológico”, advierte la investigadora.
Este enfoque multidimensional propone un cambio en la forma de abordar la salud mental en la región. “No va a ser solamente la medicación… es ejercicio, es la alimentación, es el contexto en el que vivimos”, concluye Gómez.
Así, la ciencia comienza a abrir una nueva conversación en América Latina: entender que la salud mental no solo se trata en consultorios, sino también en lo que elegimos poner cada día en nuestro plato.
Articulo sin comentarios